martes, julio 31, 2012

Flores

 

 Para la fiesta que dimos el pasado sábado por el primer cumpleaños de Cecilia, mi madre compró unas flores blancas que mi hermana dispuso en unas bonitas botellas. Formaron parte de la decoración y fueron testigos de nuestra alegría durante todas las horas que duró la fiesta. A la mañana siguiente, mi madre me propuso que las llevara al cementerio. Así lo hice. Las habíamos dividido en tres floreros y separé cada ramito. Invité a mi abuela a que me acompañara porque a ella le encantan las visitas al camposanto y a mi hacerlas con ella. Puede sonar tétrico, pero no lo es en absoluto. Es una experiencia, divertida incluso, porque para mi abuela los nombres de cada lápida esconden mil y una anécdotas y habla de esas personas como si estuvieran todavía entre nosotros y nunca se hubiera escrito sobre el mármol la segunda de las fechas.

Le coloqué un ramito a mi tía Carmen, que no ha llegado a celebrar con nosotros el primer cumpleaños de Cecilia; otro a mi abuelo y otro a mi padre, que no han podido conocerla. Les quité la envoltura, eché agua a los tiestos y quedaron ahí las flores, con el recuerdo de la fiesta impregnados en ella y sonreí pensando que, de esta manera, compartía con ellos mi alegría de aquel día, igual que comparto, para siempre, su cariño en mi memoria.

 

lunes, julio 30, 2012

Cumpleaños de Cecilia

Esperábamos con muchísima ilusión el primer cumpleaños de Cecilia, un año desde que compartimos con ella nuestras vidas. Por eso celebramos una fiesta que llenamos de colores, chucherías, sonrisas y amigos. Ella, a cambio, nos regaló un día inolvidable y unos ojos llenos de alegría. Con ellos me quedo y con todas estas fotos.



 








Cumpleaños de Cecilia: El Photocool.

 
Es barato, es muy divertido y... ¿Por qué no? Una forma de animar la fiesta e invitar a todos a que se fotografíen con la pequeña de una forma desenfadada. Gracias a Flor y Naza por sus ideas, tiempo y dedicación en todas estas "tonterías" que han hecho del primer cumple de Cecilia, una fiesta diferente.











jueves, julio 26, 2012

Reencuentros

Cuando llegué a Huelva me encontré sobre la pared un mapa del centro de la ciudad. Lo había dejado allí pinchado mi compañera Isa que, siendo cordobesa, conocía la ciudad igual de mal que yo, que había nacido en ella. Encima del mapa coloqué mi rincón-poético-reivindicativo: Unas viñetas de Mafalda, un cartel del 8 de Marzo, algunas canciones (La Belleza de Aute y Ojalá de Silvio Rodriguez), algunas citas ( como "El obrero tiene más necesidad de respeto que de pan", de Marx, o "No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderías hasta la muerte tu derecho a decirlo", de Voltaire) y dos poemas: uno, de Pedro Salinas y, el otro, Itaca, el poema de Kavafis que debería recitar todas las mañanas, como si de un padrenuestro se tratara.

Al volver a la emisora y reencontrarme con ese rincón, me he reencontrado también conmigo misma, con la que yo he sido en los tres años que pasaron desde que me incorporé en Huelva hasta que me fui para tener a mi hija. Y aunque se trata de una vuelta a un lugar conocido, para mí, esta semana, ha comenzado una nueva etapa. Ahora, cuando me voy de casa, mucho antes del amanecer, dejo en mi cama a otra persona más. El primer día se quedó llorando una hora entera. El segundo lloró menos. Hoy he sido capaz de salir de la casa sin que ella note nada. Poco a poco.

Y creo que es una nueva etapa, lo presiento, y no sólo porque yo ya no sea la misma (la maternidad ha cambiado algo dentro de mí, como creo que le ocurre al resto de mujeres), también porque han cambiado elementos de mi entorno. Falta una compañera, a la que quise mucho, y en su lugar ha llegado otro, con una sonrisa siempre dispuesta para ayudarme y alegrarme. Ahora ando peleando con la técnica, porque hasta eso ha cambiado en este año. Y algunas cosas de la ciudad también, aunque menos, como algún bar que recordaba con especial cariño y que ya no es el mismo, lástima.

