domingo, septiembre 30, 2012

Palabras cargadas




La Real Academia de la Lengua le da a la palabra reo un componente de culpa. El responsable del informativo principal de RNE, no. Para él, los detenidos por los altercados con la Policía del pasado 25 de septiembre ya eran reos el mismo día 27, mientras daba la noticia de que la Audiencia Nacional no iba a juzgarlos. No lo digo de memoria, pueden oírlo ustedes mismos porque está aquí, en el minuto 44,45:

¿Error o intencionalidad? Lleguen ustedes a la conclusión que estimen oportuna, pero antes les cuento que este periodista, el mismo día en que el juez imputa a José Bretón (padre de los niños desaparecidos en Córdoba) el delito de asesinato dijo, literalmente: "Ruth y José son, formalmente, dos niños desparecidos pero su padre es, desde hace una horas, un asesino".  (Minuto 17)




Los que trabajamos con las palabras tenemos que tener un cuidado exquisito con ellas. Son nuestras más afilada herramienta, como un bisturí en las manos de un cirujano. Utilizarlas mal o con una intencionalidad torticera puede causar un daño fatal. Y no sólo a  quienes estamos llamando reos o asesino sin que todavía lo haya dictaminado quien corresponda, que no somos nosotros, sino un juez. También podemos dañar a quienes nos escuchan, a los destinatarios de nuestro mensaje. Ellos pueden sufrir las consecuencias y pueden creerse informados cuando, en realidad, están siendo mal informados. En nuestro trabajo (en el mío, al menos, y el de muchos compañeros con los que hablo sobre estas cuestiones), la información y la vocación de servicio público son los pilares y hacer una RTVE de calidad, el objetivo. Ojalá prevaleciera esto sobre los vaivenes políticos y los intereses puntuales de unos pocos. Todavía tengo esa esperanza.

martes, septiembre 25, 2012

La llegada de los cuervos

  

Los cuervos vienen siempre con un presentimiento previo. Puede que, por eso, mientras desayunábamos sintiéramos sus graznidos y su oscura mirada. Como tantas mañanas, pero ésta, diferente. "Tiene que haber algo más", decía una amiga, periodista de otra emisora, tras escuchar a su compañero hablar del compromiso del trabajador con su trabajo, que le hace seguir desempeñándolo aún a sabiendas de que se quedará sin él en pocas fechas.

Apenas unas cuatro o cinco horas después, los cuervos llegaron. Trajeron consigo malas noticias. Quince  nombres en una lista, más que anunciada. Quince compañeros (periodistas, fotógráfo, informático, infógrafo, comerciales y administrativos), de los que han contribuído (y mucho) a que Huelva Información sea el periódico de referencia en esta ciudad y esta provincia, se van a la calle. Los despedirán con un adiós-muy-buenas y 20 días por año trabajado. "Así lo marca la ley y se lo hemos aplicado".

Entre el presentimiento de los cuervos y su llegada ocurrió que, en una rueda de prensa rutinaria de lunes, coincidí con una de las compañeras cuyo nombre aparece en la funesta lista. Llevaba un par de semana despidiéndose de nosotros, incluso nos pagó un café una mañana. Y.S. acudía a la cita informativa con la misma sonrisa y las mismas ganas de siempre, a sabiendas de que su nombre podría figurar entre los que irían a la calle con un Expediente de Regulación de Empleo que la empresa podría presentar hoy mismo. Así fue. Ella no sabía todavía nada. Pasó la rueda de prensa; ella hizo, también, alguna pregunta, y se retiró al periódico.
 
Esta mañana he buscado su firma y ahí está bajo un par de informaciones del periódico de hoy, como si nada, como si hoy no fuera el día siguiente a la llegada de los cuervos. "Tiene que haber algo más", decía mi otra compañera en el desayuno. Claro que lo hay. Más allá del compromiso de cualquier trabajador con su trabajo (muchos, seguro, lo abandonarían al conocer que su propia empresa no cuenta con ellos). Hay un punto de vocación, de servicio o de locura, llamenle como quieran, que lleva al periodista a sentarse a escribir tras conocer la noticia que tanto estaba temiendo. El mismo punto que hizo que un compañero fotógrafo de Málaga Hoy, según me cuentan, se metiera entre las llamas del incendio de la Costa del Sol para conseguir las mejores fotos para una publicación que ya no lo contaba entre sus trabajadores.

Hoy Y.S. firma y su firma es como una espada, como un puñal. A mí se me ha clavado para siempre en la conciencia. Y, con ella, el resto de compañeros (periodistas o no) que se ven afectados por estas medidas de unos recursos humanos deshumanizados para los que han dejado de ser personas y se han convertido en números. Llevan años demostrando que son unos trabajadores buenos y comprometidos, y se despiden con una lección de valentía y honestidad. Vaya con ellos mi reconocimiento, solidaridad y el deseo de que empiecen una nueva etapa que esté llena de esperanza y nuevos proyectos. 

