lunes, noviembre 28, 2011

La felicidad

Si la felicidad tiene ingredientes como calor, comida, buena compañía y afecto, entonces yo acabo de pasar un fin de semana muy feliz.

Elogio a la imperfección

Esa palabra a destiempo, esos colores mal conjuntados, ese roto en el calcetín, esa comida que salió sosa, esa metedura de pata, ese rayón en el cuaderno, ese correr desgarbado, esas pocas ganas de madrugar, ese rascarse donde y cuando no se debe, ese suelo sin barrer, esa tarea nunca terminada... Son demasiados años cultivando la imperfección como un arte, como una forma de estar en el mundo. En mi larga vida de imperfecciones, he llegado a la conclusión de que un equilibro entre ellas puede hacer que tengamos una vida un poco más feliz.
Estas últimas semanas, no para de crecer sobre la cabecita de Cecilia un pequeño bulto que termina en una mancha roja. Los médicos lo llaman angioma y aseguran que son muchos los niños que los tienen. La mayoría acaban desapareciendo solos, aunque puede tardar hasta diez años en borrarse. Me dicen que seguirá creciendo durante su primer año de vida. Yo la miro y observo cómo se abulta cada vez más y caigo en la cuenta de que, como todo en mi vida, también ella tiene su pequeña imperfección, que la hace casi perfecta. Un toque mágico de alguna musa, puede. Con los años descubriremos su talento.

martes, noviembre 22, 2011

Mi retiro

Vivo en una especie de retiro, en una patria diferente con una rutina propia que se rompe cada día. Amaneceres a las 12 del mediodía en una cama grande con una pequeña acompañante, horas de cocina y pequeñas satisfacciones, paseos útiles e inútiles... A veces creo que soy tan feliz que hasta me parece escuchar una banda sonora. Nada me interesa más que la contemplación de la sonrisa, cada vez más amplia, de Cecilia y los pequeños placeres, los pequeños planes, que me entretienen en esta felicidad doméstica que, a veces, me llena los ojos de lágrimas.
Pero hasta este retiro llegan también los ecos de lo que pasa en eso que los demás llaman mundo y que está fuera de mi mundo, porque yo he elegido quedarme en la caverna, mirando las sombras, sin querer asomarme a la luz del día que puede dañarme los ojos. Y desde esta plácida situación, la pasada noche electoral ha sido bastante más placentera que la anterior. Unas municipales que viví embarazada de siete meses, trabajando hasta la una de la madrugada sin saber ya ni cómo sentarme y con la niña clavándose en mis costillas.
Ahora, con ella a mi lado, todo parece más llevadero. La miro y pienso en los largos años de derecha que nos esperan, en las muchas manifestaciones a las que iremos y a las que la llevaremos para enseñarle a ser una ilusa, a que crea que se pueden cambiar las cosas.
Largos años de derecha nos esperan, puede que hasta que ella tenga 4, 8 o 12 años, quién sabe. Años en los que le contaremos qué es esto de la Democracia y la democracia. Sí, la de las minúsculas también. Para que se vaya enterando de las imperfecciones de un sistema electoral injusto, en el que no todos los votos valen lo mismo y en el que se nos consulta sólo y únicamente cada cuatro años para tener todo ese periódo carta blanca, hasta para modificar la Constitución si así lo marcan instituciones que no son los ciudadanos que forman el Estado.
De democracia y Democracia tendré que hablarle mucho, pero no todavía. Ahora sigo dentro de la caverna doméstica, sin querer asomarme mucho a la calle, con la vista puesta en su sonrisa y los labios apretados, besándole la cara.

sábado, noviembre 05, 2011

Su primer día de campo

Esta niña que aparece sentada en una silla tiene tres meses. Sí, cuesta creerlo. La silla es antigua y la foto también lo parece pero es de ayer y la niña que aparece tan seria y con esos mofletes tan gordos es mi hija, la que nació hace apenas tres meses y una semana. A mi también me costó creerlo hasta que no vi la foto. Yo estaba dentro del cortijo de Los Felisos, el campo de mi amigo Antonio Pablo, que volvió a acogernos ayer en el que ha sido nuestro primer día de campo con Cecilia.
Los Felisos siempre han sido, para mi, sinónimo de amigos y sonrisas. Ayer, otra vez, pero diferente. Disfrutamos de un paseo entre encinas, relajado y feliz, respirando el aire fresco de la Sierra.
Y dentro del cortijo, se encendió la candela en la que cocinaron una carne deliciosa y que hizo las delicias de Cecilia, que se quedó embelada mirando por primera vez el fuego.
Ahora es como volver a vivirlo todo por primera vez, hasta pasar un día en el campo donde tantos días hemos pasado, todos tan agradables como el de ayer.

viernes, noviembre 04, 2011

Talento (oculto) culinario

Carezco de talento culinario. Eso le he dicho siempre a todos los que me repetían que la cocina es tiempo y paciencia. Yo no tenía ni tiempo, ni paciencia ni talento y de todos son conocidos mis intentos fallidos de hacer sabroso lo que apenas era comestible. He aquí un ejemplo.
Pero, de repente, todo ha cambiado. Será la maternidad, la obligación de pasar más tiempo en casa o los meses sin trabajar. Será todo un poco. En las últimas semanas he hecho deliciosos potajes, estupendas lenjetas, apetitosos huevos rellenos, abundante ensalada de pasta y hasta atún encebollado y este plato, que acabo de zamparme: pollo con pasas al vino moscatel.
La cocina, era verdad, es tiempo, paciencia y ganas. Muchas ganas. Las suficientes como para echar una tarde entera en elaborar algo que vas a engullir en apenas dos minutos. Mi familia se divierte con mi repentina inspiración y yo no paro de repetir cosas como Ummmmm, o como Ojú, qué rico... Como si no lo hubiera hecho yo, sino otra cocinera a la que agradecer tanto tiempo invertido. Por eso la cocina son ganas. Ganas de querer que un esfuerzo valga la pena.