jueves, noviembre 28, 2013

Julio César, aquí y ahora

Paco Azorín arriesga y gana con este montaje de Julio César que actualiza el texto de Shakespeare que es, quizá, la mejor manera de celebrar un clásico como éste. Se rodea de un excepcional reparto masculino de lujo con Mario Gas, que interpreta a un Julio César maduro y convincente, Tristán Ulloa, un Bruto complejo (muy diferente a la imagen que muchos nos hacemos de este personaje histórico) o Sergio Peris Mencheta en la piel de Marco Antonio (les digo desde ya que su interpretación les va a dejar casi sin palabras). completan el reparto Agus Ruiz, Pau Cólera, carlos Martos, Juan Ceacero y Pedro Chamizo (que además de interpretar a Augusto, en un pequeño pero no por eso menos importante papel final se encarga de la puesta en escena audiovisual) Este Julio César, en el que la palabra es la gran apuesta, consigue el ambiente que pretende con pequeñas pinceladas. Por ejemplo: El vestuario, que es diseño de Paloma Bomé: Vemos a los actores vestidos de soldados totalmente contemporáneos pero hay pequeños elementos que nos logran remitirnos a la clásica Roma, como la capa roja de César. Igual pasa con la apuesta escénica: apenas unas sillas y un obelisco romano que van a ir modificando sus posiciones conforme avanza la trama y se desarrollen los acontecimientos. Con esos pocos elementos, el caos llega al escenario igual que llega a la historia y a los personajes. Una escenografía que va a cambiar ante nuestros ojos y que está muy bien acompañada por ese montaje audiovisual del que hablaba antes. Porque este Julio César, actualizado, es más de lo que vemos sobre el escenario. Desde los cambios de actos hasta el ánimo de los personajes se nos muestran en esa pantalla omnipresente sobre las tablas. Muy acertada las caras de ancianos que se nos muestran en alegoría al Senado Romano, también los gritos de los rostros de los protagonistas en blanco y negro cuando empieza la guerra civil. Un recurso, sin duda, este montaje audiovisual que suma, sin duda. ¿Con qué me quedo de este montaje? Pues me quedo con el trabajo actoral (especialmente con el duelo Ulloa-Peris Mencheta que es teatro, y del bueno) y a la capacidad de Paco Azorín por arriesgar con una propuesta tras la que se ve que hay mucho trabajo previo de estudio, de interiorizar un texto centenares de veces llevado a las tablas, porque sólo así puede salir un montaje tan puro, tan auténtico, como es este Julio César.

viernes, noviembre 08, 2013

Consideraciones previas



A veces, nos pedís a los periodistas que seamos objetivos e imparciales. Hacéis bien en pedirlo porque son palabras que suenan bien, aunque sean pura entelequia. Tenéis que saber que somos muchos los que entendemos este oficio desde el compromiso (cada uno tiene el suyo, pero ése es otro debate) y la honestidad. En la propia selección de temas o en la forma en la que os contamos lo que ocurre, ya lleváis un poco de nosotros. Por eso, quizá, os sentís más a gusto leyendo un diario que otro o tenéis a vuestros locutores de referencia o cambiáis de un canal a otro a la hora de las noticias. 

Si un banco pretende expulsar de su casa a una familia que no puede pagar su hipoteca y una ley les permite quedarse en su casa y evitar (temporalmente) su desahucio, hay muchas formas de contaros esa información: Desde lo económico, desde lo político o desde lo social, poniendo en foco en cualquiera de las partes. En Huelva ha ocurrido. Yo he ido a la casa, he conocido a la familia y he contado qué supone para ellos conservar su vivienda. Podía haber ido a la sede del fondo financiero al que deben el dinero, entrevistar a alguno de sus responsables y mostraros lo injusto que es que, al menos durante unos años, no vayan a disponer de ese inmueble. Pero no lo he hecho porque he decidido contar esa historia poniendo el foco en lo social y he considerado que esa familia (y las más de dos centenares que han evitado ser desahuciadas temporalmente en esta provincia) merece que su historia se cuente en primera persona. Ése es mi compromiso, mi visión del servicio público y mi forma de entender el periodismo. En otros medios tienen los suyos. Ante la misma historia y sin recurrir al engaño o la mentira (al menos, por mi parte)

¿Me ha entrado, de repente, unas ganas enormes de enseñar mis cartas? No. Siempre las tuve boca arriba y, con esto, no voy a sorprender a nadie. Pero hoy me he acordado porque, preparando el pequeño espacio de radio que elaboro para Radio 5, he creído conveniente mostrar ciertas cuestiones que, a simple vista, puede que no se aprecien. En 'Somos padres', hablo sobre maternidad y crianza y, casi sin darme cuenta, va colándose un poco de lo que yo soy. El masaje infantil, la corresponsabilidad, las preguntas de los niños, el porteo, los grupos de apoyo a la lactancia o las escuelas infantiles creativas son algunos de los temas que he emitido. Ahora estoy preparando uno monográfico sobre el movimiento "El Parto es nuestro", ya le dediqué otro a la Asociación de Madres Solteras por Elección y al libro "¿Dónde está mi tribu?", que es una crítica a cómo esta sociedad capitalista hace que el cuidado a los hijos y a los familiares dependientes sea incompatible con la vida que nos impone.