Lo que no ha cambiado ni un ápice es esa sensación ante el micrófono (o el teléfono), justo antes de entrar, cuando el cuerpo se pone tenso, la voz se prepara y la mente se estructura alrededor de dos o tres ideas que se ordenan y toman forma a través de la palabra. Eso sigue igual que el primer día, aunque mejor, porque con los años he aprendido a disfrutar de ese vértigo que, al menos para mi, vuelve a ser completamente adictivo (y eso que lo tenía casi olvidado). Tampoco cambia el cariño por mis compañeros que me han vuelto a abrir sus brazos para darme la bienvenida y sus ánimos en esta nueva etapa en la que me he convertido en una de esas madres repelentes que van enseñando por ahí la foto de una hija a la que echan tanto de menos. Tampoco, y eso me recoforta, el sabor del café de las mañanas en el bar de siempre, donde antes de llegar saben perfectamente lo que me apetece tomar, mucho antes de que yo misma lo sepa. Como si hubiera sido ayer mismo mi último desayuno.

Me gusta esta ciudad tan humana. Me gusta reencontrarmela.

martes, julio 17, 2012

Crisis y muros


La crisis tiene nombre y apellidos. Claro que los tiene. Por arriba y por abajo. La crisis tiene rostros y abundan en cierta prensa (en otra no, claro) ciertos reportajes que pretenden mostrarlos. Si yo estuviera en activo no tendría que ir muy lejos para encontrar esos rostros.

Tras un mes de "vacaciones forzosas", un despido, finiquito y unos días de paro, la persona que duerme a mi lado ha sido uno de los dos compañeros que sí ha vuelto a su trabajo. Lo hizo ayer mismo, otra vez a través de una subcontrata, de forma temporal y precaria. La mesa de enfrente estará, a partir de ahora, vacía. Recortes en la administración pública, ahorros, ajuste... Palabras que aparecen todos los días en los medios de comunicación pero que suenan a silencio de despertador por las mañanas, a búsquedas, esperas y desesperación.

Sin salirme de mi círculo familiar más cercano, están afectados por expedientes temporales de regulación de empleo dos personas a las que quiero y que viven, cada una a su manera, estos tiempos difíciles. Ayer mismo, una de ellas, que antes trabajaba más 8 y ahora trabaja 5 horas diarias, me confesaba que sufre cierta ansiedad, un estado nervioso que le lleva, como loca, a echar en sus casas las horas que "se siente culpable" (eso dice) de no echar en una empresa que, encima, le debe parte de sus pagas y no le asegura la corriente. La otra, que vive en su empresa una incertidumbre tan bestial que ha hecho irrespirable el ambiente de trabajo, espera la llamada de teléfono que le comunique qué pasará con ella en un futuro cercano. La opción que parece tomar más fuerza es la de pasarse el año que viene sin trabajar, cobrando el paro. La veo preocupada por su futuro, pero no agobiada. Me confesó, mientras almorzábamos ayer, que su fe es lo que le hace ser tan fuerte como se muestra. Me llamó la atención la respuesta, claro, pero es que ella tiene la confianza de que los rezos de su familia y su entorno van a ayudarle en estos momentos complicados. Yo, que estoy en sus antípodas espirituales, me alegro que tenga ese sostén que le permita mantener la cabeza sobre los hombros y no hiperventilar demasiado.

Ellos son los rostros de la crisis, los más cercanos a mi, que me hicieron acostarme anoche preocupada y un poco más triste. Pero no desesperanzada. Eso nunca. Me lo enseña estos días Marcos Ana, del que leo su "Memoria de la prisión y la vida" a la que ha llamado Decidme cómo es un árbol.
Este poeta comunista (o este comunista poeta) pasó los mejores de su vida, entre los 19 y los 41, en las cárceles franquistas. Vivió, además de una Guerra Civil, torturas, hambre, soledad, dos condenas a muerte, enfermedades... Más de 22 años de falta de libertad que le llegaron a borrar de la memoria las dimensiones de las cosas.
¿ La vida ? 
Decidme cómo es un árbol. 
Decidme el canto de un río, 
cuando se cubre de pájaros. 
Habladme del mar. Habladme 
del olor ancho del campo. 
De las estrellas. Del aire. 

