miércoles, diciembre 26, 2012

Emoción



Los que odian la Navidad les otorgan a estas fechas una trascendencia que no veo normal. Si no les gusta, no entiendo por qué le dan tanta importancia, aunque lo hagan "por defecto". Esta mañana, sin ir más lejos, una compañera me decía que el 24 se acostó a las diez de la noche. A mi la Navidad me encanta, tanto como la Vida y no de una forma especial.

Ésta, en concreto, la estoy viviendo de forma intensa por varios motivos. Uno de ellos, porque me está tocando trabajar y no está siendo fácil compaginar trabajo y familia, más cuando se quiere llevar todo a la vez y están separados por cientos de kilómetros.

El día de la Lotería, que empezamos tomándolo como un día de fiesta y convivencia en la emisora...



... Acabó siendo un día de trabajo histórico porque pudimos contar que, por primera vez en 200 años, un onubense había comprado, en esta provincia, un décimo de El Gordo. Sólo un décimo que, a nosotros, nos hizo desplazarnos a Villarrasa y conocer a la humilde y feliz familia de Pedro Medina, un hombre que pasará a los libros de historia por la bonita casualidad de haber nacido en el 58.



Pero de todo lo que estoy viviendo esta navidad, me quedo con esta sonrisa:

Mi hija, que empieza a dejar de ser un bebé para empezar a convertirse en una niña que no para de querer jugar, hablar, reir y caminar. Y descubrir eso me ha emocionado, muchísimo, sobre todo cuando la veo correr por las cuestas de mi pueblo.


Y no sé si será por las fechas, o por la emoción, o por la conciencia de que tengo que empezar a preocuparme por la educación de mi hija, pero este vídeo me ha hecho llorar a moco tendido. Todo tiene que ver, lo que pasa aquí con lo que pasa en cualquier lugar del mundo. Ojalá todos pudieran vivir con sus familias la felicidad que yo vivo en estos días, y siempre. Ojalá aprendiéramos a escuchar y a perdonar. Ojalá todos los cuidadanos del mundo pudiéramos vivir en libertad



domingo, diciembre 16, 2012

Miguel y la amistad





La mamá de Miguel y yo éramos amigas desde mucho antes de saber el significado de esa palabra. Por eso aparece, disfrazada de Sisí Emperatriz, detrás de mi, que soy la única versión de Caperucita con botas ortopédicas que he visto en mi vida.

Y éramos amigas, desde antes de saberlo, porque a nosotras nos vino la amistad heredada. Como a Miguel le viene en los genes esa boca, igualita a la de su madre, o ese pelo fuerte como el de su padre. Además de nosotras, entre los amigos que tengo la inmensa suerte de mantener, y que tantas alegrías me están dando, hay otros casos de amistades heredadas, como la de Maripi o la de Sara. Todo porque nuestros padres pertenecían a la misma pandilla, en algunos casos desde el colegio, en otros desde sus primeras romerías. Además, algunos de mis amigos han compartido su vida desde la guardería, que ya son años. 

Entiendan, pues, que me sienta tan orgullosa de ellos y que, como en el caso del reciente nacimiento de Miguel, sienta unas ganas imperiosas por ver cómo es y de besar a sus padres y abuelos. Porque yo sé que este niño es un miembro más, un miembro muy especial, de la enorme familia que me han dado mis amigos de toda la vida. Por eso mi hija, que acudió con nosotros a conocerlo, ya ha aprendido a llamar por su nombre a su nuevo primito, aunque nosotros sólo escuchemos "Iééééé".

"Primero criamos a las madres y ahora a los hijos", me dijo Loli, la madre de mi amiga Miriam, cuando nos despedíamos en el hospital. Y pasó por mi imaginación todo esto que he contado: Una vida compartida desde que éramos bebés, luego niñas que cantaban las canciones del coro romero con sus padres, después adolescentes que se sentaban primero juntas, y luego separadas, en la misma clase del instituto, más tarde universitarias de juerga flamenca por Sevilla hasta llegar a ser las mujeres que somos, sin perder nunca la lealtad a nuestra amistad primera. 

Mi amiga Miriam, que es una tía muy práctica e inteligente, me presentó, en una de aquellas noches de juerga flamenca, a Ángel, el hombre más formal y sensato que he conocido nunca. Se quedó con él para siempre. Ahora son los padres de Miguel Ocaña Mozo y nos tendrán a los demás para lo que necesiten, sobre todo para compartir las muchas alegrías que les va a dar este niño precioso y enorme. Bienvenido, Miguel.

lunes, noviembre 26, 2012

Amar desesperadamente




Aquél era un octubre cálido y nosotros, tan jóvenes, como para enamorarnos hasta los huesos. Ese día, como todos los octubres, había fiesta en el cuartel del pueblo. Reíamos, comíamos y bailábamos, felices, hasta que él me sacó de la fiesta. Me llevó, de la mano, hasta un lugar aparte. Subimos una escalera y nos sentamos en un umbral desde el que veíamos todo el patio empedrado, en el centro del cuartel, donde la fiesta continuaba. Creo que todavía no había anochecido. Nos besamos. Nos abrazamos. Puede que nos dijéramos lo mucho que nos queríamos. Entonces él empezó a llorar. Era un llanto incontenible que no lo dejaba hablar. Empecé a asustarme. No podía creer que, precisamente, en ese momento mágico, fuera a decirme que me dejaba. Le pregunté por qué lloraba una y otra vez. Él seguía sin poder hablar y a mi se me vino a los labios, de pronto, una risa nerviosa que no podía parar tampoco. Por fin pudo hablar. Lloraba porque era muy feliz, eso me dijo.