Las familias (y no la familia), el apego, la crianza natural, el respeto al niño, la creatividad, la corresponsabilidad, la conciliación real y tantos otros conceptos que forman parte de MI forma de entender la maternidad y los cuidado de los hijos y ahí están, en mi pequeño espacio de radio porque creo, desde MI compromiso social ("cambiar la forma de criar para cambiar el mundo"), que puede ser útil al posible oyente. 

Pueden criticarme por hacer esto. Claro. Pero sin mis principios básicos (y ahora no hablo de crianza, sino de periodismo), mi forma de entender la profesión y mi honestidad las que están en juego. Y no les engaño.


P.D: Mi amiga Isabel Jiménez de Andrés, que es una de las personas más solidarias que conozco, pone en antena Decreciendo, un espacio en el que también deja su huella y su forma de entender el mundo, la economía y el consumo. Oiganlo.


lunes, septiembre 02, 2013

Nuevos planes radiofónicos




No sé si tenía 14. Puede que 15. Recuerdo que me presenté un día en el despacho del responsable de la radio de mi pueblo. Llevaba dos o tres folios escritos a mano con una portada dibujada y coloreada por mi y con el firme propósito de presentarle mi nuevo proyecto. Se trataba de un programa con diferentes secciones, con temas e invitados. Él me escuchó paciente, me dejó acabar mi exposición y me contestó que mi propuesta era ambiciosa e imposible. Lo era. Volví a meter en la carpeta mis papeles con su portada colorida en la que se leía el título de un programa que nunca se haría y me fui para mi casa, con mis ilusiones de emprendedora adolescente destrozadas.


Han pasado los mismos años que tenía y acabo de recibir una llamada de la redacción central de Madrid, de Radio 5. Es la misma compañera que me llamó hace apenas unos días para proponerme que me hiciera cargo de un pequeño espacio temático semanal a nivel nacional en nuestra cadena informativa. Lo mejor de la propuesta es que podía elegir el tema que me diera la gana y hablar, sobre eso, cinco minutos cada semana durante todo un año.

Hay muchos temas que me apasionan y sobre los que me gustaría trabajar. Temas sobre los que me encantaría profundizar y crear una amplia agenda de contactos a los que entrevistar. Durante un fin de semana con amigos y niños en la playa, entre risas, copas, helados y paseos por la orilla, pensaba sobre qué decantarme. El lunes, a la vuelta, ya tenía claro que iba a decir que sí. Pensé que sería interesante, y útil para muchas personas, hablar de algo que, por pura supervivencia de la especie, un altísimo porcentaje experimentamos al menos una vez en la vida: La maternidad. 

Se me ocurrió un espacio que hablara, en un medio informativo y generalista, de un tema que a mi misma me obligó a recurrir a publicaciones especializadas: Hablar de lactancia, de la salud de la mujer durante el embarazo, de preocupaciones comunes de los padres en la crianza, de las técnicas de porteo, de madres que ayudan a otras madres... Hice mi particular "lluvia de ideas" y rellené una página en blanco con dudas que fueron las mías propias no hace mucho: Desde el embarazo hasta hoy, día previo a que mi hija entre en la guardería. Llamé al espacio, de forma provisional y genérica (tras dar muchas vueltas) Crianza Natural. Grabé un piloto y lo mandé a Madrid para que los jefes le dieran el visto bueno.


Durante este tiempo de espera he sentido el mismo pellizco en el estómago que siendo una adolescente, cuando le fui a contar al de la emisora municipal mis (ilusos y demasiado ambiciosos) planes radiofónicos. Y me he divertido. Acaban de llamarme para darme el visto bueno al proyecto. He respirado hondo, aliviada. Y he sentido, tantos años después, que he vuelto a ser escuchada y que esta vez es que sí.

jueves, agosto 22, 2013

Veneno



Creo que me ha picado una serpiente de verano. Ando arrastrándome, por un cansancio que empieza a ser crónico. Un agotamiento mental que me hace mirar, sin pasión, los periódicos; encender y apagar la radio para no querer enterarme de nada y mantener la tele apagada para no mirarla.

Estoy cansada de un verano largo sin vacaciones ni más desconexión que la que yo misma me impongo al querer vivir de espaldas a la información de actualidad que ni es información ni es de actualidad.