Recitadme un horizonte 
sin cerradura y sin llaves 
como la choza de un pobre. 

Decidme cómo es el beso 
de una mujer. Dadme el nombre 
del amor: no lo recuerdo. 

 ¿Aún las noches se perfuman 
de enamorados con tiemblos 
de pasión bajo la luna? 

¿O sólo queda esta fosa, 
la luz de una sepultura 
y la canción de mis losas? 

Veintidós años... ya olvido 
la dimensión de las cosas, 
su color, su aroma... 
 Escribo a tientas: “el mar”, “el campo”... 
Digo “bosque” y he perdido 
la geometría de un árbol. 

Hablo por hablar de asuntos 
que los años me borraron. 
 (No puedo seguir: 
escucho los pasos del funcionario).


Pero, a Marcos Ana, las peores condiciones nunca le arrebataron sus ganas de vivir. En pleno cautiverio escribió este poema:
Mi casa y mi corazón.
(Sueño de libertad)

Si salgo un día a la vida 
mi casa no tendrá llaves: 
siempre abierta, como el mar, 
el sol y el aire. 

 Que entren la noche y el día, 
y la lluvia azul, la tarde, 
el rojo pan de la aurora; 
La luna, mi dulce amante. 

 Que la amistad no detenga 
sus pasos en mis umbrales, 
ni la golondrina el vuelo, 
ni el amor sus labios. Nadie. 

 Mi casa y mi corazón 
nunca cerrados: que pasen 
los pájaros, los amigos, 
el sol y el aire.

Al salir, se convirtió en un incansable luchador por la Democracia.
La venganza no es un ideal político ni un fin revolucionario. Yo quiero el triunfo de la democracia para acabar con el odio y el fratricidio, para que todos los españoles podamos vivir pacíficamente, coincidir o discrepar en la defensa de nuestras ideas sin tener que degollarnos los unos a los otros. Ya se ha derramado bastante sangre en España. La democracia debe traernos la libertad y la democracia a todos los españoles. La única venganza a la que yo aspiro es a ver triunfantes un día los nobles ideales por los que he luchado y por los que miles de demócratas y antifranquistas perdieron su vida o su libertad.


A pesar de las muchas diferencias, éstos también están siendo tiempos de pérdida de libertades. Los muros que nos rodean son de otra naturaleza que los que retenían a Marcos Ana pero están ahí, ahogándonos sin dejarnos ser todo lo libres que nos gustaría. Pero se puede salir de todos los agujeros. Se debe salir. Tenemos que hacerlo. Por puro compromiso con la Vida.
 

lunes, julio 09, 2012

En modo vuelta

"Siempre es bueno tener un sitio al que volver", me escribió cariñosamente mi jefa cuando le comuniqué mi intención de volver al trabajo a finales de este mes. Lleva razón. Son tiempos difíciles y puedo sentirme privilegiada por haber disfrutado, junto a Cecilia, de todos los momentos de su primer año.


Ha sido (está siendo) un año muy especial. He vivido en una felicidad doméstica sin horarios ni otras preocupaciones que no fueran las estrictamente personales. Toca volver a aquella vida, que era la mía antes de ésta. Toca, también, volver a asomarme al mundo desde esa posición privilegiada que me ofrece mi trabajo. Recuerdo que, antes, adoraba mi Profesión. Debo seguir haciéndolo porque pienso en la vuelta y las expectativas le ganan la batalla a la nostalgia por este tiempo que todavía no ha terminado.

Será duro. Lo es para todas las madres que tienen que dejar a sus niños en una guardería o con otros cuidadores. Lo será, además, porque la dejo a 100 kilómetros y será casi insoportable cuando, tras una noche mala, el despertador vuelva a sonar a las 5,30. Pero pienso en todo lo que me queda por vivir y por contar y me ilusiono; y conservar esa ilusión es lo que me hace darme cuenta de cuánto me gusta mi trabajo a pesar de sus miserias y de haber estado más de un año alejada del ruido. 

Ahora, además, tendré, al volver a casa, una nueva razón, de ojos enormes, para tener ganas de vivir y trabajar. Una importante razón para poder llevar lo mejor posible la difícil misión de madre trabajadora.