Si la Tierra se hubiera parado en ese instante, hace ya 13 años, yo hubiera terminado mi vida creyendo ser una de las mujeres más felices. Pero no lo hizo y siguió con sus rotaciones y sus traslaciones y nosotros con nuestra vida y nuestra relación que nunca volvió a emocionarle tanto como aquel día hasta el nacimiento de nuestra hija.

Esta mañana lo he dejado acostado con ella, intentándola consolar cuando ha empezado a llorar porque ha sentido la ausencia de su madre. He arrancado el coche, he escuchado las noticias pero me he cansado pronto de ellas. Entonces he puesto uno de los cedés que ruedan por el coche y ha sonado esta canción de Manolo García que, en su estribillo, dice:
Todos amamos tan ciegamente alguna vez
que moveríamos el mundo con una sola palabra.
Todos amamos desesperadamente
mientras el pájaro metálico escapa
de su jaula de caña.
Todos amamos tan ciegamente alguna vez
cuando amamos desesperadamente.

Y me ha venido al recuerdo la escena de la fiesta en el cuartel y todo el camino que hemos recorrido hasta ahora, que sigo sintiendo las mismas ganas de embarcarme con él en esta aventura que es la vida y sus compromisos.

miércoles, noviembre 21, 2012

El día que conocí a una miembro de los GRAPO



Se movía con tanta seguridad que me parecía una de las trabajadoras. Nos recibió a la delegación de externos con una sonrisa, colocó en la solapa de la directora de cine mexicana y del actor argentino a los que acompañábamos, un adorno artesanal y nos explicó a todos que era la doceava Llave de la Libertad que entregaban los internos de la prisión de Huelva en el marco del Festival de Cine Iberoamericano.  Mientras esperábamos a que terminara la proyección de la película, otras periodistas y yo entablamos conversación con ella. Nos regaló un adorno a cada una, nos contó que lo habían hecho ellas mismas y sólo entonces nos dimos cuenta de que se trataba de una reclusa. Todavía estaba en pleno cambio de esquemas cuando me preguntó si lo había hecho bien (ser refería a su discurso de bienvenida), le dije que genial pero le fui sincera: "Para la próxima, no digas doceava, sino décimo segunda". Ella se puso colorada, se lo escribió en un papel y reímos un rato. Volví a olvidarme de que en cárcel se está siempre (o casi siempre, vete a saber) por algo. No es un campamento de verano.

Cuando el debate entre la gente del cine y los internos terminó, un grupo reducido de apenas cinco reclusos, siguió con nosotros. Entre ellos, Esther, la chica que nos recibió. Seguimos un rato hablando. Con el micrófono abierto, nuestra conversación duró menos de un minuto en el que me confesó lo mucho que le gustaba esta iniciativa de traer el cine a la cárcel y me contó que ella y sus compañeros ponían en antena un programa de radio. Le pregunté que cuántos años llevaba en prisión. "LLevo dos, pero me quedan algunos más". Apagué el aparato de grabación y lo guardé. Entonces siguió: "150 años más". Notó mi sorpresa. Ya llevábamos un rato juntas y la suficiente poca confianza como para que me atreviera a preguntarle "¿Qué carajo has hecho tú para que te caigan 150 años?"
 
Podía haberme mandado a la mierda. Estaba en su completo derecho. Hay internos (me encontré con algunos) que son muy reservados sobre estos asuntos. Ella no y empezó por lo importante. "Lo mío es un delito de terrorismo". Repasé lo que sabía de ella hasta ahora y ni su acento ni su forma de comportarse se adecuaban a los cánones. "Sí, sólo estuve dos años, de los 19 a los 21. Me captaron los GRAPO y aquí estoy porque mataron a dos guardas de Prosegur en el asalto de un furgón en Vigo y hay una señora que dijo, en el juicio, que creyó ver a una chica morena parecida a mi a dos kilómetros del lugar de los hechos". La foto de su ficha aparece en esta información de El Mundo:

Condenan a 5 miembros del GRAPO por matar a dos vigilantes en Vigo



Me contó la historia de forma un poco más extensa: Reconoce que perteneció a la banda durante dos años "porque me enamoré de uno de los malos" y que, cuando se dio cuenta de que aquello no era una broma y mataban a personas pidió la baja. Sus compañeros la amenazaron y ella vivió en un estado de miedo y alerta constante hasta su detención por la Policía, a la que ella temía bastante menos que a los suyos. Para cuando esto se produjo, habían pasado siete años desde su deserción y ella se había convertido en una mujer que salía de desayunar del bar sevillano que estaba junto al colegio de su hijo de cinco años. Lo de que se enamoró de uno de ellos y que la Policía la detuvo en Sevilla, lo confirma esta otra noticia.

La grapo Esther González, detenida en Sevilla tras ser condenada por volar el furgón de Vigo



"De película, lo mío fue de película", concluyó. A estas alturas de la su versión de los hechos, ella misma me hizo ver que algo no encajaba: ¿Cómo es que una interna, acusada de terrorismo, campa a sus anchas por la prisión y participa en las actividades socio-culturales? Los terroristas tienen plaza reservada en un módulo específico del que no salen jamás, según me explicó.

