martes, noviembre 22, 2011

Mi retiro

Vivo en una especie de retiro, en una patria diferente con una rutina propia que se rompe cada día. Amaneceres a las 12 del mediodía en una cama grande con una pequeña acompañante, horas de cocina y pequeñas satisfacciones, paseos útiles e inútiles... A veces creo que soy tan feliz que hasta me parece escuchar una banda sonora. Nada me interesa más que la contemplación de la sonrisa, cada vez más amplia, de Cecilia y los pequeños placeres, los pequeños planes, que me entretienen en esta felicidad doméstica que, a veces, me llena los ojos de lágrimas.
Pero hasta este retiro llegan también los ecos de lo que pasa en eso que los demás llaman mundo y que está fuera de mi mundo, porque yo he elegido quedarme en la caverna, mirando las sombras, sin querer asomarme a la luz del día que puede dañarme los ojos. Y desde esta plácida situación, la pasada noche electoral ha sido bastante más placentera que la anterior. Unas municipales que viví embarazada de siete meses, trabajando hasta la una de la madrugada sin saber ya ni cómo sentarme y con la niña clavándose en mis costillas.
Ahora, con ella a mi lado, todo parece más llevadero. La miro y pienso en los largos años de derecha que nos esperan, en las muchas manifestaciones a las que iremos y a las que la llevaremos para enseñarle a ser una ilusa, a que crea que se pueden cambiar las cosas.
Largos años de derecha nos esperan, puede que hasta que ella tenga 4, 8 o 12 años, quién sabe. Años en los que le contaremos qué es esto de la Democracia y la democracia. Sí, la de las minúsculas también. Para que se vaya enterando de las imperfecciones de un sistema electoral injusto, en el que no todos los votos valen lo mismo y en el que se nos consulta sólo y únicamente cada cuatro años para tener todo ese periódo carta blanca, hasta para modificar la Constitución si así lo marcan instituciones que no son los ciudadanos que forman el Estado.
De democracia y Democracia tendré que hablarle mucho, pero no todavía. Ahora sigo dentro de la caverna doméstica, sin querer asomarme mucho a la calle, con la vista puesta en su sonrisa y los labios apretados, besándole la cara.

1 comentario:

Susana dijo...

Cuando tu niña tenga 4,8 o 12 años, se sentirá muy orgullosa de todas las lineas que le estas dedicando. Te lo digo por experiencia