miércoles, agosto 08, 2012

Víctimas





Camino de casa, se me pusieron los pelos de punta escuchando este Documentos RNE sobre Ernesto Sábato. Entre los datos y testimonios interesantísimos sobre el escritor argentino (que asegura que su formación científica le sirvió mucho luego, en su desarrollo como novelista y ensayista porque le obligó siempre a ser riguroso), no pude evitar emocionarme con su compromiso social, en especial, el relacionado con "Los Desaparecidos" durante la dictadura de Videla. Él, a poco de la llegada de la Democracia, fue encargado de elaborar el Informe Nunca Más, también conocido como Informe Sábato, resultado de la investigación sobre los crímenes cometidos por las Juntas Militares (1976 - 83). El propio Sábato redactó un prólogo en el que leemos, entre otras cosas:

En nombre de la seguridad nacional, miles y miles de seres humanos, generalmente jóvenes y hasta adolescentes, pasaron a integrar una categoría tétrica y fantasmal: la de los Desaparecidos. Palabra - ¡triste privilegio argentino! - que hoy se escribe en castellano en toda la prensa del mundo.
Todos caían en la redada: dirigentes sindicales que luchaban por una simple mejora de salarios, muchachos que habían sido miembros de un centro estudiantil, periodistas que no eran adictos a la dictadura, psicólogos y sociólogos por pertenecer a profesiones sospechosas, jóvenes pacifistas, monjas y sacerdotes que habían llevado las enseñanzas de Cristo a barriadas miserables. Y amigos de cualquiera de ellos, y amigos de esosamigos, gente que había sido denunciada por venganza personal y por secuestrados bajo tortura. 

La represión que sufrieron los argentinos durante ese periódo (el del "mandato del propio demonio", según Sábato) es, para mí, tan dolorosa como otras, como la propia española durante la dictadura franquista. Monstruosidades que dejan herido y avergonzado al género entero. La casualidad ha querido que esta mañana haya conocido otro caso de represión en la persona de Hector Abad Gómez, un médico colombiano, muy comprometido con los Derechos Humanos, de cuyo asesinato se cumplen ahora 25 años. 
hector-abad-gomez

Su único hijo varón, Hector Abad Faciolince se sirvió de su vida y muerte para escribir El olvido que seremos. Hasta mi ha llegado, esta misma mañana, esta preciosa carta que le dedica su hija Clara Inés en la que es capaz de ponerle palabras al fuerte dolor que sintió cuando perdió a su padre.

La vida para nosotros, en veinticinco años que han pasado desde tu muerte, no ha sido fácil, pero ha sido muy bonita. Al principio, a todos nos venció el dolor y el deseo de encontrar a los culpables de tu muerte. De una u otra forma, y cada uno a su manera, hacía cosas que creíamos nos iban a conducir a encontrar un responsable. Después, con el tiempo y mucha tristeza, empezamos a aceptar que no había un solo culpable… ojalá, hubiera sido más fácil… entendimos, o por lo menos yo concluí, que se trataba de un deseo cumplido y manifiesto, de muchas maneras y durante mucho tiempo, de un grupo de personas poderosas, de diferentes organizaciones políticas y sociales, con pensamientos, ideas y acciones totalmente radicales, y a las cuales les fastidiaba, les molestaba, les irritaba, les parecía incómodo e inconveniente para sus intereses particulares, que una persona como tú estuviera permanentemente en programas radiales, en columnas periodísticas, en diferentes auditorios, denunciando, reflexionando, proponiendo. Porque tú sentías la obligación ética de explicar lo que estaba sucediendo en Colombia. Además, creías que tenías la libertad de decir lo que pensabas.

Nos has dejado una marca indeleble, con un dolor interior del que no vamos a poder escapar nunca. Como dice Gabriel García Márquez, "Olvidar es difícil para quien tiene corazón".

También en agosto fueron ejecutadas Las Trece Rosas, unas décadas antes que Abad Gómez pero víctimas, igual, de la violencia y la represión que, vengan de donde vengan, muestran la peor cara del Ser Humano. Argentina, Colombia o España. Da igual el lugar del mapa que se elija porque siempre hay motivos para recuperar la Memoria de las Víctimas y, así, trabajar por la Paz.

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