Esther lleva dos años en la cárcel y le quedan todavía 150 para pagar por un delito que ella misma reconoce haber cometido (hablo del de pertenencia a banda armada) y sabe que, si el fin último de las penas de cárcel es la reinserción del sujeto en la sociedad, ella ya estaba reinsertada desde mucho antes de que la detuvieran. Por eso goza de la libertad que goza y por eso, asegura, que la propia dirección de la prisión está moviendo los papeles necesarios para pedir su indulto, el caballo al que ha apostado todas sus esperanzas de volver a reencontrarse con su madre y con su hijo. En la actualidad, hay hasta un grupo de Facebook que pide su libertad y tiene casi dos mil adhesiones.

Sus palabras me han dejado muy tocada desde ayer, he pensado mucho en ella en las últimas horas y he acudido a las hemerotecas. El suplemento Crónica, de El Mundo, recoge un texto escrito desde la cárcel por el cabecilla del grupo al que pertenecía Esther y confirma lo de su deserción voluntaria. "Ella acabó marchándose también, al poco tiempo, pero por su propio pie", escribe Fernando Silva Sande aquí. Sigo leyendo sobre este tema y descubro una información en la que se habla de un juicio contra este cabecilla por haber violado a algunas de sus compañeras, entre ellas, la propia Esther.

Silva Sande, de camarada ejemplar a violador sanguinario y chivato


Esta otra información, recoge parte de su declaración ante la Policía, en la que ella misma habla de ese tema. Dijo, Textualmente: "Me fui de los Grapo porque eran un harén".

Está siendo como abrir una caja de pandora que, en el fondo, en lugar de la esperanza, guarda un  espejo en el que me reflejo a mi misma, charlando con ella de sus miserias en una conversación en la que me relata lo que ocurrió de una forma muy diferente a como lo cuentan los medios y a cómo lo entendió el juez. La imagen del espejo muestra a dos mujeres, madres, de edades no muy diferentes, que, de haberse conocido en otro lugar, podrían llegar a ser amigas. Y eso es lo que me pone los pelos de punta de toda esta historia porque, según una sentencia, Esther González es una terrorista que, además, ha cometido delitos de robo con intimidación, asesinato terrorista, lesiones, estragos y tenencia de explosivos. Y en eso sigo, dandole vueltas.

miércoles, noviembre 07, 2012

#soyperiodista


Ayer me acosté triste. Hoy me he despertado igual. Tanto que me cuesta escribir sobre lo que está ocurriendo. Llegaron los cuervos, ahora, a Sevilla, se posaron en la ventana del periódico donde pasé nueves meses de becaria y tanto aprendí, y se llevaron, entre otros, a uno de los compañeros que tiene buena parte de culpa de que yo sea periodista. Escribí ya una vez el por qué y no voy a repetirme.

No paro de pensar en él y en los ocho compañeros que también han sido despedidos, y me da una rabia que me cuesta controlar. Por la forma (dejarlos agonizar toda una jornada para comunicarles, ya entrada la noche, quiénes son los elegidos) y, sobre todo, por el fondo. Se van periodistas de referencia, se hace imposible envejecer en una redacción y, los que se quedan ahora, lo hacen con la certeza de que, en la siguiente visita de los cuervos, serán ellos los que se vayan. 
Foto: Ha valido la pena salir a reivindicar la Profesión, aunque tengo que reconocer que me ha increpado una señora que, después de criticar vivamente a Tele5, ha confesado ser oyente de Es Radio. http://instagr.am/p/RqNQQ9qwSR/
Precisamente, la noche antes, habíamos hecho parada en la puerta del Diario de Sevilla, en un paseo informativo-reivindicativo al que nos convocó la Asociación de la Prensa de Sevilla. Gritamos "No a los despidos". Ha servido de poco. De nada. Pero ahí hemos dejado constancia de que la Profesión está en contra de las praxis de unos empresarios de la comunicación que se han especializado, provincia por provincia, en el lamento sobre lo mal que les va todo sin buscar soluciones que vayan más allá del corte de cabezas. Lamentable.

Empiezo a cansarme de este estado de rabia y tristeza. Empiezo a cansarme del malestar general, de la falta de ilusión y de que el miedo sea la última moda en este país. Empiezo a cansarme de que los empresarios  se parezcan tanto cuando se ponen hijosdeputa. Ya son varias noche de quedarme dormida pensado en el tiempo que compartí con los compañeros a los que despiden y hasta de eso empiezo a cansarme. Y es una lástima porque me gustaría que todos supieran que, si quieren dar la batalla, pueden contar conmigo.

viernes, noviembre 02, 2012

Lucidez y crítica



Un señor con bigote y camisa de manga corta, cambia el canal de su televisor mientras afirma: "¡Qué curioso! Pongo la tele y se me van las ideas". Unas páginas más allá, dos hombres, con chaqueta y corbata, sentados a una mesa sobre la que descansan unos papeles. Uno le dice al otro: "Informe de los hechos, pero que no se entiendan". "Si no existiera la publicidad, ¿Cómo sabráis qué deseáis?", se lee en un enorme cartel luminoso sobre la cabeza de un viandante, de espaldas.

El Roto es un genio en el difícil arte de hacernos pensar. Su último libro es el último ejemplo. El mismo día que salió al mercado, conocimos que le habían dado el Premio Nacional de Ilustración 2012. Y yo que me alegro. Porque, a diario, recurro a sus viñetas y pocas veces me han dejado indiferente. En este libro, Camarón que se duerme (se lo lleva la corriente de opinión), se centra en uno de los aspectos de nuestra sociedad que más grima le da: La manipulación y alienación mediática. No faltan las viñetas sobre figuras "mesiánicas" ni, por supuesto, la crítica al caos y a la intencionalidad de las informaciones.