Sube el veneno de la serpiente de verano de abajo a arriba y se mete en m mi cerebro. Bostezo. Me aburro. Me canso. Me cago en los cargos intermedios, y en los altos también, de los medios de comunicación que empiezo a no consumir. Los maldigo. Los aborrezco. A ellos y a las páginas y minutos que hay que rellenar. Y pienso que ya queda menos para que los efectos del veneno de la serpiente de verano bajen de intensidad. 

miércoles, agosto 07, 2013

Necesidades



"En el curso de la noche, iban pasándose a la cama de mis padres los menores que no podían dormir por el frío o el calor, por el dolor de muelas o el miedo a los muertos, por el amor a los padres o los celos de los otros, y todos amanecían apelotonados en la cama matrimonial". 

Así describe Gabriel García Márquez la vida en la casa de sus padres, en Sucre, cuando ya eran quince hermanos. No poder dormir "por el amor a los padres" me parece una preciosa metáfora del colecho. Cecilia, desde hace unas semanas, ha decidido que prefiere dormir junto a nosotros, pero no con nosotros, como hasta ahora. Ella misma exige dormir en su cuna sin baranda al lado de nuestra cama y allí pasa las horas de la noche, que ahora duerme del tirón. 

Pero, curiosamente, unas fiebres altísimas en los últimos días la han hecho volver al regazo materno y solicitar constantemente mis brazos para dormirse encima mía. Ya, sin fiebre, está tan derrotada por el cansancio de la enfermedad pasada y el efecto de los antibióticos que prefiere seguir durmiendo a todas horas. Algo nunca visto en sus dos años de vida. Está más alta y tan delgada que se le cuentan las costillas y se le marcan los hombros. Ahora vuelve a comer, pero poco; y podría basar su alimentación en una pirámide sin pico con un único elemento en la base: el helado. Me da lástima que me mire con sus ojos cansados sobre sus ojeras y esa timidez que parece haberle dejado la fiebre. Ahora habla bajito y llora por casi todo. Los papás que saben más que yo dicen que a toda enfermedad infantil le sigue un período de necesidades. "No siento que el niño enfermó, sino la manía que le quedó", que dice el refrán.



Los hijos duelen. A mí me duele la mía y que pierda su alegría me hace sentir triste y quererla más. De todas las cosas que soy o seré en la vida, la más dura y sufrida es la de ser madre de una niña con fiebres de cuatro días que, de repente, parece necesitarme más que nunca. Tan frágil y vulnerable. Pero la vida sigue, con sus compromisos, deberes y putadas; y tengo que levantarme otra vez, cada día, a las cinco y media de la madrugada, darle el jarabe y salir por la puerta para no volver hasta la tarde. Pasar las horas en el trabajo haciendo como que todo va bien para que no se noten mis debilidades. Pero a veces me canso y pienso en lo a gusto que estaría cuidando de mi hija y ofreciéndole mis brazos. Pero sin lamentarme. Que no me dejan.

domingo, julio 14, 2013

Teatro en Almagro


Enlace permanente de imagen incrustada


Ya estamos de vuelta. Con la sonrisa todavía puesta y esta camiseta del Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro que compramos anoche, cuando terminó la última de los dos obras que hemos visto en El Corral de Comedias, la Hostería de La Posta. Cuando terminó, estuvimos paseando por el corral, ya vacío, haciendo fotos y despidiendonos de él, seguramente hasta el año que viene.


Enlace permanente de imagen incrustada


Ir a Almagro, en pleno festival, es un sueño cumplido. De esos deseos que sentía verano tras verano, desde que tengo uso de razón, y cuyas representaciones e informaciones seguía a través de los medios de comunicación. Y se cumplió. Gracias a decirlo muchas veces, en voz alta, y tener a mi lado a alguien que lo ha hecho posible a modo de regalo adelantado de cumpleaños.




Almagro me ha sobrecogido, la verdad. Ha superado, con mucho, mis expectativas. Pasear  por este pueblo centenario ha sido un auténtico placer. Nos sentamos en la Plaza Mayor, a tomar algo, y recorrer las calles, compramos queso puro de oveja y vimos dos obras de teatro. La primera, el viernes, Shakespeare para Ignorantes, una de las obras más divertidas y didácticas que he visto en mi vida que mezcla y agita clown, teatro clásico y el más puro humor galego.

Enlace permanente de imagen incrustada





Y todavía nos ha dado tiempo a conocer otro pueblo, a unos 30 kilómetros: Valdepeñas. Aquí nos hemos quedado en un hotel maravilloso, hemos desayunado en la plaza del pueblo, y hemos paseado hasta encontrar el famoso molino de Gregorio Prieto. En una de las muchas tiendas especializadas en productos locales compramos queso, sí otra vez, y muchas botellas de vino. Para casa y para regalar.




