martes, diciembre 27, 2011

Mañana soleada

Pasar una mañana soleada en Cortegana, rodeada de niños, es algo para disfrutar. Leer el periódico mientras disfruto de los juegos de Cecilia y Manuel, cada uno a su escala...
... O juntar en el paseo a las que formarán parte del futuro de este pueblo, vivan donde vivan. Las que, a partir del año que viene, corretearán paseo arriba y paseo abajo igual que hicimos sus madres. Una mañana de sol y alegría. Completa. Absoluta.

jueves, diciembre 22, 2011

Aconfesional

Dice la constitución que España es un "Estado Aconfesional", pero debe ser una de las muchas mentiras que esconde ese texto. Y lo digo a la luz de estas imágenes que a mi, personalmente, me han dado cierta grima.
Los ministros del Gabinete Rajoy jurando sus cargos ante la Biblia y un crucifijo. Me he preguntado qué ocurrirá el día que tengamos un ministro o ministra de otra religión o si uno de ellos fue ateo. O, más allá todavía, si llega a ministra una mujer que se ha casado por lo civil o un hombre que se divorció. ¿Jurarían ante el crucifijo? La respuesta es sí, porque lo acaban de hacer. Lo que cada uno haga con su vida es cosa de cada uno pero, por favor, un poco de coherencia. Además, esos señores que juran de esta forma nos representan a todos los españoles, de todas las religiones. También a los que hemos decidido no tener ninguna.

Hace un año

Hace un año yo madrugué. Como todos los días. Lo que ocurre es que yo sabía que podía ser un día diferente. Vivir una jornada de Lotería Nacional siempre es ilusionante, aunque la pases en una redacción de radio de una provincia con la sensación de permanente cansancio que da el primer trimestre de embarazo.
Hace un año yo no podía ni imaginar que iba a tocar el Gordo en un barrio obrero de Huelva, a unos trabajadores que compraron unos décimos a un camionero amigo suyo que venía de Barcelona. Y, precisamente por ser Huelva tan pequeña, no me costó ni media hora verme rodeada de alegría, champán, saltos y abrazos en La Orden Baja, entrando en directo para dar la noticia.
Hace un año viví una mañana excitante y, de vuelta a casa, en el coche, iba pensando cómo escribirla en este blog. Justo entonces recibí una llamada que cambió el recuerdo de este día para siempre. Había fallecido en accidente una persona muy cercana a mi familia, con la que yo había compartido muchas risas. Y todo cambió, todo se volvió triste, como cuesta arriba.
Hoy, hace un año, sigue siendo todo negro y no puedo evitar que se me ponga la piel de gallina cada vez que escucho a su hermana hablar de ella o cada vez que miro a sus hijas y reconozco en la cara de la mayor, su misma cara. Pero no siento lástima por ellas. Es un lujo que no me permito. Puede que porque yo también perdí de niña a mi padre y juré odiar a las personas que nos tuvieran a mi hermana y a mi ese sentimiento.
Hace un año que pienso en ella y la recuerdo a carcajadas.
Hasta siempre, Antonia.

miércoles, diciembre 14, 2011

Señoritos

Dice Cayetano Martínez de Irujo que él no sabe qué significa la palabra señorito. También que no recuerda nada de Los Santos Inocentes y que preferiría haber nacido en la Edad Media para dirimir cuestiones a espadazos. Claro que dice también el penúltimo de los hijos de la Duquesa de Alba que los jóvenes andaluces no tienen el menor interés por progresar.
Todas esas sandeces dice el Duque de Salvatierra en el último Salvados, ante un Jordi Évole que se consagra como uno de los mejores y más incisivos periodistas de este país. Cosechando subvenciones dedicó muchos más minutos a explicar , como a mí me gustaría que se hubiera explicado tantas veces antes, qué es el PER, el subsidio agrario y la nefasta política europea de subvenciones a través de la PAC.
Évole arrancó con una sonada polémica para ir al fondo de un espinoso asunto y logró desviar el foco de atención de los trabajadores vilipendiados por cobrar los subsidios a los terratenientes que se enriquecen a costa de subvenciones de dinero público. Es verdad que Évole desprende cierto "tufillo izquierdoso" (basta con repasar las canciones elegidas para musicar el reportaje), pero más verdad es que Cayetano Martínez de Irujo ha cometido errores garrafales de comunicación que ha sabido ver, como nadie, Paco Torres en su blog. Muy recomendable.

