jueves, agosto 30, 2012

Contar el dolor



" Sin la ética que impone la sensibilidad, nada que se cuente se acercará a la realidad". Recibí este mensaje poco antes de terminar mi jornada laboral del pasado lunes. Me lo mandó un buen amigo, periodista, de los que conoce bien esta profesión después de decenas de años en ella. Esa misma mañana, a las 5 y media de la mañana, supe que iba a ser un día duro. Lo fue. La familia materna de Ruth y José aseguraba tener los resultados de un informa forense que concluía que los restos orgánicos hallados en la hoguera de Las Quemadillas (propiedad de la familia paterna de los niños) pertenecían a los pequeños.

Desde antes de las 8 de la mañana, mi compañero y yo recorrimos el barrio donde vive la familia materna e hicimos guardia con la unidad móvil. Paramos en un velador de bar al que se nos fueron uniendo otros compañeros. A través de la ventana, veía la televisión. El Programa de Ana Rosa no hablaba de otra cosa. Los contertulios que-cada-día-hablan-de-una cosa, los expertos en el difícil arte de la todología, debatían sobre este tema. Conexiones en directo con Córdoba y Huelva, el abogado de Bretón en directo, una conexión telefónica con un portavoz de la policía... Hablaban de fallos policiales y no ahorraban todo tipo de detalles escabrosos sobre un caso para el que ellos ya tenían dictada su sentencia. 

Los compañeros, en la calle, hablábamos sobre la necesidad, ese día más que nunca, de ser responsables, sensibles y pacientes. Preguntábamos a las personas del barrio y conseguíamos testimonios de tal rabia (en los que se mezclaba la indignación, el dolor y toda clase de torturas imaginables al presunto asesino) que, reconozco, tuve que flitrar. Era un día "para tirar de oficio". Por fin, recibimos la confirmación de que el propio Ministro del Interior iba a dar una rueda de prensa en Madrid sobre este caso. La incertidumbre empezaba a dejar paso a la peor de las certidumbres.
Al final de una mañana de espera, conseguimos que nos atendiera un miembro de la familia. La expectación era tanta que la Plaza de las Monjas se nos quedó pequeña. Unidades móviles de televisión y radio aparcadas en la calle y, en el centro, más de una treintena de redactores y técnicos que formábamos un enorme corro. Algunas personas que iban pasando se nos iban uniendo y el corro se hacía cada vez más grande. Mientras, en Madrid, el Ministro señalaba que, efectivamente, esos restos orgánicos (que la Policía dijo, en los albores del caso, que eran de animales) podrían pertenecer a los niños.

Conforme avanzaban las horas yo me iba encontrando peor y veía en los niños que jugaban en la Plaza de las Monjas, como cualquier otra mañana de verano, a mi propia hija. Hice las conexiones que me pidieron desde la unidad móvil intentando no entrar en el morbo. Contar el dolor de una forma respetuosa, ése era mi objetivo. De repente, cuando ya mi ánimo se afectaba cada vez más, a pesar del distanciamiento que todos los periodistas queremos tener ante barbaridades como ésta, empezaron a caer del cielo unas gotas enormes y frías. Me acompañaron en el camino de regreso a la emisora que fueron los únicos minutos en los que estuve sola en toda la mañana. Miré al cielo, gris, y dejé que las gotas de lluvia me cayeran en la cara. Dicen que la lluvia limpia, eso quería, pero yo necesitaba un chaparrón fuerte. Aquellas gotas, como lágrimas del cielo, eran claramente insuficientes.
Tenía cada vez más ganas de ver, abrazar y besar a mi hija. El camino de vuelta se me hizo larguísimo. Esquivé las noticias y puse música a todo volumen. Cuando llegué, ella estaba allí, con sus ojos enormes y su sonrisa. La abracé fuerte y le repartí todos los besos que había guardado para ella en una mañana tan dura. Jugamos un rato hasta que nos dormimos, por fin. Ni siquiera la vuelta a mi felicidad doméstica ha podido cerrar la herida que deja el horror con el que, a veces, trabajamos los que nos dedicamos a esto. La herida duele, sigue doliendo, y no ayuda a que cicatrice las prácticas periodísticas de algunos compañeros para los que, otra vez, esto no significa más que share; para los que Ruth y José ahora, como antes Mariluz, les importa tan poco como la Justicia misma. Carroñeros, que les llaman.

