jueves, diciembre 22, 2011

Hace un año

Hace un año yo madrugué. Como todos los días. Lo que ocurre es que yo sabía que podía ser un día diferente. Vivir una jornada de Lotería Nacional siempre es ilusionante, aunque la pases en una redacción de radio de una provincia con la sensación de permanente cansancio que da el primer trimestre de embarazo.
Hace un año yo no podía ni imaginar que iba a tocar el Gordo en un barrio obrero de Huelva, a unos trabajadores que compraron unos décimos a un camionero amigo suyo que venía de Barcelona. Y, precisamente por ser Huelva tan pequeña, no me costó ni media hora verme rodeada de alegría, champán, saltos y abrazos en La Orden Baja, entrando en directo para dar la noticia.
Hace un año viví una mañana excitante y, de vuelta a casa, en el coche, iba pensando cómo escribirla en este blog. Justo entonces recibí una llamada que cambió el recuerdo de este día para siempre. Había fallecido en accidente una persona muy cercana a mi familia, con la que yo había compartido muchas risas. Y todo cambió, todo se volvió triste, como cuesta arriba.
Hoy, hace un año, sigue siendo todo negro y no puedo evitar que se me ponga la piel de gallina cada vez que escucho a su hermana hablar de ella o cada vez que miro a sus hijas y reconozco en la cara de la mayor, su misma cara. Pero no siento lástima por ellas. Es un lujo que no me permito. Puede que porque yo también perdí de niña a mi padre y juré odiar a las personas que nos tuvieran a mi hermana y a mi ese sentimiento.
Hace un año que pienso en ella y la recuerdo a carcajadas.
Hasta siempre, Antonia.

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