Al llegar a casa, hemos partido dos de los diferentes quesos manchegos puros de oveja que hemos comprado y hemos descorchado una botella de vino dulce del Condado que reservábamos en la nevera para momentos especiales, como éste de la vuelta. Porque nos sentíamos felices y afortunados por haber disfrutado tanto este fin de semana y por haberlo podido superar, con bastante alegría, siendo como es el primero de nuestra vida en que nos separamos de nuestra hija a la que estamos deseando volver a abrazar y besar.


miércoles, julio 10, 2013

La brisa de La Rábida



La Rábida es un paraíso. Lo es todo el año pero todavía más cuando llega el mes de julio. En mis veranos como periodista onubense, es una cita que espero y deseo. Este año, especialmente, porque su apuesta académica mantiene la calidad y el interés y eso no es fácil. 

Esta mañana, se congregaban allí algunos altos cargos de la administración y otros agentes sociales y económicos, motivo por el que (POR FIN) me han mandado para allá y que yo he aprovechado para disfrutar de la brisa ribereña y algunas risas con personas a las que quiero.





Pero es completamente injusto que la urgencia venza siempre a la importancia. Lo digo ahora porque, dentro de las aulas, estos días, en La Rábida, se habla de cuestiones variadas y muy interesantes de las que me encantaría empaparme, pero no puedo por el propio ritmo que marca este trabajo. 

Afortunadamente, me he quitado parte de esa espina con un amplio reportaje previo en el que he podido desgranar algunas de las actividades que estos días se desarrollan en La Rábida y que ha sonado a nivel nacional e internacional. Algo es algo. Pero a mi, lo que realmente me gustaría, es poder aprender por las mañanas y divertirme por las noches para acabar durmiendo al fresco de la brisa marinera, con el espíritu tranquilo y la mente todavía vibrando. Eso quisiera.


lunes, julio 08, 2013

Veneno en la piel



Mi tío Salva guardaba una guitarra como oro en paño. No sé si era regalada o prestada. Él se afanaba por tocarla y cada vez que lo visitaba me hacía un recital, casi en exclusiva para mí y mis primas, de la única canción cuyas notas había memorizado.

Dicen que tienes veneno en la piel... sonaban sus dedos pulsando las cuerdas ante mis ojos abiertos de admiración porque desde siempre admiré a todo aquel que sacara alguna melodía de una guitarra. ...Y que stás hecha de un plástico fino... La habitación se llenaba de música y mágia, a pesar de lo forzadamente que mi tío iba poniendo los acordes en aquella guitarra de segunda o tercera mano, puede que prestada.

Dicen que tienes un tacto divino... Esta mañana ha sonado en la radio el tema que Radio Futura sacó cuando yo tenía unos ocho años y que, puede, mi tío aprendiera aquel mismo verano. Todavía me parece un temazo. Por canalla y bailón, y porque me lleva a un pequeño recital íntimo y familiar, en una habitación de la casa de mis tío, en la que Salva, que tendría unos 20 años, repetía esas notas hasta el infinito con una sonrisa pintada en la cara. Orgulloso él y orgullosa yo. Todavía lo estoy y habrán pasado de aquello más de dos decenas de años...Y el que te toca se queda con él.

lunes, junio 24, 2013

Cenicienta sin tobillo




Andaba esta semana tocando fondo. Más por lo bio que por lo psico. Con un esguince en un pie y un "bicho que hay que matar" no sé muy bien en qué inespecífico lugar entre el pecho y la garganta, según mi médico de cabecera a la que acudí tras varios días de dolencias. Me preguntó "¿Cómo has tardado tanto en venir?" "Porque soy mamá de una niña", le contesté a sabiendas de que cualquier mujer con hijos entiende perfectamente esa excusa. Lo del descuido de la propia salud en las madres da para otro post, incluso para un libro entero.

Y, claro, el malestar bio irrumpía en mi equilibrio psico, irremediablemente. Y las injusticias las empecé a ver aumentadas y pensé que mi propia vida laboral se había quedado suspendida en un limbo, ingrávido, donde no soy capaz de avanzar por más patadas que dé. Es una sensación desagradable que te hace tener que multiplicar las ganas de abrir los ojos cuando el despertador suena a esas horas intempestivas de una madrugada en la que tú has dormido menos que poco por unas fiebres de tu hija.

Pero decidí sacudirme y que ni lo físico ni lo anímico me jodieran la sonrisa. Acudí a refugiarme en mis castillos de invierno que son la sonrisa de mi hija y el tranquilo pecho de su padre y me encontré infinítamente  mejor.





Y tan bien me encontré que, todavía cojeando, acudí a celebrar la alegría. Primero, soplando la primera vela con los compañeros de Cineandcine y un montón de gente del cine andaluz en una velada en la que me divertí, aprendí y reí, mirando el reloj como una cenicienta que no sólo pierde un zapato, también un tobillo.

















