martes, septiembre 25, 2012

La llegada de los cuervos

  

Los cuervos vienen siempre con un presentimiento previo. Puede que, por eso, mientras desayunábamos sintiéramos sus graznidos y su oscura mirada. Como tantas mañanas, pero ésta, diferente. "Tiene que haber algo más", decía una amiga, periodista de otra emisora, tras escuchar a su compañero hablar del compromiso del trabajador con su trabajo, que le hace seguir desempeñándolo aún a sabiendas de que se quedará sin él en pocas fechas.

Apenas unas cuatro o cinco horas después, los cuervos llegaron. Trajeron consigo malas noticias. Quince  nombres en una lista, más que anunciada. Quince compañeros (periodistas, fotógráfo, informático, infógrafo, comerciales y administrativos), de los que han contribuído (y mucho) a que Huelva Información sea el periódico de referencia en esta ciudad y esta provincia, se van a la calle. Los despedirán con un adiós-muy-buenas y 20 días por año trabajado. "Así lo marca la ley y se lo hemos aplicado".

Entre el presentimiento de los cuervos y su llegada ocurrió que, en una rueda de prensa rutinaria de lunes, coincidí con una de las compañeras cuyo nombre aparece en la funesta lista. Llevaba un par de semana despidiéndose de nosotros, incluso nos pagó un café una mañana. Y.S. acudía a la cita informativa con la misma sonrisa y las mismas ganas de siempre, a sabiendas de que su nombre podría figurar entre los que irían a la calle con un Expediente de Regulación de Empleo que la empresa podría presentar hoy mismo. Así fue. Ella no sabía todavía nada. Pasó la rueda de prensa; ella hizo, también, alguna pregunta, y se retiró al periódico.
 
Esta mañana he buscado su firma y ahí está bajo un par de informaciones del periódico de hoy, como si nada, como si hoy no fuera el día siguiente a la llegada de los cuervos. "Tiene que haber algo más", decía mi otra compañera en el desayuno. Claro que lo hay. Más allá del compromiso de cualquier trabajador con su trabajo (muchos, seguro, lo abandonarían al conocer que su propia empresa no cuenta con ellos). Hay un punto de vocación, de servicio o de locura, llamenle como quieran, que lleva al periodista a sentarse a escribir tras conocer la noticia que tanto estaba temiendo. El mismo punto que hizo que un compañero fotógrafo de Málaga Hoy, según me cuentan, se metiera entre las llamas del incendio de la Costa del Sol para conseguir las mejores fotos para una publicación que ya no lo contaba entre sus trabajadores.

Hoy Y.S. firma y su firma es como una espada, como un puñal. A mí se me ha clavado para siempre en la conciencia. Y, con ella, el resto de compañeros (periodistas o no) que se ven afectados por estas medidas de unos recursos humanos deshumanizados para los que han dejado de ser personas y se han convertido en números. Llevan años demostrando que son unos trabajadores buenos y comprometidos, y se despiden con una lección de valentía y honestidad. Vaya con ellos mi reconocimiento, solidaridad y el deseo de que empiecen una nueva etapa que esté llena de esperanza y nuevos proyectos. 

Y que tarden en volver los cuervos. Ojalá no lo hagan nunca.


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