Y que tarden en volver los cuervos. Ojalá no lo hagan nunca.


lunes, septiembre 24, 2012

Una mañana libre

Ojalá el día tuviera más horas. Con 24, me quedo corta. Me falta tiempo. Ya no lo quiero para mi, lo quiero para ella, para Cecilia, para poder dedicarle más y para hacerlo con menos prisas. Los días se me van y apenas me doy cuenta. Llego del trabajo, me acuesto la siesta con ella, vamos al parque y ya se nos hace de noche: cena, baño, cama y, otra vez a empezar, unas horas después, y a volver al trabajo. Así todos los días. Me gustaría correr menos, tener más tiempo para emplearlo jugardo con ella, besándole los pies, dándole el pecho, acariciándola, descubriendo sus hazañas diarias, intentando entender su nuevo lenguaje... Pero no lo tengo. Reconozco que ahora me he vuelto más ratera del tiempo y aprovecho cualquier excusa para dedicarle a Cecilia los minutos que antes no me importaban derrochar en tonterías. El pasado viernes, por ejemplo, una cita hospitalaria (una revisión, nada importante) me sirvió para pasar una divertida mañana con ella en el Parque de María Luisa.,
 
Primero, entre palomas, en la Plaza de América, donde ella parecía pasar mucho menos miedo que yo entre tanto pájaro. Y luego, alejadas de las plumas y el albero, sentadas a la sombra de uno de los altos árboles del parque. Disfrutamos del frescor de la hierba y la humedad de este enclave centenario y comimos, a medias, una bolsa de palomitas de mantequilla.


Sin mirar el reloj. Sin prisas. Ella parecia agradecer ese tiempo de intimidad compartida y no se apartó de mi lado. Parecía una niña mayor, sentada junto a su mamá. Nos hicimos algunas fotos y nos dimos los besos que nos debíamos.


Fue apenas una mañana pero me ha puesto las pilas para una temporada. Es verdad que echo de menos los meses en los que tenía todo mi tiempo para ella y no tenía que compartirlo con otras obligaciones. Pero hay que levantarse cada mañana y acudir al trabajo. Hay que hacerlo y, encima, estar agradecida de tenerlo. Yo voy feliz, además, a sabiendas de que Cecilia se queda en las mejores manos, las de sus abuelas, y descontando los minutos que me quedan para volver a su lado en esta edad maravillosa que tiene, en la que todo lo descubre y repite.

jueves, septiembre 13, 2012

Nuevos lenguajes

 
No sé si será el año que he permanecido alejada de esta Profesión o, puede, que simplemente tenga hambre de otros lenguajes. Lo cierto es que, desde que volví al trabajo el pasado 24 de julio andaba con ganas de cambiar de registro, de contar cosas que vayan más allá del corsé que impone la actualidad municipal y provincial. Afortunadamente, al trabajar en una radio que emite a nivel nacional con desconexiones autonómicas, mi propio trabajo me permite hacerlo a menudo. Pero yo seguía con ese runrún interior que me llamaba a explorar nuevas vías. Tanto así que he llegado, en los primeros días tras mi vuelta, a postularme para colaborar en una interesantísima revista cultural, que recomiendo vivamente, cargada de interesantísimas entrevistas como ésta o esta otra.

Aquello no salió, después de algunos intercambios de mail, por razones que no vienen al caso y que tienen que ver con que yo ya como de mi trabajo, principal y afortunadamente. Quiso la casualidad que, semanas más tardes, dos buenos amigos celebraran una boda a la que fuimos muchos compañeros. Entre ellos, Laura Ruiz Bernal, con la que mantuve una conversación en la que se mezclaban mis nuevos sentimientos como madre con esas otras ganas por contar en otros registros que, como digo, se me estaba despertando. Ella me habló de su trabajo pero, sobre todo, lo hizo del proyecto que tiene entre manos y que ocupa el que antes era su tiempo libre: una revista digital sobre el audiovisual andaluz a la que ha bautizado como Cineandcine y que escribe a varias manos, siendo las principales las suyas y las de Ana Vázquez Toscano.


Le dije que conocía lo que estaban haciendo y que me gustaba. La verdad es que es un proyecto novedoso e interesante que unen dos temas que me apasionan: El cine y mi tierra. No habían pasado ni dos días desde nuestra conversación, cuando Laura se puso en contacto conmigo para que entrara a colaborar con ellas. Ya no sé si es que se alinearon los astros o mis súplicas fueron escuchadas por la divinidad que se encarga de este tipo de azares pero aquí ando escribiendo, desde Huelva, sobre cine. Por ahora han salido cositas como éstas:



Espero que siga la colaboración y que lo que escriba resulte interesante.

domingo, septiembre 02, 2012

Artes gratis

El día que subieron el IVA nosotros decidimos no perder la sonrisa y pasar la calurosa primera mañana de septiembre en un museo con nuestra pequeña de 13 meses.



Elegimos el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo, en el Monasterio de La Cartuja, cuya entrada era gratuíta por ser un sábado.
Ni Grego ni yo somos muy conocedores del Arte Contemporáneo, pero disfrutamos mucho de pasear con la niña entre cuadros y proyecciones. A ella, hasta parecían interesarles todos esos colores y formas.



La abstracción pictórica centra las actuales exposiciones. Nos gustaron algunas más que otras. Pasamos un largo rato entre los cuadros del granadino y colorista José Piñar, cuyos cuadros están dispuestos en una enorme sala del Monasterio como si se tratara de su propio almacén. Las composiciones del sevillano José Soto, rectas y sencillas, también nos gustaron.



Pero lo que jamás defrauda es le propio Monasterio. Pasear por sus patios, pasillos y capillas es un placer siempre, independientemente de las muestras que albergue.