Y seguí haciéndolo entre mujeres, garitos, risas y conversaciones sobre periodismo con un grupo que es capaz de hacerme reír siempre, hasta cuando ando, cojeando, tocando fondo.
Enlace permanente de imagen incrustada


Enlace permanente de imagen incrustada

Y así logré sacudirme los malestares, internos y externos, y mantener mi sonrisa. Ahora, por delante, una semana un poco menos cenicienta. Sin tobillo, pero también sin reloj. Mini-vacaciones.

martes, mayo 21, 2013

"Salto de la Reja". Experiencia primera



Que llevo varias años siendo habitual de la aldea almonteña no es ninguna novedad. Que soy de las que va al Rocío con poca fe, tampoco. Diciendo que en todos mis años sólo he visto el Salto de la Reja por televisión, explico parte del por qué hiperventilaba de nervios y miedo pensando en que éste tenía, por imperativo laboral, que vivirlo dentro de la ermita en una jornada que empezó a las 7 de la tarde del domingo y concluyó a las 9 de la mañana del lunes.
Pero nada fue como yo misma me imaginé. Es verdad que la espera es dura, pero soportable. En cuanto llegamos a la aldea e hicimos un par de conexiones de previa a la gran noche, nos fuimos a cenar y, sobre las doce y media de la noche me metí en la ermita. Mi amiga Isa, que ha cubierto los últimos Lunes de Pentecostés para Radio Nacional, me aconsejó que me buscara una pared. Así lo hice. Una, alejada del altar, en el arco lateral izquierdo desde donde veía el paso de la Virgen. Allí apoyé el incómodo equipo inalámbrico y pude permanecer sentada un par de horas hasta que dejó de ser seguro. A mi lado, tres chavales que había elegido igual que yo y que los almonteños, camisas celestes de listas para vivir aquella noche. Casualidades cósmicas.
Eran de Dos Hermanas y me contaron que llevaban años haciendo el recorrido completo junto a la Virgen y los almonteños. Parecían saber de lo que hablaban y me descubrieron algunos aspectos de la procesión que yo desconocía. Cuando ya nos pusimos de pie para los últimos tramos de la espera, me fueron describiendo cómo iban a ser los momentos previos al que ha sido, sin duda, el Salto de la Reja más civilizado, dentro del caos, de la historia de El Rocío. Cuando ocurrió y, justo cuando la Virgen pasaba ante nosotros, me desearon suerte y se metieron en la marabunta. No volví a verlos más pero les estaré agradecida por haberme hecho más agradable la espera con sus conversaciones.
 
Volví a quedarme sola. Las últimas conexiones con los boletines horarios las pude hacer desde dentro de la ermita y desde allí conté, en tiempo real, cómo salía la Virgen hacia las calles de arena. De repente, la ermita se cubrió de un polvo que hacía el ambiente casi irrespirable. Empecé a hacer preguntas  a las personas que me rodeaban y el primero de todos tuvo que apartarme porque una pelea había generado una estampida. Me pisaron el talón y fue el único momento en el que pasé miedo de verdad. Tras el suceso (varios hombres corrían detrás de otro) las dos o tres primeras personas a las que metí micrófono se mostraban avergonzadas y furiosas porque haya quienes se peleen en presencia de una imagen y en el interior de un lugar que para ellos es sagrado.
El polvo seguía llenando el espacio que iba quedando cada vez más vacío de personas. Pude fijar mi vista y vi muy cerquita de mi a un par de hombres que recogían, en pequeñas botellas, la arena del pasillo central por donde habían pasado los almonteños que portaban a la Virgen. Sólo el segundo fue capaz de hablarme. Me dijo que la recogía para llevársela a una persona que no había podido venir. Se me llenaron los ojos de lágrimas y no pude seguir preguntándole nada más. Ya no sé si sería por el miedo contenido, por la tensión, por el cansancio o simplemente porque soy humana, pero aquello hizo que me emocionara. Después lloraría una vez más, ya en la puerta, con una chica de mi edad que, con los ojos llenos de lágrimas, me contaba que le había sobrecogido una experiencia que había vivido, como yo, la primera vez. Y me abrazó.
La noche siguió y llegó la mañana. Creo que nunca he pasadao tanto frío en mi vida. Cuando, con el amanecer, llegaron los compañeros que nos daban el relevo, no pude evitar venirme abajo de cansancio. Fue, además, la primera noche de mi vida de madre en la que no dormía con Cecilia y eso tampoco ayudaba a que controlara mis emociones.
Han tenido que pasar 24 horas para ser capaz de escribir, y mal, sobre el cúmulo de sensaciones, las que observé y las que viví que, en realidad, son las más primitivas del género humano. Una experiencia diferente que, como profesional, me ha dejado sobrecogida y emocionada. Fueron varias las personas que vinieron a agradecerme que viviera la espera y ese momento dentro de la ermita.  Un rociero me dijo "Esto hay que vivirlo aquí, como estás haciendo tú". ¿Qué otra cosa es, si no, el Periodismo? Estar en el lugar para poder contarlo. Eso es la parte principal de nuestro trabajo, ya estemos cubriendo una sesión de control al gobierno, un partido de fútbol o el Salto de la Reja. Ojalá nos dejen seguir haciéndolo.







