miércoles, julio 10, 2013

La brisa de La Rábida



La Rábida es un paraíso. Lo es todo el año pero todavía más cuando llega el mes de julio. En mis veranos como periodista onubense, es una cita que espero y deseo. Este año, especialmente, porque su apuesta académica mantiene la calidad y el interés y eso no es fácil. 

Esta mañana, se congregaban allí algunos altos cargos de la administración y otros agentes sociales y económicos, motivo por el que (POR FIN) me han mandado para allá y que yo he aprovechado para disfrutar de la brisa ribereña y algunas risas con personas a las que quiero.





Pero es completamente injusto que la urgencia venza siempre a la importancia. Lo digo ahora porque, dentro de las aulas, estos días, en La Rábida, se habla de cuestiones variadas y muy interesantes de las que me encantaría empaparme, pero no puedo por el propio ritmo que marca este trabajo. 

Afortunadamente, me he quitado parte de esa espina con un amplio reportaje previo en el que he podido desgranar algunas de las actividades que estos días se desarrollan en La Rábida y que ha sonado a nivel nacional e internacional. Algo es algo. Pero a mi, lo que realmente me gustaría, es poder aprender por las mañanas y divertirme por las noches para acabar durmiendo al fresco de la brisa marinera, con el espíritu tranquilo y la mente todavía vibrando. Eso quisiera.


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