viernes, marzo 02, 2012

La culpa

El día del parto no sólo ganamos un hijo, también nos llevamos a casa un desmesurado sentido de la culpa. Viene implícito con la maternidad. Si ya de por sí la culpa es un sentimiento más femenino que masculino, la maternidad lo acrecienta hasta límites insospechados. Culpa porque llora, culpa cuando se calma por no haberle sabido cortar el llanto antes, culpa si no come, culpa si come demasiado, culpa por cogerle en brazos, culpa por dejarlo llorar en la cuna, culpa por sacarlo de paseo, culpa por no sacarlo de casa, culpa porque tiene hambre, culpa porque tiene sueño....
Podías haber sido hasta ahora una mujer libre de toda culpa. No importa. El sentimiento te sobreviene el mismo día del nacimiento y puede que no te abandone en años, en lustros, en decenios... Puedes que arrastres la culpa hasta el momento mismo de ver salir a tu hijo por la puerta, con sus maletas, para volver a casa de visita.
En el club de las madres recientes, a menudo bromeo sobre el concepto de culpa. Lo hago cuando una de mis amigas me cuenta, conteniendo las lágrimas, que tiene que dejar de dar el pecho a su niña de casi cuatro meses, que no para de llorar de hambre. Vuelvo a hacerlo cuando otra baraja, entre las posibles causas del resfriado de su bebé, un exceso de mantas y de calor doméstico. Si hay que dejarlo en la guarde, si se nos ha estreñido, si tiene diarreas... Por mi culpa, por mi culpa, por mi santa culpa....
Ninguno de nuestros hijos va a quedar marcado para siempre por tener moquitos al mes de vida, ni por haber llorado por hambre durante algunas tardes, ni por haberse hecho un chichón cuando aprendía a andar. Eso es seguro porque ninguno de los adultos que leemos esto lo recordamos y seguro que lo vivimos. Lo ideal sería que no guardaran tampoco la imagen de sus madres sintiéndose culpables de absolutamente todo lo que les pasó, por acción u omisión.
Me he propuesto luchar contra la culpa, desproveer de este sentimiento mi experiencia como madre reciente y ayudar a mis amigas a que también se libren de él. El objetivo me parece importante: que nuestros hijos disfruten de sus madres como mujeres libres y valientes.

1 comentario:

Jose Antonio Montaño Gordo dijo...

Cuando tengas el segundo te daras cuenta que más que culpa es inesperiencia.
Es más lo que te llenará de alegría con sus primeras palabras,sus primeros pasos cuando te diga mama y cada cosa que haga que para otros no será pura anecdota pero para ti será algo grade.
Un saludo desde el silencio.