viernes, agosto 24, 2012

Padre

Que te toque la lotería, la de verdad, es empezar a salir con un chaval de 20 años y que, doce años más tarde, resulte ser un padre paciente, dedicado y cariñoso. Eso es que te toque la lotería.

jueves, agosto 23, 2012

La Venida

Llegamos a Almonte antes de que se hiciera de día y empezamos a mandar las primeras crónicas con los primeros rayos. La cara de la Virgen del Rocío estaba recién despejada y más de un millón de personas se habían agolpado en Almonte para verla, vestida de Pastora, siete años después.
 

Las flores fueron nuestras compañeras en el balcón del Ayuntamiento hasta que se derramaron, pétalo a pétalo, sobre la imagen, que llegó hasta nosotros a hombros de los almonteños.

La temperatura era insoportable desde bien temprano. Hubo momentos complicados, pero valió la pena. Un día completamente diferente, en mitad de un verano que esconde pocas sorpresas. Así que, a pesar de todo, (del madrugón, las calores, las incomodidades...) me sentí una privilegiada por ser testigo, en primera fila, de un acontecimiento que esperaban tantas personas. Entre otros, éste fue el resultado ( a partir del minuto 25):



sábado, agosto 18, 2012

Solidaridad y radio


En esta profesión es importante tener siempre los ojos y los oídos abiertos para ver siempre más allá. Mi compañero Fernando Leal que, además de ser un estupendo técnico, es un choquero superlativo de los que sabe de Rocío, Semana Santa, Colombinas, Virgen de la Cinta y Recreativo, me propuso que trabajásemos en un tema que a mí me apasionó en cuanto lo conocí de sus labios. Tiene que ver con fútbol pero, sobre todo, tienen que ver con solidaridad anónima.

Las fotos son el resultado gráfico de los bien que hemos trabajado a cuatro manos y de los muchos que hemos disfrutado haciéndolo. Ha sido una honor tener en la emisora a estos cuatro chavales senegaleses, que sueñan con ser futbolistas, y a Enrique Botello. Para saber quién es quién, aquí la radio:



El encuentro, en el programa España Directo, de RNE, a partir del minuto 22.



lunes, agosto 13, 2012

Redescubrir

Vivir con un niño es vivir tu vida otra vez. Como volver a empezar. Volver a apasionarte por las cosas, volver a disfrutarlas, a saborearlas. Volver a descubrirlo todo. Volver a aprender y empezar. Activar, de nuevo, la capacidad de sorpresa. Vivir con un niño es sonreir intuyendo que todo está por venir. 

miércoles, agosto 08, 2012

Víctimas





Camino de casa, se me pusieron los pelos de punta escuchando este Documentos RNE sobre Ernesto Sábato. Entre los datos y testimonios interesantísimos sobre el escritor argentino (que asegura que su formación científica le sirvió mucho luego, en su desarrollo como novelista y ensayista porque le obligó siempre a ser riguroso), no pude evitar emocionarme con su compromiso social, en especial, el relacionado con "Los Desaparecidos" durante la dictadura de Videla. Él, a poco de la llegada de la Democracia, fue encargado de elaborar el Informe Nunca Más, también conocido como Informe Sábato, resultado de la investigación sobre los crímenes cometidos por las Juntas Militares (1976 - 83). El propio Sábato redactó un prólogo en el que leemos, entre otras cosas:

