martes, junio 19, 2012

Albores



Para todo hay un principio, hasta para la vida romera. Ésta ha sido la primera romería de Cecilia, que la ha vivido tan intensamente como nosotros.

Reconozco que me emocioné, al salir del Calvario con ella en brazos.  

Se me llenaron los ojos de lágrimas pensando que, la última vez que vine a la romería hice el camino a pie, junto a la carroza y ahora, detrás de ella, iba con mi niña en brazos y mi sueño de aquel año se había hecho realidad éste.




Se ha puesto todos los vestidos.


Tres tiene de las manos de tres costureras.

 Tres vestidos que encierran todo el cariño de tres personas que quieren tanto a Cecilia como su madre a ellos. 

Cecilia ha alucinado con "las jacas" y todavía las llama, a pesar de que ya haya terminado la romería.  

Y ha vuelto al baño improvisado, esta vez en un lavabo...
 
... Y ha hecho su primer camino devuelta, de peregrina, en las espaldas de su padre.

Nosotros hemos vivido con ella todos los momentos que nos han permitido sus diez meses de vida y podemos presumir de haber vivido una romería muy especial.

martes, junio 12, 2012

Las cosas de mi abuela


En alguna de las siestas de mi niñez, en las que deambulaba por la casa de mis abuelos (una casa de tres plantas, dos de ellas deshabitadas), descubrí un cajón lleno de fotografías en blanco y negro. Pasé horas con ellas, observando detenidamente a sus protagonistas (algunos me resultaban conocidos, la mayoría no) y fijandome en los detalles de aquellas instantáneas: una esquina, un paisaje, el diseño de una botella de refresco... las ropas, los peinados y, sobre todo, esos pequeños detalles hablaban de otra época, una que parecía bastante más feliz que ésta, aunque sólo fuera por las sonrisas que lucían los retratados. Yo jugaba, en mi aburrimiento sestero, a dar vida a aquellas escenas inanimadas. Imaginaba las vidas de las personas que aparecían en ellas: Aquí, unas en el campo, alrededor de una manta llena de bebidas y comida; allí, dos encima de un burro en una romería; más allá, otros en lo que parecía ser el banquete de una boda o bautizo. Mi abuela salía en algunas de ellas, unas décadas más joven y con un pelo más abundante aunque con el mismo tono rubio que ha tenido hasta hace pocas fechas, milagros del tinte.

La otra mañana quise recuperar aquellas fotografías. Sabía que nadie en mi casa les daba la importancia que les daba yo, así que volví al cajón donde las dejé hace 10 o 15 años, pero ya no estaban. Le pregunté a mi abuela por ellas y me respondió, seca:

-Las hice cachitos muy pequeños y las tiré. 

- Pero, ¿Por qué?- Le pregunté, intentando contener mi rabia.

-Para que, cuando yo me muera, no anden por ahí los retratos dando tumbos. 

Yo le solté una perorata larguísima sobre su falta de derecho a privarnos de algo que formaba parte de nuestra historia familiar, independientemente de que saliera ella o no saliera en las fotografías. Conforme más hablaba, más me enfadaba. Ella me miraba divertida, con una sonrisa en los labios. Yo seguía con mi argumentación y ella con su sonrisa. Ya casi me asomaban dos lágrimas, recordando tantas escenas en blanco y negro hechas ahora pedacitos, cuando le hablé de lo "inspiradoras" que eran para mi aquellas fotografías que ella había eliminado sin consultar con nadie. Ella se rió de verdad de mi petulancia.


- Pues que sepas que he tirado un montó de mierda.

Ésa fue la palabra que utilizó, mierda. Entonces me entraron ganas de ir al servicio. Entré en su baño recientemente reformado, levanté la tapa, me senté en el wáter y, al levantar la vista, mis ojos se posaron en el mueble con espejo de encima del lavabo y allí estaba, como siempre, desde que tengo memoria, el horroroso adorno de jabón con forma de gato, que ni es pastilla de jabón del todo ni adorno del todo, aunque en cualquiera de sus dos manifestaciones sea igual de horrendo. En aquel baño nuevo, con su ducha nueva, su suelo nuevo y sus azulejos nuevos, seguía estando aquel engendro blanco y jabonoso. 

Y, cuando más enfadada estaba, tuve que reírme, pensando en el concepto de mierda que tiene esta mujer, a la que quiero tanto.

jueves, junio 07, 2012

Primeras romerías



Maruja, Victoria, María Jesús, Tomás y los dos Joaquines montaban su caseta debajo de una enorme encina y convivían entre risas y complicidades porque eran amigos de los de toda la vida. Son los protagonistas de mis primeros recuerdos romeros. Durante los días de romería, no quedaba claro quiénes eran los abuelos de qué niña. Todos disfrutaban de nosotras, nos enseñaban letras de sevillanas, nos convidaban a los cacharritos, nos daban de comer, participaban de nuestros juegos y, cuando llegaba la noche, a veces no les daba ni tiempo a quitarnos el traje de gitana y nos llevaban, medio dormidas, al dormitorio improvisado con colchones en el suelo que se escondía tras una lona.

Las romerías han ido pasando y de aquello hace pronto 30 años. Aquella caseta de amigos, que se convirtieron en abuelos, ya no se monta. Faltan Tomás y los dos Joaquines. Ellas van cumpliendo años y ya viven la romería de otras maneras. Desde que no está la caseta, no he vuelto a pasar por allí. Prefiero seguir pensando que, debajo de la sombra de aquella encina seguimos todos, abuelos y nietas, alrededor de la candela, riendo a carcajadas.

Ahora busco la sombra de otra encina. Debajo de ella vamos a montar una caseta diferente a aquélla, pero que también será especial. Será la primera caseta de mi hija y de los hijos de mis amigos. Martina, Cecilia, Jimena y Lola disfrutarán de su primera romería con Eduardo, Héctor, Carla, María y Rafa. Nueve niños para los que apenas está empezando una historia romera que les traerá año tras años a La Corte. Será de nuestra mano, primero, y con sus amigos, parejas y familias, el resto de sus vidas.

A Cecilia le hablaré de su primera romería cuando tenía 10 meses y le contaré que ese año, precisamente, nos guió hasta La Corte un gran antoniano y mejor persona, al que querrá siempre como parte de su familia: Nuestro amigo Enrique Acción Navarro.

Ella y sus amigos vivirán muchas romerías y espero que guarden de sus primeras experiencias un recuerdo tan agradable como el que guardo yo. Ojalá ellos primero, y sus hijos después, se acuerden de nosotros con el mismo cariño con el que yo recuerdo a mis abuelos y a sus amigos. Eso querrá decir que habremos vivido muchos junios, que lo pasamos bien y fuimos felices.

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**Hace unos meses, mi amigo Enrique Acción Navarro nos pidió a algunos de sus amigos que escribiéramos algún texto para el programa de mano de la romería de San Antonio de Padua de Cortegana. Mi amigo, además de miembro de este Hermandad, este año es el Hermano Mayor de todos los antonianos, por eso me sentí feliz de que me encomendara una tarea que yo hice diligentemente. Por un error de imprenta (o algo así) ni el texto que acaban de leer, ni la fotografía que lo acompaña, se ha incluído, finalmente, en la revista. Aún así, quería compartirlo con ustedes.