domingo, julio 14, 2013

Teatro en Almagro


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Ya estamos de vuelta. Con la sonrisa todavía puesta y esta camiseta del Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro que compramos anoche, cuando terminó la última de los dos obras que hemos visto en El Corral de Comedias, la Hostería de La Posta. Cuando terminó, estuvimos paseando por el corral, ya vacío, haciendo fotos y despidiendonos de él, seguramente hasta el año que viene.


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Ir a Almagro, en pleno festival, es un sueño cumplido. De esos deseos que sentía verano tras verano, desde que tengo uso de razón, y cuyas representaciones e informaciones seguía a través de los medios de comunicación. Y se cumplió. Gracias a decirlo muchas veces, en voz alta, y tener a mi lado a alguien que lo ha hecho posible a modo de regalo adelantado de cumpleaños.




Almagro me ha sobrecogido, la verdad. Ha superado, con mucho, mis expectativas. Pasear  por este pueblo centenario ha sido un auténtico placer. Nos sentamos en la Plaza Mayor, a tomar algo, y recorrer las calles, compramos queso puro de oveja y vimos dos obras de teatro. La primera, el viernes, Shakespeare para Ignorantes, una de las obras más divertidas y didácticas que he visto en mi vida que mezcla y agita clown, teatro clásico y el más puro humor galego.

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Y todavía nos ha dado tiempo a conocer otro pueblo, a unos 30 kilómetros: Valdepeñas. Aquí nos hemos quedado en un hotel maravilloso, hemos desayunado en la plaza del pueblo, y hemos paseado hasta encontrar el famoso molino de Gregorio Prieto. En una de las muchas tiendas especializadas en productos locales compramos queso, sí otra vez, y muchas botellas de vino. Para casa y para regalar.




Al llegar a casa, hemos partido dos de los diferentes quesos manchegos puros de oveja que hemos comprado y hemos descorchado una botella de vino dulce del Condado que reservábamos en la nevera para momentos especiales, como éste de la vuelta. Porque nos sentíamos felices y afortunados por haber disfrutado tanto este fin de semana y por haberlo podido superar, con bastante alegría, siendo como es el primero de nuestra vida en que nos separamos de nuestra hija a la que estamos deseando volver a abrazar y besar.


miércoles, julio 10, 2013

La brisa de La Rábida



La Rábida es un paraíso. Lo es todo el año pero todavía más cuando llega el mes de julio. En mis veranos como periodista onubense, es una cita que espero y deseo. Este año, especialmente, porque su apuesta académica mantiene la calidad y el interés y eso no es fácil. 

Esta mañana, se congregaban allí algunos altos cargos de la administración y otros agentes sociales y económicos, motivo por el que (POR FIN) me han mandado para allá y que yo he aprovechado para disfrutar de la brisa ribereña y algunas risas con personas a las que quiero.





Pero es completamente injusto que la urgencia venza siempre a la importancia. Lo digo ahora porque, dentro de las aulas, estos días, en La Rábida, se habla de cuestiones variadas y muy interesantes de las que me encantaría empaparme, pero no puedo por el propio ritmo que marca este trabajo. 

Afortunadamente, me he quitado parte de esa espina con un amplio reportaje previo en el que he podido desgranar algunas de las actividades que estos días se desarrollan en La Rábida y que ha sonado a nivel nacional e internacional. Algo es algo. Pero a mi, lo que realmente me gustaría, es poder aprender por las mañanas y divertirme por las noches para acabar durmiendo al fresco de la brisa marinera, con el espíritu tranquilo y la mente todavía vibrando. Eso quisiera.


lunes, julio 08, 2013

Veneno en la piel



Mi tío Salva guardaba una guitarra como oro en paño. No sé si era regalada o prestada. Él se afanaba por tocarla y cada vez que lo visitaba me hacía un recital, casi en exclusiva para mí y mis primas, de la única canción cuyas notas había memorizado.

Dicen que tienes veneno en la piel... sonaban sus dedos pulsando las cuerdas ante mis ojos abiertos de admiración porque desde siempre admiré a todo aquel que sacara alguna melodía de una guitarra. ...Y que stás hecha de un plástico fino... La habitación se llenaba de música y mágia, a pesar de lo forzadamente que mi tío iba poniendo los acordes en aquella guitarra de segunda o tercera mano, puede que prestada.

Dicen que tienes un tacto divino... Esta mañana ha sonado en la radio el tema que Radio Futura sacó cuando yo tenía unos ocho años y que, puede, mi tío aprendiera aquel mismo verano. Todavía me parece un temazo. Por canalla y bailón, y porque me lleva a un pequeño recital íntimo y familiar, en una habitación de la casa de mis tío, en la que Salva, que tendría unos 20 años, repetía esas notas hasta el infinito con una sonrisa pintada en la cara. Orgulloso él y orgullosa yo. Todavía lo estoy y habrán pasado de aquello más de dos decenas de años...Y el que te toca se queda con él.