En nombre de la seguridad nacional, miles y miles de seres humanos, generalmente jóvenes y hasta adolescentes, pasaron a integrar una categoría tétrica y fantasmal: la de los Desaparecidos. Palabra - ¡triste privilegio argentino! - que hoy se escribe en castellano en toda la prensa del mundo.
Todos caían en la redada: dirigentes sindicales que luchaban por una simple mejora de salarios, muchachos que habían sido miembros de un centro estudiantil, periodistas que no eran adictos a la dictadura, psicólogos y sociólogos por pertenecer a profesiones sospechosas, jóvenes pacifistas, monjas y sacerdotes que habían llevado las enseñanzas de Cristo a barriadas miserables. Y amigos de cualquiera de ellos, y amigos de esosamigos, gente que había sido denunciada por venganza personal y por secuestrados bajo tortura. 

La represión que sufrieron los argentinos durante ese periódo (el del "mandato del propio demonio", según Sábato) es, para mí, tan dolorosa como otras, como la propia española durante la dictadura franquista. Monstruosidades que dejan herido y avergonzado al género entero. La casualidad ha querido que esta mañana haya conocido otro caso de represión en la persona de Hector Abad Gómez, un médico colombiano, muy comprometido con los Derechos Humanos, de cuyo asesinato se cumplen ahora 25 años. 
hector-abad-gomez

Su único hijo varón, Hector Abad Faciolince se sirvió de su vida y muerte para escribir El olvido que seremos. Hasta mi ha llegado, esta misma mañana, esta preciosa carta que le dedica su hija Clara Inés en la que es capaz de ponerle palabras al fuerte dolor que sintió cuando perdió a su padre.

La vida para nosotros, en veinticinco años que han pasado desde tu muerte, no ha sido fácil, pero ha sido muy bonita. Al principio, a todos nos venció el dolor y el deseo de encontrar a los culpables de tu muerte. De una u otra forma, y cada uno a su manera, hacía cosas que creíamos nos iban a conducir a encontrar un responsable. Después, con el tiempo y mucha tristeza, empezamos a aceptar que no había un solo culpable… ojalá, hubiera sido más fácil… entendimos, o por lo menos yo concluí, que se trataba de un deseo cumplido y manifiesto, de muchas maneras y durante mucho tiempo, de un grupo de personas poderosas, de diferentes organizaciones políticas y sociales, con pensamientos, ideas y acciones totalmente radicales, y a las cuales les fastidiaba, les molestaba, les irritaba, les parecía incómodo e inconveniente para sus intereses particulares, que una persona como tú estuviera permanentemente en programas radiales, en columnas periodísticas, en diferentes auditorios, denunciando, reflexionando, proponiendo. Porque tú sentías la obligación ética de explicar lo que estaba sucediendo en Colombia. Además, creías que tenías la libertad de decir lo que pensabas.

Nos has dejado una marca indeleble, con un dolor interior del que no vamos a poder escapar nunca. Como dice Gabriel García Márquez, "Olvidar es difícil para quien tiene corazón".

También en agosto fueron ejecutadas Las Trece Rosas, unas décadas antes que Abad Gómez pero víctimas, igual, de la violencia y la represión que, vengan de donde vengan, muestran la peor cara del Ser Humano. Argentina, Colombia o España. Da igual el lugar del mapa que se elija porque siempre hay motivos para recuperar la Memoria de las Víctimas y, así, trabajar por la Paz.

lunes, agosto 06, 2012

Verano



 


Un fin de semana puede dar tanto de sí como unas vacaciones. Lo sé porque me ha ocurrido. Éste que acabó ayer es un ejemplo. Volver (siempre volver) a Punta Umbría, donde viven algunos de mis grandes amigos y hacer que las horas se conviertan en vivencias preciosas. 


La compañía ayuda. Y la sonrisa de Cecilia tomando para sí el reino de la playa, también. Aunque, la verdad, es que vigilar de cerca sus aventuras cansa físicamente mucho más que dos horas de gimnasio.


