miércoles, noviembre 07, 2012

#soyperiodista


Ayer me acosté triste. Hoy me he despertado igual. Tanto que me cuesta escribir sobre lo que está ocurriendo. Llegaron los cuervos, ahora, a Sevilla, se posaron en la ventana del periódico donde pasé nueves meses de becaria y tanto aprendí, y se llevaron, entre otros, a uno de los compañeros que tiene buena parte de culpa de que yo sea periodista. Escribí ya una vez el por qué y no voy a repetirme.

No paro de pensar en él y en los ocho compañeros que también han sido despedidos, y me da una rabia que me cuesta controlar. Por la forma (dejarlos agonizar toda una jornada para comunicarles, ya entrada la noche, quiénes son los elegidos) y, sobre todo, por el fondo. Se van periodistas de referencia, se hace imposible envejecer en una redacción y, los que se quedan ahora, lo hacen con la certeza de que, en la siguiente visita de los cuervos, serán ellos los que se vayan. 
Foto: Ha valido la pena salir a reivindicar la Profesión, aunque tengo que reconocer que me ha increpado una señora que, después de criticar vivamente a Tele5, ha confesado ser oyente de Es Radio. http://instagr.am/p/RqNQQ9qwSR/
Precisamente, la noche antes, habíamos hecho parada en la puerta del Diario de Sevilla, en un paseo informativo-reivindicativo al que nos convocó la Asociación de la Prensa de Sevilla. Gritamos "No a los despidos". Ha servido de poco. De nada. Pero ahí hemos dejado constancia de que la Profesión está en contra de las praxis de unos empresarios de la comunicación que se han especializado, provincia por provincia, en el lamento sobre lo mal que les va todo sin buscar soluciones que vayan más allá del corte de cabezas. Lamentable.

Empiezo a cansarme de este estado de rabia y tristeza. Empiezo a cansarme del malestar general, de la falta de ilusión y de que el miedo sea la última moda en este país. Empiezo a cansarme de que los empresarios  se parezcan tanto cuando se ponen hijosdeputa. Ya son varias noche de quedarme dormida pensado en el tiempo que compartí con los compañeros a los que despiden y hasta de eso empiezo a cansarme. Y es una lástima porque me gustaría que todos supieran que, si quieren dar la batalla, pueden contar conmigo.

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