En un breve prólogo a las viñetas de este libro, escribe: «Así pues, cegados y ensordecidos por los medios audiovisuales y mudos por el uso reiterado de palabras e ideas ajenas, resulta necesario apartarse de esa arrolladora corriente y a salvo en cualquiera de sus riberas, ver pasar su estruendo y echar una mano o acercar una rama a aquellos que, arrastrados por las enloquecidas aguas, pidan ayuda.»

Andrés Rábago, El Roto, sabe bien de lo que dibuja porque tiene siempre a mano sus gafas de visión crítica, las que se pone para observar la realidad y, muy especialmente, los medios de comunicación. Por eso, para los que nos dedicamos a esto, las viñetas de El Roto son tan necesarias y clarificadoras. Y están ahí, como una isla en mitad de un océano de confusión, para los que quieran dejar de nadar un rato y pasarse a reflexionar y tomar aire.

domingo, octubre 14, 2012

La respuesta


Reconozco que, esta vez, llegué a Granada con las maletas cargadas de pesimismo. Los días no traían más que malas noticias y empezaba a resentirse mi sonrisa y mi energía. Precisamente, por eso, tenía más ganas de llegar que nunca a una ciudad que es la de mi hermana y ya es, también, una de las "mías". Una especie de huida de lo funesto. Una búsqueda de refugio en el búnker familiar.



Desconecté. Los gemelos me duelen de frenar mi propio cuerpo en el descenso de las cuestas. Hemos paseado, parado en los bares, corrido detrás de Cecilia por los palacios, comido a la sombra de los árboles,  reído muchísimo y hablado un poco de todo.


Han sido días en los he logrado interesarme por la última moda mexicana en materia de baile. La traía hasta la mesa del bar donde desayunábamos un psicólogo social mexicano, residente en Granada, que seguía sin comprender cómo sus compatriotas más pobres se gastaban centenares de dólares en unas botas de puntera larga y hacia arriba (a modo de media luna, según me contaba) para salir a bailar cumbia los fines de semana. 


El pesimismo se había quedado en las maletas y no llegó a salir conmigo ni siquiera durante el primer paseo nocturno por los grandes e iluminados bulevares de la ciudad. Es una suerte tener una familia que es un auténtico parapeto contra la decepción, con la que sólo deseas vivir buenos momentos para recordarlos a su lado. Que siempre están para abrazarlos, besarlos y reir con ellos y ellas. 


No he comprado el periódico durante estos días hasta hoy, domingo. He comprado El País. Afortunadamente no he cumplido mi estúpida forma de protesta (como si fuera a servir para algo) ante los planes de "reestructuración de personal" que planea el señor Cebrían (un ERE que, sólo en Andalucía deja en la calle a 21 compañeros) y he podido disfrutar del precioso reportaje que Manuel Rivas dedica al décimo aniversario de la tragedia del Prestige:

El barco del ‘rumbo suicida’


Es un texto emocionante y magistralmente escrito donde Rivas despliega la extrema sensibilidad a la que nos tiene acostumbrados, mayor tratándose de la tierra que más le duele. Me ha hecho recordar mucho mis propias sensaciones cuando hace 10 años lloraba ante el televisor. Lo hice durante varios días hasta que decidí montarme en el bus de voluntarios que la Universidad de Sevilla fletaba para echar una mano en la limpieza del chapapote. Tenía 20 años y estaba decidida. Nunca les he perdonado del todo a Gregorio que no entendiera mi furia y a mi madre que, directamente, me impidiera que me sumara a aquella aventura solidaria.

"Si eres marinero y estás orgulloso de serlo, lo que le pasa al mar te pasa a ti". Le dice uno de los pescadores a Manuel Rivas. Yo he sentido lo mismo y he recordado , de golpe, el motivo del pesimismo que llevaba en las maletas hacia mis fugaces vacaciones familiares. Y me he sorprendido al descubrir que, si cambiaba marinero por periodista y mar por mundo, ahí, justo ahí, tenía la respuesta.

sábado, octubre 06, 2012

La Intergeneracional



La Permanente la formaban Lourdes Lucio, Isabel Pedrote, Secundina García, Ana Fernández y Blanca Fernández-Viagas. Eran cinco mujeres, de diferentes medios de comunicación (El País, RNE, SER y EFE), amigas y apasionadas por la información política. Tanto que tenían un espacio radiofónico propio, en la Cadena SER, una tertulia. La llamaron "La Permanente", de ahí todo. La Permanente se reunía fuera de los pasillos del Parlamento de Andalucía o el Palacio de San Telmo y lejos de las salas de prensa de los diferentes partidos políticos, pero sus mentes no paraban. Desplegaban capacidad analítica entre entrantes y plato principal, desmontaban los argumentos más falaces de nuestros políticos al sabor de un tinto y todavía les quedaba tiempo para hablar de todo tipo de cuestiones personales antes de llegar a los postres porque, ante todo, estas mujeres eras amigas.

Fueron años vibrantes y ellas los vivieron en primera fila. Siguieron con su amistad y sus encuentros en los que, en alguna ocasión, dejaban que se sumara algún personaje público que, rápidamente, quedaba cautivo entre sus sonrisas y su buenrollismo y, en ocasiones, soltaba la lengua más de la cuenta. Ellas siempre fueron fieles al off-the-record y, todavía hoy, guardan aquellas confesiones como oro en paño.