Mis gurús


 
 
Hay personas que me enseñan más de mi profesión en una conversación distendida que todos los profesores que tuve en los años de carrera. Con ellas me pasa. Aprendo de la historia recierte del periodismo en esta tierra, y también de los políticos que han ido pasando ante sus micrófonos y grabadoras, mientras ellas se hacían, detrás, más sabias y más críticas.
Tienen mil y una historias y contar y siempre alguna anécdota desconocida que hacen que se cuelen en nuestros encuentros personajes con los que no contábamos: aquel político que guardaba para sí una botella de vino que escondía junto a la pata de la silla; aquella compañera periodista que, en su declaración de guerra contra el sistema, las utilizó como metralla o aquella otra política que defendía la necesidad de conciliar y así lo hacía ella misma dejando una larga lista de tareas a su asistenta.
Ellas saben de la caspa. Que ha sido mucha y ha dado mucho asquito durante años. Por eso yo valoro lo que ellas valoran. Porque le dedican horas a comprender, y a contar después, los movimientos de nuestros políticos. Y si ellas dicen que tal consejera no tiene ni papa pero que se ha rodeado de los mejores, yo me lo creo. Y si marcan las diferencias entre las diferentes formas de hacer política de unos y otros, las escucho. Porque sé que su criterio es fundado y porque cada uno elije a los gurús que le da la gana y las mías son mujeres, saben mucho de Periodismo, de Andalucía, de Compromiso y de Alegría. Y así las quiero.

Premio Huelva de Periodismo 2012



En la jornada previa al Día Mundial de la Salud Mental, un grupo de personas colocó una mesa infortiva en una calle peatonal de Huelva capital para dar difusión al colectivo de personas que sufren enfermedades mentales y a sus familiares. Mi jefe me había hecho el encargo de entrevistar a la presidenta de esta asociación (Feafes). Marina, que así se llama, empezó a hablarme de su propia enfermedad mental y yo me detuve con ella y con otros enfermos y familiares mucho más tiempo. Y los grabé con la grabadora. Al llegar a la emisora, llamé a los compañeros del área de sociedad de la redacción central y les propuse la posibilidad de que me dejaran hacer, desde Huelva, un reportaje para el día siguiente con los testimonios que acababa de recabar. Lo aceptaron y lo hice. Y ese reportaje ha obtenido el Premio Huelva de Periodismo 2012.

Independientemente del valor periodístico que haya visto el jurado en esta pieza, el premio mismo está en trabajar en una empresa (pública, ésta) de comunicación que hace posible abrir ventanas informativas sobre personas de las que no hablamos. Poder hacerlo en positivo, contando sus capacidades, sus problemas, sus reivindicaciones y sus historias fue lo que aquel día dio sentido a mi trabajo. Con estas personas con enfermedad mental es todavía, quizá, más necesario hacerlo porque, más veces de las que me gustaría oir, sólo son protagonistas de la actualidad cuando se cometen actos violentos. Y eso me avergüenza.
Tanto el día que me comunicaron que habíamos obtenido el premio como el día que nos lo entregaron fueron jornadas de una felicidad total. Feliz por el reconocimiento (que una periodista a la que admiro desde pequeña como es Rosa María Calaf, presida un jurado que se ha fijado en mi trabajo, me parece alucinante) y feliz, sobre todo, porque he tenido con quién celebrarlo. Física y virtualmente. La alegría de mis compañeros de trabajo, con los que brindé varias veces en la mañana en que saltó la noticia, y la de mis compañeras y amigas periodistas de Sevilla, con las que brindé por aquella noche, me hacían sentir todavía más afortunada. No me olvido del acto de entrega en el que quisieron rodearme muchísimos compañeros de profesión con los que me fotografié cogiendo en brazos a mi hija.

Es un premio que comparto con un compañero que se sienta al otro lado del cristal. Me han contado que, en la emisora en la que trabajo, nunca antes un redactor había compartido ningún premio con un compañero técnico. Hacerlo no es, oibviamente, mérito mío sino demérito de los que me precedieron. Si con mi conpañero Fernando comparto, como un equipo, mi trabajo del día a día, entiendo de justicia compartir las alegrías que son fruto de ese trabajo.
 

