jueves, enero 26, 2012

Retiro

Hoy se cumplen 17 años de la muerte de mi padre. He tenido que echar las cuentas un par de veces porque me cuesta creer que haya pasado tanto tiempo. Los 26 de enero son días difíciles pero no los único, ni mucho menos, en los que lo recuerdo. Lo hago constantemente, siempre con el miedo de que un día mi edad supere la suya, que se quedó para siempre como un joven padre de 36 años.
Es el primer aniversario de su muerte que paso como madre. Es una lástima que Cecilia no vaya a conocer a ninguno de sus dos abuelos, que tanto la habrían querido. Y, como en este día triste por dentro pero apacible por fuera, yo necesitaba una dosis extra de paz y abrazos, me he colgado a la pequeña y me he retirado de la ciudad sin marcharme de ella. No sé si muchos sevillanos habrán descubierto el mundo aparte dentro de Sevilla que es el Monasterio de La Cartuja.
No es la primera vez que lo elijo para pasear y para pensar. Me sirvió de mucho alguna mañana fresca en la recta final de mi embarazo.
Rodeada de preciosos limoneros, palmeras y naranjos, es un paseo agradable y sorprendentemente silencioso (no se escucha apenas nada, a pesar de estar tan cerca de dos avenidas y de la obre de la Torre Pelli), donde pega el sol con la fuerza suficiente como para hacer parada en alguno de sus frescos palacetes-palomares.
Cecilia ha tardado poco en reposar su cabecita en mi pecho y quedarse dormida, así que no ha disfrutado del final de este paseo entre arte contemporáneo.
Las exposiciones, que estarán algunas semanas más, están dedicadas al mundo de la Arquitectura. Pero, a pesar de que Arte Contemporáneo y Arquitectura son dos conceptos que me encantan, de todas las muestras me quedo sólo con algunos mensajes, como esta cita de Robert Mussil: A las ciudades se las conoce, como a las personas, en el andar.
Y como por el andar se nos conoce, de eso se trata, de seguir caminando. Con todo lo que conlleva de despedidas y bienvenidas. Porque, si algo ha tenido de diferente este aniversario nefasto, es porque lo he pasado acompañada por mi hija. Y, sí, caminar con ella me ayuda a que cada vez duela menos, a poder recordar sin tanto dolor, a que todo cobre un nuevo sentido.

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