miércoles, noviembre 21, 2012

El día que conocí a una miembro de los GRAPO



Se movía con tanta seguridad que me parecía una de las trabajadoras. Nos recibió a la delegación de externos con una sonrisa, colocó en la solapa de la directora de cine mexicana y del actor argentino a los que acompañábamos, un adorno artesanal y nos explicó a todos que era la doceava Llave de la Libertad que entregaban los internos de la prisión de Huelva en el marco del Festival de Cine Iberoamericano.  Mientras esperábamos a que terminara la proyección de la película, otras periodistas y yo entablamos conversación con ella. Nos regaló un adorno a cada una, nos contó que lo habían hecho ellas mismas y sólo entonces nos dimos cuenta de que se trataba de una reclusa. Todavía estaba en pleno cambio de esquemas cuando me preguntó si lo había hecho bien (ser refería a su discurso de bienvenida), le dije que genial pero le fui sincera: "Para la próxima, no digas doceava, sino décimo segunda". Ella se puso colorada, se lo escribió en un papel y reímos un rato. Volví a olvidarme de que en cárcel se está siempre (o casi siempre, vete a saber) por algo. No es un campamento de verano.

Cuando el debate entre la gente del cine y los internos terminó, un grupo reducido de apenas cinco reclusos, siguió con nosotros. Entre ellos, Esther, la chica que nos recibió. Seguimos un rato hablando. Con el micrófono abierto, nuestra conversación duró menos de un minuto en el que me confesó lo mucho que le gustaba esta iniciativa de traer el cine a la cárcel y me contó que ella y sus compañeros ponían en antena un programa de radio. Le pregunté que cuántos años llevaba en prisión. "LLevo dos, pero me quedan algunos más". Apagué el aparato de grabación y lo guardé. Entonces siguió: "150 años más". Notó mi sorpresa. Ya llevábamos un rato juntas y la suficiente poca confianza como para que me atreviera a preguntarle "¿Qué carajo has hecho tú para que te caigan 150 años?"
 
Podía haberme mandado a la mierda. Estaba en su completo derecho. Hay internos (me encontré con algunos) que son muy reservados sobre estos asuntos. Ella no y empezó por lo importante. "Lo mío es un delito de terrorismo". Repasé lo que sabía de ella hasta ahora y ni su acento ni su forma de comportarse se adecuaban a los cánones. "Sí, sólo estuve dos años, de los 19 a los 21. Me captaron los GRAPO y aquí estoy porque mataron a dos guardas de Prosegur en el asalto de un furgón en Vigo y hay una señora que dijo, en el juicio, que creyó ver a una chica morena parecida a mi a dos kilómetros del lugar de los hechos". La foto de su ficha aparece en esta información de El Mundo:

Condenan a 5 miembros del GRAPO por matar a dos vigilantes en Vigo



Me contó la historia de forma un poco más extensa: Reconoce que perteneció a la banda durante dos años "porque me enamoré de uno de los malos" y que, cuando se dio cuenta de que aquello no era una broma y mataban a personas pidió la baja. Sus compañeros la amenazaron y ella vivió en un estado de miedo y alerta constante hasta su detención por la Policía, a la que ella temía bastante menos que a los suyos. Para cuando esto se produjo, habían pasado siete años desde su deserción y ella se había convertido en una mujer que salía de desayunar del bar sevillano que estaba junto al colegio de su hijo de cinco años. Lo de que se enamoró de uno de ellos y que la Policía la detuvo en Sevilla, lo confirma esta otra noticia.

La grapo Esther González, detenida en Sevilla tras ser condenada por volar el furgón de Vigo



"De película, lo mío fue de película", concluyó. A estas alturas de la su versión de los hechos, ella misma me hizo ver que algo no encajaba: ¿Cómo es que una interna, acusada de terrorismo, campa a sus anchas por la prisión y participa en las actividades socio-culturales? Los terroristas tienen plaza reservada en un módulo específico del que no salen jamás, según me explicó.

Esther lleva dos años en la cárcel y le quedan todavía 150 para pagar por un delito que ella misma reconoce haber cometido (hablo del de pertenencia a banda armada) y sabe que, si el fin último de las penas de cárcel es la reinserción del sujeto en la sociedad, ella ya estaba reinsertada desde mucho antes de que la detuvieran. Por eso goza de la libertad que goza y por eso, asegura, que la propia dirección de la prisión está moviendo los papeles necesarios para pedir su indulto, el caballo al que ha apostado todas sus esperanzas de volver a reencontrarse con su madre y con su hijo. En la actualidad, hay hasta un grupo de Facebook que pide su libertad y tiene casi dos mil adhesiones.

Sus palabras me han dejado muy tocada desde ayer, he pensado mucho en ella en las últimas horas y he acudido a las hemerotecas. El suplemento Crónica, de El Mundo, recoge un texto escrito desde la cárcel por el cabecilla del grupo al que pertenecía Esther y confirma lo de su deserción voluntaria. "Ella acabó marchándose también, al poco tiempo, pero por su propio pie", escribe Fernando Silva Sande aquí. Sigo leyendo sobre este tema y descubro una información en la que se habla de un juicio contra este cabecilla por haber violado a algunas de sus compañeras, entre ellas, la propia Esther.

Silva Sande, de camarada ejemplar a violador sanguinario y chivato


Esta otra información, recoge parte de su declaración ante la Policía, en la que ella misma habla de ese tema. Dijo, Textualmente: "Me fui de los Grapo porque eran un harén".

Está siendo como abrir una caja de pandora que, en el fondo, en lugar de la esperanza, guarda un  espejo en el que me reflejo a mi misma, charlando con ella de sus miserias en una conversación en la que me relata lo que ocurrió de una forma muy diferente a como lo cuentan los medios y a cómo lo entendió el juez. La imagen del espejo muestra a dos mujeres, madres, de edades no muy diferentes, que, de haberse conocido en otro lugar, podrían llegar a ser amigas. Y eso es lo que me pone los pelos de punta de toda esta historia porque, según una sentencia, Esther González es una terrorista que, además, ha cometido delitos de robo con intimidación, asesinato terrorista, lesiones, estragos y tenencia de explosivos. Y en eso sigo, dandole vueltas.

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