Cuando yo llegué a mi primera rueda de prensa de política, con 22 años, ellas seguían a este lado de la pared de cristal que separa a políticos y periodistas. Yo las observaba trabajar y aprendía sólo con verlas: sus preguntas, repreguntas, comentarios... Algunas del grupo accedieron a cargos de edición y dejaron "la calle", pero la mayoría siguieron y se les unieron miembros de una generación intermedia, dotadas de talento, capacidad de trabajo e inteligencia. En las crónicas de Inmaculada Carretero e Isabel Morillo, por ejemplo,  estaba todo, contado de la mejor manera, y con todo lujo de detalles.


La vida me trató bien y, una serie de casualidades (la principal, pertenecer a una redacción en la que nadie se interesaba por la información política) hicieron que, durante meses (y, a pesar de mi juventud e inexperiencia), pudiera dedicarme a este tipo de información. Fueron dos años en los que aprendía, a marchas forzadas, qué era una comisión, un Proyecto de Ley o un trámite parlamentario. Observarlas trabajar y consumir sus informaciones fueron mi mejor escuela. Además, tuve la suerte de compartir con ellas diferentes viajes a Madrid (gracias a la Reforma del Estatuto de Autonomía de Andalucía) que me permitieron conocerlas mejor personalmente.

Ya han pasado algunos años. A mí no me ha sido posible dedicarme, como me hubiera gustado, a la información política. Mi marcha, primero, a los programas de televisión y, después, a la emisora de Huelva, me habían separado de este grupo, que seguía siendo mi referente informativo.

Afortunadamente, ni la distancia ni los diferentes quehaceres han logrado separarme de Sara Armesto, de Cadena Ser, con la que compartí primeros pasos. Ella, luego, se encontró codo con codo con Elena Manzano (Onda Cero) e Isabel Jiménez (RNE), que son dos buenas amigas mías. Los encuentros entre nosotras empezaron a hacerse cada vez más regulares y necesarios. Por muchos amigos o familiares que tengas dispuestos a escucharte, ésta es una Profesión tan cabrona, exigente y maravillosa que hay cosas que sólo puede entender otro compañero. Y de nosotras hablamos, de nuestra cosas profesionales y personales, pero, en alguna que otra conversación, se nos colaban las miembros de La Permanente y hablábamos de ellas. En homenaje a ese grupo, denominamos al nuestro La Resistente, porque en nuestros encuentros siempre acabábamos maldiciendo el irrespirable clima laboral en el que, ahora, se trabaja en la Profesión.

Un día, nos pareció que sería muy divertido que nos juntáramos para cenar, beber y charlar. Accedieron. La cena se produjo, por fin, el pasado jueves y fue una experiencia maravillosa a la que contribuyeron Mónica Ureta (de El Correo de Andalucía) y Lola Tortosa (de Vocento) que, actualmente, cubren la información política andaluza. Cenamos en un italiano, tomamos la primera copa en un irlandés y la última en un bar de nombre árabe. Reímos, charlamos, gritamos, nos abrazamos, volvimos a reír y a charlar y nos dimos muchos besos. Celebramos la alegría de nuestro encuentro, fuera de los pasillos y hasta fuera del tiempo, y acabamos cantando coplas por las calles del centro como si no fuera de madrugada ni camináramos, algunas, haciendo equilibrios sobre el fino hilo de la inestabilidad laboral.


Quiso el destino que, a la mañana siguiente, cuando más me dolía la cabeza por la resaca, leyera esto, referido al señor Cebrián (Presidente del Grupo Prisa):


Está claro que este señor, que no va a rebajarse su sueldo de 13 millones de €, se olvida de sus maestros y lo que está todavía más claro es que nunca ha formado parte de una Intergeneracional como la del pasado jueves. Si lo hubiera hecho, sabría qué necesarias son las personas que él quiere largar en una redacción que se precie.

jueves, octubre 04, 2012

Romperse



Yo, a veces, me rompo. Como todo el mundo. Sólo que, en ocasiones, me ocurre con un micrófono en la mano. Ayer, familiares y enfermos mentales salieron a la calle en Huelva para hacer visibles unas patologías que afectan a una de cada cuatro personas. Me atendió primero una chica, de unos 40 años, que aseguraba sufrir bipolaridad y con la que empaticé muy pronto porque me confesó que era periodista y que sus primeras "crisis" le sobrevinieron en momentos de tensión máxima. Es verdad que esta Profesión es un trabajo contrarreloj y eso, ella (que entonces no sabía todavía que tenía una mente enferma) no lo soportó y "se rompió". Utilizó esa expresión que, ahora, hago mía para arrancar este post.