domingo, diciembre 11, 2011

Propagadores de la alegría

Están todos "los grandes". Hasta El Niño Miguel. Pregunté expresamente por él al que ha sido, durante años, presidente de la Peña Flamenca Los Cernícalos, Antonio Benítez Manosalvas, Antoñín. Con el testigo pasado a su yerno, me contó que El Niño vino a Jerez a recoger un premio que le dieron y guardan un recuerdo de aquel día en la pared del bar. Se ve al guitarrista onubense y al propio Antoñín bastante más jóvenes, sin una cana en el pelo, en unas fotos en blanco y negro.
Era una época en que ambas peñas tuvieron un diálogo permanente. Jerez mandaba al Torta y a Capullo y Huelva les devolvía a los suyos. Cuenta Antoñín, memoria viva del flamenco en Jerez, que él mismo fue un día a Huelva y dijo delante de su homólogo choquero que "un fandango lo cantaba cualquiera".
-Y me subí al escenario de la Peña Flamenca de Huelva y canté dos o tres de Paco Toronjo.
- ¿Y qué pasó?-Le pregunté.
-Pues mira, aquí estoy. Salí vivo de aquello.
Le confesé a aquel hombre bajito y entrado en años, con el que es imposible enfadarse, que yo siento un enorme respeto por el fandango.
-Escucho muchos pero nunca jamás, en toda mi vida, me he atrevido a cantar un fandango. Me parece lo más complicado del mundo.
- ¿Difíciles los fandangos?-Me replicó- Difícil la bulería.
Y así terminó una conversación que me dejó con una sonrisa en los labios. Antoñín se fue y yo me quedé mirando los cuadros de las paredes, donde estaban todos "los grandes", con lugar especial para Lola, La Paquera y un poema de Pemán.
Acababa de bajarse del escenario una cantaora del campo de Gibraltar. Uno de los "cernícalos" más viejos había rematado, con una pataíta, su fin de fiesta por bulerías, que todavía retumbaba en el ambiente. Yo pensaba en la de vasos de vino que podría beberme en una noche como ésta si olvidara, por unas horas, el compromiso de amamantar a mi hija de cuatro meses, que miraba, callada y curiosa, los cuadros de las paredes.
Esta mañana, en un paseo por Jerez, hemos entrado en la Iglesia de Santo Domingo justo en el final de la homilía. Un cura, con acento del norte, exhortaba a sus feligreses a ser "propagadores de la alegría". Me gustó el término. Y siguió el sacerdote: "Pero de la alegría de Cristo, no de la alegría de la fiesta y la bulería". Y yo, con los ecos y los sabores de Jerez tan recientes, me he preguntado: "¿Y por qué no?". No se me ocurre mejor manera de propagar la alegría.

viernes, diciembre 09, 2011

Estraperlistas

Conductores de autobús, diteros, vendedores ambulantes, propietarios de una tienda de ultramarinos... No pertenezco a ninguna de esas familias de estirpes profesionales donde siempre se ha sido médico o cristalero. Los miembros que me antecedieron llevaron a cabo todo tipo de oficios, que nunca les permitieron enriquecerse pero sí sobrevivir. Falta de vista para los negocios tuvo más de uno. Ha llegado a mis oídos, incluso, alguna anécdota curiosa como que uno de mis abuelos quiso cambiar al padre de un amigo mío una casa por una llave inglesa. Dicen que la llave era bastante grande. Yo quiero pensar que todos fueron obreros que trabajaron lo más dignamente que pudieron, pero sé que eso es mentira.
A mi bisabuela María González la conocían con el sobrenombre de María "Macho". Se quedó viuda muy joven y se dedicó buena parte de su vida a vender en un puesto de la plaza de abastos de Cortegana lo suficiente como para dar de comer a sus dos hijos. Mi abuelo la recordó alguna vez en mi presencia y yo la imaginaba como una mujer tosca y fuerte, vestida siempre con amplios refajos, sobre todo cuando se echaba al monte. Porque María "Macho" era estraperlista. Una de las muchas personas que, en esa tierra de frontera, se dedicó al contrabando de pequeñas cantidades de mercancías que, entonces, eran un lujo en la España de postguerra y algo bastante accesible en Portugal. Las faldas tenían que ser largas, lo suficiente como para lograr esconder los paquetes de café si les daban el alto la Guardia Civil. Mi abuelo Joaquin, en su más tierna infancia, acompañó muchas veces a su madre en aquella peligrosa travesía de varios días a través de montes, carriles, noche, frío y clandestinidad.
Eran otros tiempos. Unos de los que hoy, nuevedediciembrededosmilonce, apenas nos acordamos. Cuando la economía portuguesa estaba más saneada que la española y los ciudadanos del país vecino vivían algo mejor que nosotros, a pesar de sus muchas dificultades. Y yo hoy, nuevedediciembrededosmilonce, al escuchar el ruido que llega desde los medios me he acordado de María "Macho", con su refajo abultado y su melena recogida en un moño. Con las manos encalladas y las piernas arañadas. Y de su hijo, mi abuelo, que aprendió muy joven a tirarse de los trenes en marcha para no pagar el billete y a recorrerse Sevilla entera para traer al puesto de su madre, cuando dejaron de practicar el estraperlo, el mejor género al precio más bajo.
Precisamente de ellos me he acordado hoy, nuevedediciembrededosmilonce. Yo, otro miembro de su familia para la que Portugal es sinónimo de ocio, palabras bonitas, buen comer y sol en el Algarve, horas después de saber que visitarlo me va a costar el dinero suficiente como para pensármelo.
No sé por qué, hay días, como este nuevedediciembrededosmilonce, en los que me parece que estamos caminando hacia atrás y campo através.