 

domingo, marzo 03, 2013

Carnaval

El carnaval de Cortegana pone hoy punto y final. Han sido unos días muy especiales gracias al trabajo de todos los que hacen posible esta fiesta, ya sea en la comisión o en cada una de sus agrupaciones. A todos les estoy muy agradecida, sobre todo a Gregorio Díaz por haberme dado esta hija tan carnavalera.

miércoles, febrero 27, 2013

Suerte, Santi




Santiago González fue el primer compañero que conocí cuando llegué a trabajar a Huelva hace ahora cinco años. Llevaba en la mano una grabadora de minidisc con una pegatina de Cadena Ser a las puertas de la Audiencia Provincial, donde pasaríamos después tantas jornadas. Era el último día de marzo de 2008, un día antes de que yo empezara a trabajar oficialmente en RNE. Entonces ni imaginábamos que nos quedaban por delante unos años maravillosos que lo convertirían en uno de mis amigos más especiales.


Con Santiago González, he compartido inquietudes, libros, copas, visitas de ida y vuelta a Sevilla, Punta Umbría y Cortegana, jornadas de playa, mojitos con hierbabuena, cenas con amigos, desayunos con compañeros de trabajo, interminables horas de espera, conversaciones y algunos de los momentos más importantes de nuestras vidas, como aquella vez que abrí, emocionada, la puerta de la habitación de hospital donde acababa de pasar la primera noche con dos de las personas que son la clave de su felicidad: su chica, Rocío, y su hija, Claudia
.

Santiago González es una persona generosa, vitalista, alegre y crítica. Como periodista, además, tiene la virtud de ir siempre anticipándose a lo que va a ocurrir. También tiene una voz grave, masculina y muy radiofónica que es un don completamente innato, con el que nació y que asustaba a las dependientas de los supermercados a los que acompañaba a su madre cuando tenía cuatro o cinco años. Ese don de la naturaleza, que para adaptarlo a su trabajo jamás tuvo que pisar la consulta de un logopeda, es la que va a apartarlo de su pueblo, su familia y sus amigos en una nueva y excitante etapa profesional para la que hoy mismo está haciendo las maletas.


Me cuentan que, en Madrid, en la redacción central de la radio donde trabaja desde hace unos siete años, se han enamorado de su voz. Lo que sus jefes no saben y yo sí, es que cuando conozcan a la persona que se esconde tras ella, ya no lo dejarán escapar.

Reconozco que me emocioné cuando me dio la noticia. Que me puse a gritar y a llorar de alegría y que, de repente, le empecé a hablar de una justicia no sé si divina o providencial, ésa que se merece precisamente él más que nadie, por haber dejado atrás una vida que ya tenía y que podía haber seguido viviendo plácidamente, pero que abandonó para formarse y dedicarse a este oficio que compartimos, tan maravilloso como hijoputa.

Joaquín Sabina le hizo, hace unos años, una canción a otro González, de nombre Ángel, al que describía como "un ángel menos dos alas. Un santo por lo civil". Puede que entiendan ahora porqué, cada vez que lo escucho, pienso en este otro González, de nombre Santiago, que mañana coge un tren que no podía dejar escapar y que sólo se presenta una vez en la vida de personas extraordinarias, como él.

Suerte, amigo.

viernes, febrero 22, 2013

Es trabajo, no privilegio

Yo lo que tengo es un trabajo. A él dedico siete horas y media, como mínimo, al día. Habría que sumarles otras dos de coche porque no tengo la suerte de trabajar en la ciudad en la que he decidido vivir. Un trabajo para el que me levanto a las 5,30 y en el que almuerzo en una pequeña pausa que hago delante del ordenador.

Yo lo que tengo, repito, es un trabajo en el que desarrollo las habilidades profesionales que he ido adquiriendo con el tiempo y la experiencia en otras empresas anteriores y en ésta. Un trabajo para el que me he formado, desde que, a los 18 años, saliera de mi casa, gracias al esfuerzo económico de mi madre que, con una paga por viudedad, pudo pagarme una carrera en la Facultad de Comunicación de una universidad pública. Cuatro cursos que fui compaginando con prácticas en medios de comunicación por las que no me pagaban o lo hacían con "becas" irrisorias. Nunca tuve, en aquellos años, ni un verano de vacaciones. Los pasaba, siempre, en una redacción.

Repito que lo que tengo es un trabajo que obtuve tras un proceso de oposiciones que duró de julio a diciembre, en el que tuve que medirme con otros sies o siete mil aspirantes en cinco pruebas que me hicieron desplazarme a Madrid a costa de mi propio bolsillo y esfuerzo.