Yo, a veces, también me rompo y, ayer, después de hablar con ella (que convivía normalmente con su enfermedad desde que dio con el tratamiento adecuado) me dirigí a una señora bajita, de unos sesentaypico que me sonrió, en cuanto me acerqué para decirme, a continuación, que su hijo llevaba seis años enfermo, con un trastorno de la personalidad. No puede acabar la pregunta que empecé a hacerle. Pretendía que me contara su día a día para saber cómo conviven los familiares de enfermos mentales con esta enfermedad. No pude acabar la pregunta. No me dejaba un nudo en la garganta que, de repente, ahogó el final de la frase e hizo que las gafas de sol que llevaba (eran las once de la mañana y estábamos en plena calle) me sirvieran de útiles aliadas. Ella me contestó y me habló, sin perder la sonrisa, de cómo le fue diagnosticado el trastorno a su hijo (ella decía "mi niño") después de un primer tiempo de desorientación e incertidumbre. Seguía dedicándome una mirada dulce mientras me contaba que su hijo (que enfermó  rozando la treintena, con una formación académica y un trabajo) ahora apenas recibía una ayuda "por hijo a cargo" que vienen a ser 300 euros mal contados. Yo la escuchaba y no sentía por ella pena o compasión. Lo que sentía era admiración y un profundo respeto porque reconocía, en ella, a tantas madres y a tantas luchas.
En mi entorno cercano también hay personas con enfermedades mentales (que son muchas y de diferentes grados) y conozco, porque he estado con ellos, el dificil día a día de los familiares de un esquizofrénico: La serenidad temerosa cuando tiene momentos de lucidez y la inquietud desesperada cuando se pierde en ese otro mundo de sombras, que para él también son luces (aunque sólo existan en su cabeza). Y ellos, uno a uno, se me pasaron por el recuerdo mientras no era capaz de terminar mi frase, cuando me rompía y, justo entonces, me rescató la sonrisa y la dulzura en la mirada de esa madre que, de repente, se convirtió en todas las madres, hasta en mí misma si el día de mañana tuviera la mala suerte de encontrarme, en una esquina del camino, una montaña tan empinada.

domingo, septiembre 30, 2012

Palabras cargadas




La Real Academia de la Lengua le da a la palabra reo un componente de culpa. El responsable del informativo principal de RNE, no. Para él, los detenidos por los altercados con la Policía del pasado 25 de septiembre ya eran reos el mismo día 27, mientras daba la noticia de que la Audiencia Nacional no iba a juzgarlos. No lo digo de memoria, pueden oírlo ustedes mismos porque está aquí, en el minuto 44,45:

¿Error o intencionalidad? Lleguen ustedes a la conclusión que estimen oportuna, pero antes les cuento que este periodista, el mismo día en que el juez imputa a José Bretón (padre de los niños desaparecidos en Córdoba) el delito de asesinato dijo, literalmente: "Ruth y José son, formalmente, dos niños desparecidos pero su padre es, desde hace una horas, un asesino".  (Minuto 17)




Los que trabajamos con las palabras tenemos que tener un cuidado exquisito con ellas. Son nuestras más afilada herramienta, como un bisturí en las manos de un cirujano. Utilizarlas mal o con una intencionalidad torticera puede causar un daño fatal. Y no sólo a  quienes estamos llamando reos o asesino sin que todavía lo haya dictaminado quien corresponda, que no somos nosotros, sino un juez. También podemos dañar a quienes nos escuchan, a los destinatarios de nuestro mensaje. Ellos pueden sufrir las consecuencias y pueden creerse informados cuando, en realidad, están siendo mal informados. En nuestro trabajo (en el mío, al menos, y el de muchos compañeros con los que hablo sobre estas cuestiones), la información y la vocación de servicio público son los pilares y hacer una RTVE de calidad, el objetivo. Ojalá prevaleciera esto sobre los vaivenes políticos y los intereses puntuales de unos pocos. Todavía tengo esa esperanza.

martes, septiembre 25, 2012

La llegada de los cuervos

  

Los cuervos vienen siempre con un presentimiento previo. Puede que, por eso, mientras desayunábamos sintiéramos sus graznidos y su oscura mirada. Como tantas mañanas, pero ésta, diferente. "Tiene que haber algo más", decía una amiga, periodista de otra emisora, tras escuchar a su compañero hablar del compromiso del trabajador con su trabajo, que le hace seguir desempeñándolo aún a sabiendas de que se quedará sin él en pocas fechas.

Apenas unas cuatro o cinco horas después, los cuervos llegaron. Trajeron consigo malas noticias. Quince  nombres en una lista, más que anunciada. Quince compañeros (periodistas, fotógráfo, informático, infógrafo, comerciales y administrativos), de los que han contribuído (y mucho) a que Huelva Información sea el periódico de referencia en esta ciudad y esta provincia, se van a la calle. Los despedirán con un adiós-muy-buenas y 20 días por año trabajado. "Así lo marca la ley y se lo hemos aplicado".

Entre el presentimiento de los cuervos y su llegada ocurrió que, en una rueda de prensa rutinaria de lunes, coincidí con una de las compañeras cuyo nombre aparece en la funesta lista. Llevaba un par de semana despidiéndose de nosotros, incluso nos pagó un café una mañana. Y.S. acudía a la cita informativa con la misma sonrisa y las mismas ganas de siempre, a sabiendas de que su nombre podría figurar entre los que irían a la calle con un Expediente de Regulación de Empleo que la empresa podría presentar hoy mismo. Así fue. Ella no sabía todavía nada. Pasó la rueda de prensa; ella hizo, también, alguna pregunta, y se retiró al periódico.
 
Esta mañana he buscado su firma y ahí está bajo un par de informaciones del periódico de hoy, como si nada, como si hoy no fuera el día siguiente a la llegada de los cuervos. "Tiene que haber algo más", decía mi otra compañera en el desayuno. Claro que lo hay. Más allá del compromiso de cualquier trabajador con su trabajo (muchos, seguro, lo abandonarían al conocer que su propia empresa no cuenta con ellos). Hay un punto de vocación, de servicio o de locura, llamenle como quieran, que lleva al periodista a sentarse a escribir tras conocer la noticia que tanto estaba temiendo. El mismo punto que hizo que un compañero fotógrafo de Málaga Hoy, según me cuentan, se metiera entre las llamas del incendio de la Costa del Sol para conseguir las mejores fotos para una publicación que ya no lo contaba entre sus trabajadores.

