lunes, junio 24, 2013

Cenicienta sin tobillo




Andaba esta semana tocando fondo. Más por lo bio que por lo psico. Con un esguince en un pie y un "bicho que hay que matar" no sé muy bien en qué inespecífico lugar entre el pecho y la garganta, según mi médico de cabecera a la que acudí tras varios días de dolencias. Me preguntó "¿Cómo has tardado tanto en venir?" "Porque soy mamá de una niña", le contesté a sabiendas de que cualquier mujer con hijos entiende perfectamente esa excusa. Lo del descuido de la propia salud en las madres da para otro post, incluso para un libro entero.

Y, claro, el malestar bio irrumpía en mi equilibrio psico, irremediablemente. Y las injusticias las empecé a ver aumentadas y pensé que mi propia vida laboral se había quedado suspendida en un limbo, ingrávido, donde no soy capaz de avanzar por más patadas que dé. Es una sensación desagradable que te hace tener que multiplicar las ganas de abrir los ojos cuando el despertador suena a esas horas intempestivas de una madrugada en la que tú has dormido menos que poco por unas fiebres de tu hija.

Pero decidí sacudirme y que ni lo físico ni lo anímico me jodieran la sonrisa. Acudí a refugiarme en mis castillos de invierno que son la sonrisa de mi hija y el tranquilo pecho de su padre y me encontré infinítamente  mejor.





Y tan bien me encontré que, todavía cojeando, acudí a celebrar la alegría. Primero, soplando la primera vela con los compañeros de Cineandcine y un montón de gente del cine andaluz en una velada en la que me divertí, aprendí y reí, mirando el reloj como una cenicienta que no sólo pierde un zapato, también un tobillo.

















Y seguí haciéndolo entre mujeres, garitos, risas y conversaciones sobre periodismo con un grupo que es capaz de hacerme reír siempre, hasta cuando ando, cojeando, tocando fondo.
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Y así logré sacudirme los malestares, internos y externos, y mantener mi sonrisa. Ahora, por delante, una semana un poco menos cenicienta. Sin tobillo, pero también sin reloj. Mini-vacaciones.