He tenido suerte. Eso dicen y yo lo creo. En un país con seis millones de parados, suerte es tener trabajo y mucho más si es estable. Vale. De aceptar que he tenido y tengo "suerte" por poder desarrollar una labor profesional a tener que considerarme una privilegiada va un largo trecho. Porque yo lo que tengo es un trabajo no un privilegio. Y empiezo a estar cansada de que haya quienes están interesados en que cierta parte de mi propia clase, la clase obrera, nos vea a otra parte como unos privilegiados. No, no y no. Yo lo que tengo es un trabajo en una empresa en la que, con sus luces y sombras, me gusta trabajar porque siempre me he creído eso del Servicio Público y la función social del Periodismo. Una empresa, que me ha pagado mi salario cada mes, sin faltar uno, y que me ha ofrecido unas prestaciones sociales que la hacen un buen sitio donde trabajar. Ellos han cumplido su parte del contrato que firmamos y yo la mía, sin faltar nunca a ese acuerdo. Hasta ahora.
La sede de Torrespaña. | E. M.
Esta mañana, al llegar a la emisora, me he encontrado, como el resto de trabajadores de la Corporación RTVE en toda España, la propuesta íntegra de Convenio Colectivo que ha puesto sobre la mesa la dirección. Los recortes que plantea, no sólo en retribuciones, son tan bestiales que suponen una auténtico ataque a la plantilla. Y he pensado que los que mandan en esta empresa son de ésos que quieren que creamos, para callarnos, que somos unos privilegiados. No. Los empleados de esta caso tenemos (no sé hasta cuando hablaremos en presente) un TRABAJO, no un PRIVILEGIO. Que no lo olvide nadie.






sábado, febrero 02, 2013

Confluencias



La firma de Lourdes Lucio vuelve a aparecer en la edición impresa de El País de hoy porque ayer volvió a la casa. Se marchó hace un par de meses, de forma involuntaria. Su nombre aparecía en la lista que expulsaba de este periódico, a través de un ERE, a un tercio de su plantilla. En Andalucía, con ella, salieron 12 compañeros más. Sé que lo ha pasado mal, pero también sé que, en este tiempo, le ha dado tiempo a aprender varias cosas, unas seis o siete, de las que me ha avanzado las tres fundamentales y ha guardado las demás para el día que nos veamos.

También le ha dado tiempo a participar, junto a otro periodista de referencia, Antonio Avendaño, en la interesante iniciativa de la Asociación de la Prensa de Sevilla "Conversaciones entre periodistas".



Asociación de la Prensa de Sevilla
Dice Lucio: "Creíamos que El País era una empresa humana (...) y, en el momento de plantear el despido colectivo se ha comportado como una empresa inhumana".
"Las empresas periodísticas están haciendo las cosas mal y, además, no lo contamos"
"La sensación que tengo es de ser como una apátrida. Yo vivía en una patria muy calentita, muy confortable, una empresa muy fuerte y, de repente, te dicen:
-Expulsada de la patria.
-¿Por qué?
-Pues porque te ha tocado."

Por diferentes motivos (una mudanza, el principal) no he podido ver este vídeo hasta ahora mismo, justo después de pasar la última página de las Memorias Líquidas de Enric González. Hay una confluencia entre lo que dice Lourdes y lo que escribe Enric que asusta. El catalán dedica la última parte de este libro precioso y desgarrador a narrar su etapa final en esta empresa a la que ha dedicado, como Lucio, la mayor parte de su vida: Prisa. Al hombre que dijo aquello de "No podemos seguir viviendo tan bien" mientras, cobrando 13 millones de euros, preparaba un despido masivo en la empresa que dirigía (sí, hablo de Juan Luis Cebián), le dedica González algunas líneas... ¿Duras? Juzguen ustedes: 
"El poder miente, siempre, pero para encontrarse a alguien comparable a Cebrián hay que remontarse a Goebbles".
Algo parecido a lo que ya leímos en el famoso artículo de despedida que escribió en Jot Down y al que tituló Con todos mis respetos.


El libro de Enric me ha hecho disfrutar y, sobre todo, aprender. Hacía tiempo que no leía nada escrito con tanta honestidad. Mi devoción por lo que escribe este señor es sólo comparable a la que siente un monje cisterciense por un texto litúrgico en maitines. ¿Exagerada? Es lo mínimo que puedo sentir por alguien que escribe cosas como éstas:
"Estoy convencido de que un periodista gana fiabilidad si vive como vive la mayoría de la gente. Desplazarse en metro o autobús y comer menús baratos ayuda a saber lo que pasa en la calle y vacuna contra el mal típico del político, del ejecutivo y del periodista acomodado: el aislamiento en comunidades endogámicas que miran desde arriba al resto de los ciudadanos y los ven como números, porcentajes y estadísticas". O "Me parece que un periodista ha de leer como si le fuera la vida en ello, porque le va la vida en ello".
Recomiendo estas Memorias Líquidas a todos los compañeros, especialmente a los afectados y cabreados por las derivas inhumanas de las empresas periodísticas. Pero ojo porque, como dice Miguel González Quiles, mi compañero de La Razón, "Lee con moderación porque las Memorias Líquidas dejan resaca".