martes, mayo 29, 2012

Creciendo



Mi hija ha adquirido una destreza alucinante en los últimos días. Ha sido todo muy rápido y ha ocurrido así, sin más, delante de nuestros ojos. Desconozco los secretos de los niños de su edad en lo que a motricidad se refiere (es mi primera hija) pero, la verdad, es que estoy sorprendida. En pocas fechas ha pasado de sostenerse sentada apenas a dar sus primeros pasos, cogida solo de una mano y a mantenerse largo tiempo, de pie, ella sola. Lo hace sin darse apenas cuenta y todos los de su alrededor, que todavía no hemos podido digerir estos cambios tan rápidos, ni parpadeamos en los segundos en los que ella, distraída, suelta las manos de sus agarres para, por ejemplo, tocar las palmas. 

Son días de cambios, de no poder ni pestañear si no quieres perderte lo próximo. Como todavía se puede y antes de que el tiempo gire sobre sí mismo y vuelva a ponernos al borde del precipicio de los 40 grados, todas las tardes vamos a visitar los parques cercanos. Ella, que tiene cierta "hiperactividad  social", saluda a todos los niños y a todos los padres que le rodean y ha desarrollado un desconocido amor por los perros. Es capaz de verlos a metros y llamarlos a gritos. Anoche mismo, una joven que corría con su perro se paró ante las llamadas de atención de la niña y le dejó acariciar a su mascota. Ella lo hizo sin asustarse, ilusionada y gritando "gua gua, gua gua" todavía más fuerte.

Está más estilizada, más ágil y más fuerte. Pero, sobre todo, está más independiente. Estos días he podido ir a caminar sola, al cine y hasta a pasar la itv al coche. Ella se ha quedado contenta y tranquila con su tía y su abuela. Y eso me alegra y también me da nostalgia porque me temo que se acerca el momento de bajarme de esta feliz nube en la que he pasado los últimos 10 meses.

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