Hoy Y.S. firma y su firma es como una espada, como un puñal. A mí se me ha clavado para siempre en la conciencia. Y, con ella, el resto de compañeros (periodistas o no) que se ven afectados por estas medidas de unos recursos humanos deshumanizados para los que han dejado de ser personas y se han convertido en números. Llevan años demostrando que son unos trabajadores buenos y comprometidos, y se despiden con una lección de valentía y honestidad. Vaya con ellos mi reconocimiento, solidaridad y el deseo de que empiecen una nueva etapa que esté llena de esperanza y nuevos proyectos. 

Y que tarden en volver los cuervos. Ojalá no lo hagan nunca.


lunes, septiembre 24, 2012

Una mañana libre

Ojalá el día tuviera más horas. Con 24, me quedo corta. Me falta tiempo. Ya no lo quiero para mi, lo quiero para ella, para Cecilia, para poder dedicarle más y para hacerlo con menos prisas. Los días se me van y apenas me doy cuenta. Llego del trabajo, me acuesto la siesta con ella, vamos al parque y ya se nos hace de noche: cena, baño, cama y, otra vez a empezar, unas horas después, y a volver al trabajo. Así todos los días. Me gustaría correr menos, tener más tiempo para emplearlo jugardo con ella, besándole los pies, dándole el pecho, acariciándola, descubriendo sus hazañas diarias, intentando entender su nuevo lenguaje... Pero no lo tengo. Reconozco que ahora me he vuelto más ratera del tiempo y aprovecho cualquier excusa para dedicarle a Cecilia los minutos que antes no me importaban derrochar en tonterías. El pasado viernes, por ejemplo, una cita hospitalaria (una revisión, nada importante) me sirvió para pasar una divertida mañana con ella en el Parque de María Luisa.,
 
Primero, entre palomas, en la Plaza de América, donde ella parecía pasar mucho menos miedo que yo entre tanto pájaro. Y luego, alejadas de las plumas y el albero, sentadas a la sombra de uno de los altos árboles del parque. Disfrutamos del frescor de la hierba y la humedad de este enclave centenario y comimos, a medias, una bolsa de palomitas de mantequilla.


Sin mirar el reloj. Sin prisas. Ella parecia agradecer ese tiempo de intimidad compartida y no se apartó de mi lado. Parecía una niña mayor, sentada junto a su mamá. Nos hicimos algunas fotos y nos dimos los besos que nos debíamos.


Fue apenas una mañana pero me ha puesto las pilas para una temporada. Es verdad que echo de menos los meses en los que tenía todo mi tiempo para ella y no tenía que compartirlo con otras obligaciones. Pero hay que levantarse cada mañana y acudir al trabajo. Hay que hacerlo y, encima, estar agradecida de tenerlo. Yo voy feliz, además, a sabiendas de que Cecilia se queda en las mejores manos, las de sus abuelas, y descontando los minutos que me quedan para volver a su lado en esta edad maravillosa que tiene, en la que todo lo descubre y repite.

jueves, septiembre 13, 2012

Nuevos lenguajes

 
No sé si será el año que he permanecido alejada de esta Profesión o, puede, que simplemente tenga hambre de otros lenguajes. Lo cierto es que, desde que volví al trabajo el pasado 24 de julio andaba con ganas de cambiar de registro, de contar cosas que vayan más allá del corsé que impone la actualidad municipal y provincial. Afortunadamente, al trabajar en una radio que emite a nivel nacional con desconexiones autonómicas, mi propio trabajo me permite hacerlo a menudo. Pero yo seguía con ese runrún interior que me llamaba a explorar nuevas vías. Tanto así que he llegado, en los primeros días tras mi vuelta, a postularme para colaborar en una interesantísima revista cultural, que recomiendo vivamente, cargada de interesantísimas entrevistas como ésta o esta otra.

Aquello no salió, después de algunos intercambios de mail, por razones que no vienen al caso y que tienen que ver con que yo ya como de mi trabajo, principal y afortunadamente. Quiso la casualidad que, semanas más tardes, dos buenos amigos celebraran una boda a la que fuimos muchos compañeros. Entre ellos, Laura Ruiz Bernal, con la que mantuve una conversación en la que se mezclaban mis nuevos sentimientos como madre con esas otras ganas por contar en otros registros que, como digo, se me estaba despertando. Ella me habló de su trabajo pero, sobre todo, lo hizo del proyecto que tiene entre manos y que ocupa el que antes era su tiempo libre: una revista digital sobre el audiovisual andaluz a la que ha bautizado como Cineandcine y que escribe a varias manos, siendo las principales las suyas y las de Ana Vázquez Toscano.


Le dije que conocía lo que estaban haciendo y que me gustaba. La verdad es que es un proyecto novedoso e interesante que unen dos temas que me apasionan: El cine y mi tierra. No habían pasado ni dos días desde nuestra conversación, cuando Laura se puso en contacto conmigo para que entrara a colaborar con ellas. Ya no sé si es que se alinearon los astros o mis súplicas fueron escuchadas por la divinidad que se encarga de este tipo de azares pero aquí ando escribiendo, desde Huelva, sobre cine. Por ahora han salido cositas como éstas:



Espero que siga la colaboración y que lo que escriba resulte interesante.

domingo, septiembre 02, 2012

Artes gratis

El día que subieron el IVA nosotros decidimos no perder la sonrisa y pasar la calurosa primera mañana de septiembre en un museo con nuestra pequeña de 13 meses.