jueves, diciembre 08, 2011

Inversiones

Dicen que llegan los recortes. Que ya han llegado, en realidad. Ya sé que han pasado unos años en los que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, en los que las personas se han gastado más de la mitad de sus sueldos en comprarse una casa que ahora ya no tiene el mismo valor. O en un coche. O en un viaje. O en lo que les ha dado la gana, porque la cuestión era gastar.
Unos años en los que se han podido hacer inversiones de toda índole, en los que se han concedido todo tipo de subvenciones, algunas más acertadas que otras. Y entre ellas, este mirador ornitológico que Seo Birdlife ha construído en El Rocío con ayuda del Ministerio de Medio Ambiente y el Ayuntamiento de Almonte. Un edificio, en plena marisma, desde donde observar las aves que la pueblan. Con prismáticos y una zona para niños.
Es uno de los mejores lugares que he descubierto en mi vida para contemplar un atardecer. Y lo he descubierto con la pequeña Cecilia, la pobre, que ha venido a nacer en un tiempo en lo que este tipo de apuestas son casi imposibles. Lástima.

El valor de cuidar

Una mujer, Soraya Sáez de Santamaría, celebraba la victoria de su partido desde el balcón del PP en la Calle Génova a los nueve días de haber dado a luz a su primer hijo. Su jefe, Rajoy, le pedía que no botara cuando los seguidores coreaban eso de "socialista el que no bote". Y es verdad que, a nueve días de un parto o una cesárea, ninguna mujer está para pegar saltos, aunque en ese balcón, aquella noche, sobrara la alegría. Pero aquella noche dio paso a un día en el que su jefe le hizo otra petición: que se pusiera en la primera línea. Y ella lo hizo. Comenzaron entonces la reuniones con los unos, los encuentros con los otros, las declaraciones a la prensa...
Otra mujer, yo, observaba sus movimientos desde mi casa a través de los medios de comunicación mientras cuidaba de mi hija, cuatro meses después de su nacimiento. Y, por un lado, comprendía que Saéz de Santamaría quisiera participar en la construcción de algo por lo que tanto había luchado y echarse a la espalda la responsabilidad que había adquirido con sus electores. Pero, por otro, no podía dejar de pensar en el bebé de nueve días que estaba lejos del calor de su madre. Y suponía que ella querría tanto a su pequeño como yo a la mía, pero está claro que había elegido otra forma de criarlo que poco, o nada, tiene que ver con la mía, ni con palabras como apego, lactancia materna, contacto y otras que yo me tomo tan en serio y que creo que forman parte de una maternidad responsable, sobre todo en los primeros momentos de vida de un bebé.
Y más allá de como cada una entienda la maternidad, que ella apueste por los profesional por encima de todas las cosas mientras yo me planteo dejar de trabajar un tiempo para que Cecilia no tenga que separarse tan pronto de su madre, creo que su decisión puede marcar la maternidad de muchas mujeres de este país. Porque, lo quiera o no, Sáez de Santamaría es un personaje público, como lo era la Ministra de Defensa que pasó lista a las tropas embarazada de un bebé al que parió para irse pocos días después de visita a Afganistán. Claro que lo hacen por una decisión personal en un momento determinado de sus vidas pero ¿Habrá empresarios que utilicen su ejemplo para presionar a sus empleadas a que se incorporen al trabajo lo antes posible después de tener un hijo?
Las bajas por maternidad en nuestro país están, en tiempo y en prestaciones, a la cola de Europa. Ojalá todas las mujeres pudieran disfrutarlas en su totalidad y las que nos representan no sólo dieran ejemplo sino que, también, lideraran las reivindicaciones para que una mujer pueda dedicarse en exclusiva a cuidar de su bebé el mayor tiempo posible. Pero, claro, para todo esto habría que revisar el valor que cuidar tiene en nuestra sociedad.