lunes, noviembre 26, 2012

Amar desesperadamente




Aquél era un octubre cálido y nosotros, tan jóvenes, como para enamorarnos hasta los huesos. Ese día, como todos los octubres, había fiesta en el cuartel del pueblo. Reíamos, comíamos y bailábamos, felices, hasta que él me sacó de la fiesta. Me llevó, de la mano, hasta un lugar aparte. Subimos una escalera y nos sentamos en un umbral desde el que veíamos todo el patio empedrado, en el centro del cuartel, donde la fiesta continuaba. Creo que todavía no había anochecido. Nos besamos. Nos abrazamos. Puede que nos dijéramos lo mucho que nos queríamos. Entonces él empezó a llorar. Era un llanto incontenible que no lo dejaba hablar. Empecé a asustarme. No podía creer que, precisamente, en ese momento mágico, fuera a decirme que me dejaba. Le pregunté por qué lloraba una y otra vez. Él seguía sin poder hablar y a mi se me vino a los labios, de pronto, una risa nerviosa que no podía parar tampoco. Por fin pudo hablar. Lloraba porque era muy feliz, eso me dijo.

Si la Tierra se hubiera parado en ese instante, hace ya 13 años, yo hubiera terminado mi vida creyendo ser una de las mujeres más felices. Pero no lo hizo y siguió con sus rotaciones y sus traslaciones y nosotros con nuestra vida y nuestra relación que nunca volvió a emocionarle tanto como aquel día hasta el nacimiento de nuestra hija.

Esta mañana lo he dejado acostado con ella, intentándola consolar cuando ha empezado a llorar porque ha sentido la ausencia de su madre. He arrancado el coche, he escuchado las noticias pero me he cansado pronto de ellas. Entonces he puesto uno de los cedés que ruedan por el coche y ha sonado esta canción de Manolo García que, en su estribillo, dice:
Todos amamos tan ciegamente alguna vez
que moveríamos el mundo con una sola palabra.
Todos amamos desesperadamente
mientras el pájaro metálico escapa
de su jaula de caña.
Todos amamos tan ciegamente alguna vez
cuando amamos desesperadamente.

Y me ha venido al recuerdo la escena de la fiesta en el cuartel y todo el camino que hemos recorrido hasta ahora, que sigo sintiendo las mismas ganas de embarcarme con él en esta aventura que es la vida y sus compromisos.

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