lunes, abril 16, 2012

Cazando elefantes

El rey es un elefante. Grande, viejo y cojo. El rey es un elefante. Gris y medio enfermo. En la parte de África donde los elefantes no se cazaban, sino que morían de viejos, no había restos de sus esqueletos. Lo cuenta Ryszard Kapuscinski en su libro Ébano.
El cómo morían los elefantes era un secreto que los africanos habían guardado frente a los blancos durante mucho tiempo. El elefante es un animal sagrado y también lo es su muerte. Y todo lo sagrado está protegido por el más impenetrable de los misterios. La admiración más grande siempre la había despertado el hecho de que el elefante no tenía enemigos en el mundo animal. Nadie era capaz de vencerlo. Sólo podía morir (tiempo ha) de muerte natural. Esta solía producirse al ponerse el sol, cuando los elefantes acudían a sus abrevaderos. Se detenían en la orilla de un lago o de un río, alargaban las trompas, las sumergían en el agua y bebían. Pero llegaba el momento en que un elefante viejo y cansado ya no podía levantar la trompa y para saciar la sed tenía que adentrarse en el lago cada vez más. Y también cada vez más, sus patas se hundían en el légamo. El lago lo succionaba, lo atraía a sus insondables profundidades. Él, durante un tiempo, se defendía agitándose, intentando liberar las patas de la tenaza del légamo para poder regresar a la orilla, pero su propia masa resultaba demasiado grande y la fuerza del fondo era tan paralizante que el animal, finalmente, perdía el equilibrio, se caía y desaparecía bajo las aguas para siempre

El rey es un elefante. Con la piel casi tan dura como la cabeza. El rey es un elefante y anda tambaleándose. Si quisiera morir de viejo, plácidamente, y abandonarse a las aguas de algún lago o río, no podría. Antes de que llegara ese momento, algún excursionista europeo, puede que él mismo vestido con botas y pantalón corto, le dispararía un tiro que atravesaría su dura piel de elefante. Y moriría, sorprendido, de que haya hombres tan poco civilizados que cazan elefantes sólo por diversión.

P.D. De la aberración de que un rey español cace elefantes se ha dicho ya casi todo en blogs, digitales y redes sociales. Aquí algunos ejemplos:
http://www.elconfidencial.com/opinion/notebook/2012/04/15/historia-de-como-la-corona-ha-entrado-en-barrena-9048/
http://blogs.elpais.com/micropolitica/2012/04/y-si-no-se-hubiera-caido.html
http://cenicientaenpijama.blogspot.com.es/2012/04/reyes-y-circos.html
http://cartasmarcadas.wordpress.com/2012/04/16/no-pienses-en-un-elefante/
http://miguel-gonzalez-quiles.blogspot.com.es/2012/04/14-de-abril-jaque-al-rey.html


Sin embargo, en las noticias, me sorprende que el debate generado se solape con los continuos directos a la puerta de una clínica sobre la evolución clínica del monarca. No creo que detrás de los últimos acontecimientos (imputación de Urdangarín, exclusión de la Casa Real de la nueva Ley de Transparecia, disparo del nieto del rey, de trece años, en su propio pie -14 años es la edad legal para manejar armas de fuego, acompañado de un adulto-  y ahora el accidente en la cacería) esté la preocupación de los ciudadanos por el estado de salud de los Borbones, más bien creo que lo que se está generando es un rechazo a la Monarquía. Y yo que me alegro.

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