viernes, diciembre 09, 2011

Estraperlistas

Conductores de autobús, diteros, vendedores ambulantes, propietarios de una tienda de ultramarinos... No pertenezco a ninguna de esas familias de estirpes profesionales donde siempre se ha sido médico o cristalero. Los miembros que me antecedieron llevaron a cabo todo tipo de oficios, que nunca les permitieron enriquecerse pero sí sobrevivir. Falta de vista para los negocios tuvo más de uno. Ha llegado a mis oídos, incluso, alguna anécdota curiosa como que uno de mis abuelos quiso cambiar al padre de un amigo mío una casa por una llave inglesa. Dicen que la llave era bastante grande. Yo quiero pensar que todos fueron obreros que trabajaron lo más dignamente que pudieron, pero sé que eso es mentira.
A mi bisabuela María González la conocían con el sobrenombre de María "Macho". Se quedó viuda muy joven y se dedicó buena parte de su vida a vender en un puesto de la plaza de abastos de Cortegana lo suficiente como para dar de comer a sus dos hijos. Mi abuelo la recordó alguna vez en mi presencia y yo la imaginaba como una mujer tosca y fuerte, vestida siempre con amplios refajos, sobre todo cuando se echaba al monte. Porque María "Macho" era estraperlista. Una de las muchas personas que, en esa tierra de frontera, se dedicó al contrabando de pequeñas cantidades de mercancías que, entonces, eran un lujo en la España de postguerra y algo bastante accesible en Portugal. Las faldas tenían que ser largas, lo suficiente como para lograr esconder los paquetes de café si les daban el alto la Guardia Civil. Mi abuelo Joaquin, en su más tierna infancia, acompañó muchas veces a su madre en aquella peligrosa travesía de varios días a través de montes, carriles, noche, frío y clandestinidad.
Eran otros tiempos. Unos de los que hoy, nuevedediciembrededosmilonce, apenas nos acordamos. Cuando la economía portuguesa estaba más saneada que la española y los ciudadanos del país vecino vivían algo mejor que nosotros, a pesar de sus muchas dificultades. Y yo hoy, nuevedediciembrededosmilonce, al escuchar el ruido que llega desde los medios me he acordado de María "Macho", con su refajo abultado y su melena recogida en un moño. Con las manos encalladas y las piernas arañadas. Y de su hijo, mi abuelo, que aprendió muy joven a tirarse de los trenes en marcha para no pagar el billete y a recorrerse Sevilla entera para traer al puesto de su madre, cuando dejaron de practicar el estraperlo, el mejor género al precio más bajo.
Precisamente de ellos me he acordado hoy, nuevedediciembrededosmilonce. Yo, otro miembro de su familia para la que Portugal es sinónimo de ocio, palabras bonitas, buen comer y sol en el Algarve, horas después de saber que visitarlo me va a costar el dinero suficiente como para pensármelo.
No sé por qué, hay días, como este nuevedediciembrededosmilonce, en los que me parece que estamos caminando hacia atrás y campo através.

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