Pero es una alegría verla corretear, libre y sin miedos, junto al agua y bajo el sol, haciendo amigos como los que yo he hecho en ese pueblo, que siento casi mío, porque siempre me ha recibido con los brazos y las puertas abiertas. Este fin de semana, que vale como unas vacaciones, he comido más pescaíto que nunca en mi vida, he charlado con amigos, he bebido mojitos,  y hasta he tenido tiempo para volver a sentirme parte de la familia de los Contreras-Cordero cuya casa hacía mía en los veranos de mi adolescencia.

viernes, agosto 03, 2012

Experiencias

 


Últimamente tengo la sensación de que, de todo, hace ya muchísimo tiempo. He contado un par de veces mis años de vida y sigo naciendo siempre en el mismo año. Puede que sea, quizá, que las cosas han pasado muy rápido y los cambios han sido muchos. Ya no sé si soy yo o son los acontecimientos los que tenemos una calidad de tiempo diferente.

Han pasado más de once años desde que pisé, por primera vez una redacción en calidad de becaria. Fueron unos meses de verano, en una emisora local de la Cadena Ser. Esta mañana, en el desayuno, una compañera (de La Ser, precisamente) recordaba, entre risas, sus torpes comienzos y su enorme evolución hasta la periodista que es hoy. Reconoce que no puede evitar cierta mirada nostálgica sobre algunos becarios en los que se reconoce y me confiesa que, algún jefe cretino de los muchos que ha tenido, no supo ver en ella las destrezas que luego desarrolló para este oficio. Todo a raíz de que yo le comentara que otro jefe, en otro tiempo y circunstancias diferentes, afirmó un día delante mía: "A los becarios que valen para esto, se les ve el primer día".

Hace once años, yo no era más (ni menos) que una chica de pueblo, con primero de periodismo aprobado y el pelo recogido en una coleta. En opinión de la directora de aquella emisora, en la que no había internet (no, no había), "me gustaba demasiado tocar los botoncitos de los aparatos". Supongo que fue la primera jefa a la que no le caí bien. Luego vinieron muchos otros. 

Admiraba la voz de la locutora principal y me encerraba a diario, en un cuarto al fondo donde se guardaban los discos (sí, los discos), para repetir una y otra vez, los textos de las cuñas radiofónicas. "Hoy, en Linares de la Sierra, gran festejo taurino..." Me obsesionaba que mi voz se pareciera a la de ella y creía que gritar era la solución. Lo hacía tan fuerte que, alguna vez, me riñieron desde la redacción, a pesar de separarnos un largo pasillo. Me di por vencida. La locución de cuñas no era lo mío y me dediqué a buscar mi propia voz y a proponer mis propios temas. En eso sigo.
Después fui becaria en tres medios de comunicación más y, ya con contrato, pasé por otras tres empresas, además de la actual. De todas guardo recuerdos, agradables y desagradables, de anécdotas periodísticas (aburriría a un muerto si me pusiera a escribirlas) y de compañeros. A algunos los cuento entre mis amigos. Vivencias, profesionales y personales, que, en ocasiones, afloran en alguna conversación y que me hacen pensar en el camino recorrido y en el que me queda por recorrer. Ojalá pueda hablar de ellos la mitad de satisfactoriamente que lo hace aquí Ramón Lobo, que dice verdades como éstas:

Hoy el Periodismo es un Titánic que hace aguas en espera de una orquesta que ya no vendrá porque la habrán despedido con 20 días y un hasta nunca. Todo está en crisis: los periódicos, las revistas, las televisiones. Solo se salva la radio, porque aún es útil, porque nos habla y ofrece compañía.

Padecemos una crisis multiplicada, una tormenta perfecta: recesión económica, caída de la publicidad y las ventas, Internet y su cultura del gratis total, nuestra mediocridad y cobardía. Pero la madre de todas las crisis es la inconcebible renuncia de los periodistas a ejercer de periodistas, a ser incómodos, a importunar, a criticar, fiscalizar y dudar, empezando por nuestros jefes.

El buen reportero cuando se sienta a escribir sabe qué quiere defender, por qué está allí.