miércoles, abril 11, 2012

El fin de una época


"Este oficio tiene un papel que cumplir en la sociedad, una responsabilidad con los ciudadanos. Un oficio que no debe someterse a la rentabilidad y al éxito, por más que las circunstancias, en ocasiones, parezcan indicar lo contrario. Los valores esenciales de la profesión deben mantener inalterable su vigencia".
Al poco tiempo de empezar a trabajar comencé a cubrir información política. Tenía 23 años y seguía siendo la misma joven de provincias, hija de viuda y nieta de vendedor ambulante. La única diferencia es que, ahora, me paseaba por los pasillos del Palacio de San Telmo, me encontraba con consejeros de la Junta a diario, me conocían por mi nombre en la sede de los partidos políticos, entraba y salía del Parlamento a mis anchas y me invitaban a canapés en hoteles y hasta a almorzar en restaurantes que no podía pagarme.

De mi habla, aunque sin decir mi nombre, Iñaki Gabilondo en su libro El Fin de una Época. Él lo hace hablando de un joven periodista cuando aplica a las relaciones entre periodismo y poder la parábola de Schopenhauer sobre la distancia que han de guardar los puercoespines en invierno para no morir de frío (si están muy lejos) ni herirse con las púas (si están muy cerca). En ese equilibrio de distancia y acercamiento he pretendido moverme en mis años de ejercicio. Sobra decir que a veces lo he conseguido y a veces no. También en mi vida privada me cuesta hacerlo.

"El conocimiento solo se alcanza cuando la información hace carne en ti y eres tú quien la metaboliza con esfuerzo a través de otros procedimientos que permiten entender lo que ocurre".

Acabo de terminar el libro de Iñaki Gabilondo y reconozco que esperaba que fuera más ambicioso aunque no puedo negar que se moja. Reparte a Pedro J. y a Jiménez Losantos y reconoce, sin pudores, su filias socialistas. Nada que no supiéramos. Lo hace novedoso leerlo de su puño y letra. 


"Este oficio sólo tiene sentido si te importa el destinatario". "En esta profesión o tienes fuego o no vales"

Lo realmente interesante del libro es su intención de dirigirlo a los periodistas incipientes y a los jóvenes que deciden entrar en las facultades de comunicación. Le falta, quizá por desconocimiento, algún guiño a la difícil situación laboral de los que trabajadores de los medios de comunicación y no sólo en lo que se refiere a presiones a la hora de informar. Estaba pensando ahora en la precariedad de una profesión donde, mientras se desmorona, seguimos hablando de valores. 
"La rentabilidad se está imponiendo del todo, de la manera que la lógica de las redacciones está siendo completamente sometida a la del gerente; la lógica de la industria de la comunicación se ha apoderado de la comunicación".

Desde que saliera a la luz el texto (marzo de 2011) hasta hoy, he perdido la cuenta de los medios de comunicación que han cerrado (la propia CNN+ o el diario Público, por ejemplo) y los que han despedido a trabajadores (La Voz de Cádiz o Radio Granada, por referir los más inmediatos).


"Mientras unos van al trabajo y otros a buscar trabajo, mientras unos van a la mina y otros al banco, quien se queda de guardia en el periodista para vigilar qué tal se porta el poder".

Yo sí le hablaría de esto al valiente de 18 años que decidiera rellenar la misma matrícula que rellené yo y, además, le regalaría el libro de Gabilondo que tiene referentes tan altos como Montanelli o Kapuscinski, que ahonda en explicar las diferencias entre información y conocimiento, que recomienda machaconamente ceñirnos a nuestros principios éticos, que define éste como un trabajo en equipo y que critica la tendencia al espectáculo en las informaciones y la dificultad que entraña el hecho de que, en un mundo cada vez más complejo, los periodistas tengamos cada vez menos tiempo.

1 comentario:

Junlus dijo...

Genial tu texto, siempre sagaz y aguda. Eres una gran periodista, aprendí mucho teniéndote de compañera. Te mando un gran abrazo!.