Elegimos el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo, en el Monasterio de La Cartuja, cuya entrada era gratuíta por ser un sábado.
Ni Grego ni yo somos muy conocedores del Arte Contemporáneo, pero disfrutamos mucho de pasear con la niña entre cuadros y proyecciones. A ella, hasta parecían interesarles todos esos colores y formas.



La abstracción pictórica centra las actuales exposiciones. Nos gustaron algunas más que otras. Pasamos un largo rato entre los cuadros del granadino y colorista José Piñar, cuyos cuadros están dispuestos en una enorme sala del Monasterio como si se tratara de su propio almacén. Las composiciones del sevillano José Soto, rectas y sencillas, también nos gustaron.



Pero lo que jamás defrauda es le propio Monasterio. Pasear por sus patios, pasillos y capillas es un placer siempre, independientemente de las muestras que albergue.

jueves, agosto 30, 2012

Contar el dolor



" Sin la ética que impone la sensibilidad, nada que se cuente se acercará a la realidad". Recibí este mensaje poco antes de terminar mi jornada laboral del pasado lunes. Me lo mandó un buen amigo, periodista, de los que conoce bien esta profesión después de decenas de años en ella. Esa misma mañana, a las 5 y media de la mañana, supe que iba a ser un día duro. Lo fue. La familia materna de Ruth y José aseguraba tener los resultados de un informa forense que concluía que los restos orgánicos hallados en la hoguera de Las Quemadillas (propiedad de la familia paterna de los niños) pertenecían a los pequeños.

Desde antes de las 8 de la mañana, mi compañero y yo recorrimos el barrio donde vive la familia materna e hicimos guardia con la unidad móvil. Paramos en un velador de bar al que se nos fueron uniendo otros compañeros. A través de la ventana, veía la televisión. El Programa de Ana Rosa no hablaba de otra cosa. Los contertulios que-cada-día-hablan-de-una cosa, los expertos en el difícil arte de la todología, debatían sobre este tema. Conexiones en directo con Córdoba y Huelva, el abogado de Bretón en directo, una conexión telefónica con un portavoz de la policía... Hablaban de fallos policiales y no ahorraban todo tipo de detalles escabrosos sobre un caso para el que ellos ya tenían dictada su sentencia. 

Los compañeros, en la calle, hablábamos sobre la necesidad, ese día más que nunca, de ser responsables, sensibles y pacientes. Preguntábamos a las personas del barrio y conseguíamos testimonios de tal rabia (en los que se mezclaba la indignación, el dolor y toda clase de torturas imaginables al presunto asesino) que, reconozco, tuve que flitrar. Era un día "para tirar de oficio". Por fin, recibimos la confirmación de que el propio Ministro del Interior iba a dar una rueda de prensa en Madrid sobre este caso. La incertidumbre empezaba a dejar paso a la peor de las certidumbres.
Al final de una mañana de espera, conseguimos que nos atendiera un miembro de la familia. La expectación era tanta que la Plaza de las Monjas se nos quedó pequeña. Unidades móviles de televisión y radio aparcadas en la calle y, en el centro, más de una treintena de redactores y técnicos que formábamos un enorme corro. Algunas personas que iban pasando se nos iban uniendo y el corro se hacía cada vez más grande. Mientras, en Madrid, el Ministro señalaba que, efectivamente, esos restos orgánicos (que la Policía dijo, en los albores del caso, que eran de animales) podrían pertenecer a los niños.

Conforme avanzaban las horas yo me iba encontrando peor y veía en los niños que jugaban en la Plaza de las Monjas, como cualquier otra mañana de verano, a mi propia hija. Hice las conexiones que me pidieron desde la unidad móvil intentando no entrar en el morbo. Contar el dolor de una forma respetuosa, ése era mi objetivo. De repente, cuando ya mi ánimo se afectaba cada vez más, a pesar del distanciamiento que todos los periodistas queremos tener ante barbaridades como ésta, empezaron a caer del cielo unas gotas enormes y frías. Me acompañaron en el camino de regreso a la emisora que fueron los únicos minutos en los que estuve sola en toda la mañana. Miré al cielo, gris, y dejé que las gotas de lluvia me cayeran en la cara. Dicen que la lluvia limpia, eso quería, pero yo necesitaba un chaparrón fuerte. Aquellas gotas, como lágrimas del cielo, eran claramente insuficientes.
Tenía cada vez más ganas de ver, abrazar y besar a mi hija. El camino de vuelta se me hizo larguísimo. Esquivé las noticias y puse música a todo volumen. Cuando llegué, ella estaba allí, con sus ojos enormes y su sonrisa. La abracé fuerte y le repartí todos los besos que había guardado para ella en una mañana tan dura. Jugamos un rato hasta que nos dormimos, por fin. Ni siquiera la vuelta a mi felicidad doméstica ha podido cerrar la herida que deja el horror con el que, a veces, trabajamos los que nos dedicamos a esto. La herida duele, sigue doliendo, y no ayuda a que cicatrice las prácticas periodísticas de algunos compañeros para los que, otra vez, esto no significa más que share; para los que Ruth y José ahora, como antes Mariluz, les importa tan poco como la Justicia misma. Carroñeros, que les llaman.

viernes, agosto 24, 2012

Padre

Que te toque la lotería, la de verdad, es empezar a salir con un chaval de 20 años y que, doce años más tarde, resulte ser un padre paciente, dedicado y cariñoso. Eso es que te toque la lotería.