martes, julio 17, 2012

Crisis y muros


La crisis tiene nombre y apellidos. Claro que los tiene. Por arriba y por abajo. La crisis tiene rostros y abundan en cierta prensa (en otra no, claro) ciertos reportajes que pretenden mostrarlos. Si yo estuviera en activo no tendría que ir muy lejos para encontrar esos rostros.

Tras un mes de "vacaciones forzosas", un despido, finiquito y unos días de paro, la persona que duerme a mi lado ha sido uno de los dos compañeros que sí ha vuelto a su trabajo. Lo hizo ayer mismo, otra vez a través de una subcontrata, de forma temporal y precaria. La mesa de enfrente estará, a partir de ahora, vacía. Recortes en la administración pública, ahorros, ajuste... Palabras que aparecen todos los días en los medios de comunicación pero que suenan a silencio de despertador por las mañanas, a búsquedas, esperas y desesperación.

Sin salirme de mi círculo familiar más cercano, están afectados por expedientes temporales de regulación de empleo dos personas a las que quiero y que viven, cada una a su manera, estos tiempos difíciles. Ayer mismo, una de ellas, que antes trabajaba más 8 y ahora trabaja 5 horas diarias, me confesaba que sufre cierta ansiedad, un estado nervioso que le lleva, como loca, a echar en sus casas las horas que "se siente culpable" (eso dice) de no echar en una empresa que, encima, le debe parte de sus pagas y no le asegura la corriente. La otra, que vive en su empresa una incertidumbre tan bestial que ha hecho irrespirable el ambiente de trabajo, espera la llamada de teléfono que le comunique qué pasará con ella en un futuro cercano. La opción que parece tomar más fuerza es la de pasarse el año que viene sin trabajar, cobrando el paro. La veo preocupada por su futuro, pero no agobiada. Me confesó, mientras almorzábamos ayer, que su fe es lo que le hace ser tan fuerte como se muestra. Me llamó la atención la respuesta, claro, pero es que ella tiene la confianza de que los rezos de su familia y su entorno van a ayudarle en estos momentos complicados. Yo, que estoy en sus antípodas espirituales, me alegro que tenga ese sostén que le permita mantener la cabeza sobre los hombros y no hiperventilar demasiado.

Ellos son los rostros de la crisis, los más cercanos a mi, que me hicieron acostarme anoche preocupada y un poco más triste. Pero no desesperanzada. Eso nunca. Me lo enseña estos días Marcos Ana, del que leo su "Memoria de la prisión y la vida" a la que ha llamado Decidme cómo es un árbol.
Este poeta comunista (o este comunista poeta) pasó los mejores de su vida, entre los 19 y los 41, en las cárceles franquistas. Vivió, además de una Guerra Civil, torturas, hambre, soledad, dos condenas a muerte, enfermedades... Más de 22 años de falta de libertad que le llegaron a borrar de la memoria las dimensiones de las cosas.
¿ La vida ? 
Decidme cómo es un árbol. 
Decidme el canto de un río, 
cuando se cubre de pájaros. 
Habladme del mar. Habladme 
del olor ancho del campo. 
De las estrellas. Del aire. 

Recitadme un horizonte 
sin cerradura y sin llaves 
como la choza de un pobre. 

Decidme cómo es el beso 
de una mujer. Dadme el nombre 
del amor: no lo recuerdo. 

 ¿Aún las noches se perfuman 
de enamorados con tiemblos 
de pasión bajo la luna? 

¿O sólo queda esta fosa, 
la luz de una sepultura 
y la canción de mis losas? 

Veintidós años... ya olvido 
la dimensión de las cosas, 
su color, su aroma... 
 Escribo a tientas: “el mar”, “el campo”... 
Digo “bosque” y he perdido 
la geometría de un árbol. 

Hablo por hablar de asuntos 
que los años me borraron. 
 (No puedo seguir: 
escucho los pasos del funcionario).


Pero, a Marcos Ana, las peores condiciones nunca le arrebataron sus ganas de vivir. En pleno cautiverio escribió este poema:
Mi casa y mi corazón.
(Sueño de libertad)

Si salgo un día a la vida 
mi casa no tendrá llaves: 
siempre abierta, como el mar, 
el sol y el aire. 

 Que entren la noche y el día, 
y la lluvia azul, la tarde, 
el rojo pan de la aurora; 
La luna, mi dulce amante. 

 Que la amistad no detenga 
sus pasos en mis umbrales, 
ni la golondrina el vuelo, 
ni el amor sus labios. Nadie. 

 Mi casa y mi corazón 
nunca cerrados: que pasen 
los pájaros, los amigos, 
el sol y el aire.

Al salir, se convirtió en un incansable luchador por la Democracia.
La venganza no es un ideal político ni un fin revolucionario. Yo quiero el triunfo de la democracia para acabar con el odio y el fratricidio, para que todos los españoles podamos vivir pacíficamente, coincidir o discrepar en la defensa de nuestras ideas sin tener que degollarnos los unos a los otros. Ya se ha derramado bastante sangre en España. La democracia debe traernos la libertad y la democracia a todos los españoles. La única venganza a la que yo aspiro es a ver triunfantes un día los nobles ideales por los que he luchado y por los que miles de demócratas y antifranquistas perdieron su vida o su libertad.


A pesar de las muchas diferencias, éstos también están siendo tiempos de pérdida de libertades. Los muros que nos rodean son de otra naturaleza que los que retenían a Marcos Ana pero están ahí, ahogándonos sin dejarnos ser todo lo libres que nos gustaría. Pero se puede salir de todos los agujeros. Se debe salir. Tenemos que hacerlo. Por puro compromiso con la Vida.
 

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