miércoles, marzo 07, 2012

Karanka

En la vida todo deberíamos tener a mano un Karanka al que sacar a hablar cuando la cosa no nos conviene. O cuando se pone incómoda. O cuando, simplemente, estamos cansados o nos aburre contestar.
Nuestro Karanka podría responder las incómodas preguntas de esos conocidos que te paran por la calle y quieren ponerse al día de tu vida. Ésos que no conocen el límite de la impertinencia. Nosotros, mientras, podemos estar bebiendo una cervecita en el bar de al lado.
Si hay que atender a una visita inesperada, podríamos hacer que nuestro Karanka saliera a recibirla, le pusiera bizcocho, café y una sonrisa, mientras nosotros leemos tranquilamente sobre la cama, a puerta cerrada, en pijama y bata.
Podríamos enviar a nuestro Karanka a realizar todas esas aburridas tareas burocráticas, que a mi personalmente me sacan de quicio. Que rellene formularios y guarde número mientras nosotros paseamos por la orilla del río, levantando el rostro al sol.
Yo pondría a mi Karanka a soportar ciertas ruedas de prensa de políticos que se tiran más de una hora dándole vueltas a tres ideas que repiten hasta la saciedad. Mientras yo podría estar sacando otros temas que me interesaran más a mi y a la ciudadanía y que requieran más tiempo para elaborarlos y se encuentren fuera de la agenda.
Y si una noche tu pareja tiene ganas de marcha y tú ninguna, ya no hace falta que digas eso de "me duele la cabeza" o "no me encuentro bien". Ahora bastaría con que le dijeras: "Cariño, dejame dormir que ahí tienes a Karanka".

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