lunes, noviembre 28, 2011

Elogio a la imperfección

Esa palabra a destiempo, esos colores mal conjuntados, ese roto en el calcetín, esa comida que salió sosa, esa metedura de pata, ese rayón en el cuaderno, ese correr desgarbado, esas pocas ganas de madrugar, ese rascarse donde y cuando no se debe, ese suelo sin barrer, esa tarea nunca terminada... Son demasiados años cultivando la imperfección como un arte, como una forma de estar en el mundo. En mi larga vida de imperfecciones, he llegado a la conclusión de que un equilibro entre ellas puede hacer que tengamos una vida un poco más feliz.
Estas últimas semanas, no para de crecer sobre la cabecita de Cecilia un pequeño bulto que termina en una mancha roja. Los médicos lo llaman angioma y aseguran que son muchos los niños que los tienen. La mayoría acaban desapareciendo solos, aunque puede tardar hasta diez años en borrarse. Me dicen que seguirá creciendo durante su primer año de vida. Yo la miro y observo cómo se abulta cada vez más y caigo en la cuenta de que, como todo en mi vida, también ella tiene su pequeña imperfección, que la hace casi perfecta. Un toque mágico de alguna musa, puede. Con los años descubriremos su talento.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Todos los humanos somos imperfectos,lo q pasa es q tú eres demasiado crítíca con tu persona,lo q en otros pasas por bueno contigo no lo haces.Respecto al angioma de Cecilia,tenemos q dar gracias d q sea su "imperfecciòn",con lo q se ve por el mundo,todo saldrá bien.Os quiero.Tu madre.

Jose Juan Ramos dijo...

Pues a mis ojos hasta el angioma lo tiene bonito. Me encanta tener a Cecilia en mis brazos y he disfrutado del poquito tiempo que he pasado con ella tanto que no cambio ni si quiera ese pequeño bultito.