sábado, febrero 02, 2013

Confluencias



La firma de Lourdes Lucio vuelve a aparecer en la edición impresa de El País de hoy porque ayer volvió a la casa. Se marchó hace un par de meses, de forma involuntaria. Su nombre aparecía en la lista que expulsaba de este periódico, a través de un ERE, a un tercio de su plantilla. En Andalucía, con ella, salieron 12 compañeros más. Sé que lo ha pasado mal, pero también sé que, en este tiempo, le ha dado tiempo a aprender varias cosas, unas seis o siete, de las que me ha avanzado las tres fundamentales y ha guardado las demás para el día que nos veamos.

También le ha dado tiempo a participar, junto a otro periodista de referencia, Antonio Avendaño, en la interesante iniciativa de la Asociación de la Prensa de Sevilla "Conversaciones entre periodistas".



Asociación de la Prensa de Sevilla
Dice Lucio: "Creíamos que El País era una empresa humana (...) y, en el momento de plantear el despido colectivo se ha comportado como una empresa inhumana".
"Las empresas periodísticas están haciendo las cosas mal y, además, no lo contamos"
"La sensación que tengo es de ser como una apátrida. Yo vivía en una patria muy calentita, muy confortable, una empresa muy fuerte y, de repente, te dicen:
-Expulsada de la patria.
-¿Por qué?
-Pues porque te ha tocado."

Por diferentes motivos (una mudanza, el principal) no he podido ver este vídeo hasta ahora mismo, justo después de pasar la última página de las Memorias Líquidas de Enric González. Hay una confluencia entre lo que dice Lourdes y lo que escribe Enric que asusta. El catalán dedica la última parte de este libro precioso y desgarrador a narrar su etapa final en esta empresa a la que ha dedicado, como Lucio, la mayor parte de su vida: Prisa. Al hombre que dijo aquello de "No podemos seguir viviendo tan bien" mientras, cobrando 13 millones de euros, preparaba un despido masivo en la empresa que dirigía (sí, hablo de Juan Luis Cebián), le dedica González algunas líneas... ¿Duras? Juzguen ustedes: 
"El poder miente, siempre, pero para encontrarse a alguien comparable a Cebrián hay que remontarse a Goebbles".
Algo parecido a lo que ya leímos en el famoso artículo de despedida que escribió en Jot Down y al que tituló Con todos mis respetos.


El libro de Enric me ha hecho disfrutar y, sobre todo, aprender. Hacía tiempo que no leía nada escrito con tanta honestidad. Mi devoción por lo que escribe este señor es sólo comparable a la que siente un monje cisterciense por un texto litúrgico en maitines. ¿Exagerada? Es lo mínimo que puedo sentir por alguien que escribe cosas como éstas:
"Estoy convencido de que un periodista gana fiabilidad si vive como vive la mayoría de la gente. Desplazarse en metro o autobús y comer menús baratos ayuda a saber lo que pasa en la calle y vacuna contra el mal típico del político, del ejecutivo y del periodista acomodado: el aislamiento en comunidades endogámicas que miran desde arriba al resto de los ciudadanos y los ven como números, porcentajes y estadísticas". O "Me parece que un periodista ha de leer como si le fuera la vida en ello, porque le va la vida en ello".
Recomiendo estas Memorias Líquidas a todos los compañeros, especialmente a los afectados y cabreados por las derivas inhumanas de las empresas periodísticas. Pero ojo porque, como dice Miguel González Quiles, mi compañero de La Razón, "Lee con moderación porque las Memorias Líquidas dejan resaca".

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