martes, agosto 30, 2011

Un pequeña confesión

Faltan cinco minutos para que empiece el día de mi cumpleaños. 29 años cumplo y llevo todo el día pensando cómo he podido vivir los 28 anteriores sin la doméstica felicidad que ahora me rodea con el olor y la sonrisa de mi niña y el abrazo y los mimos de Grego que esta tarde se ha afanado en hacerme la mejor tarta de cumpleaños, sin saber que lo que me está haciendo vivir es el mayor regalo de mi vida.

sábado, agosto 27, 2011

Tu tierra

Puede que hayas tenido suerte. Podías haber nacido en cualquier otra familia de cualquier otro rincón del mundo y puede que acabara gustándote ese rincón; pero has nacido aquí, entre nosotros y ya te escribí una vez que tu hogar tiene ramificaciones a menos de 120 kilómetros. En realidad, es el mismo hogar; sólo que con dos sedes. Y aquí es donde hemos elegido que pases el primer mes de tu vida, que cumples en apenas unas horas. Para celebrarlo, te hemos llevado lo más cerca del cielo que hemos podido: la Peña de Arias Montano y el Castillo de Cortegana.
Pronto descubrirás que esos dos sitios tienen más que ver contigo de lo que tú misma piensas. Desde ambos se divisan, enteros y completos, dos de nuestros pueblos: Alájar y Cortegana.
Para tu tía (y para tu padre también, pero a él siempre le dan pereza este tipo de cosas) llevarte a Alájar era importante. Puede que porque allí pasaron los años del descubrir, de la amistad, del principio de la vida propia y las ideas emancipadas. Tu padre recordaba en voz alta, como para que tú lo escucharas, varias de las anécdotas que yo le he escuchado cientos de veces (por eso sé que era a tí a quien hablaba y no a mi): Las calles por las que corría, el bar donde ganó algo parecía a su primer sueldo, el palomo que cazaron y quedó colgando delante de la fachada de la iglesia... Y aunque de todo eso han pasado ya casi 20 años (de todo hace ya casi veinte años), volver a Alájar siempre es un ejercicio saludable por las vistas de la peña, por el rumor del agua, por la agradable humedad y hasta por la exquisita comida serrana. Por todo y por ellos, con sus recuerdos dentro.
En Alájar se nos hizo de noche demasiado pronto y esta mañana queríamos tener todo el sol de la sierra para nosotros y te hemos subido al castillo.
Demasiado calor, pero ha valido la pena; a pesar de lo poco que has tardado en quedarte aletargada primero y dormida después.
Desde allí te hemos fotografiado con nuestro pueblo al fondo.
Aquí vendremos cada vez que podamos y el tiempo nos lo permita. Aquí tienes al resto de la familia y el tiempo libre para poder disfrutar de ellos y ellas. Puede que te guste jugar en el paseo, tomar un refresco en la plaza, oler el jazmín del Altozano, escuchar las historias de velador de verano, abrazar a tu bisabuela y a tus abuelas, subir y bajar las cuestas, compartir juguetes con todos tus primos y amigos...
Todo esto y lo que vendrá, que ni yo misma conozco y que puede que termine haciéndote sentir este pueblo como el tuyo, a pesar de que en tu partida de nacimiento aparezca una ciudad de otra provincia, donde vas a pasar la mayor parte de tu vida y que puede que también te haga sentir afortunada. Para cuando eso no ocurra, aquí tienes tu pueblo y toda tu sierra, que es la de los tuyos.

miércoles, agosto 24, 2011

Una visita

Rocío sabe que tiene algo que no funciona del todo. Un poco como el resto de los mortales, pero lo de ella escrito negro sobre blanco. Por eso, cuando logra emocionarse, es capaz de acordarse de algo que le diagnosticaron y decir: "Déjame que me emocione, a pesar de que los psicólogos y terapeutas digan que las personas con daño cerebral no tenemos capacidad para emocionarnos". Eso dice, y se le llenan los ojos de lágrimas, con una sinceridad y una espontaneidad que yo apenas le recordaba antes de aquel día que fue capaz de burlar a la muerte.
Decía que quería verme con la barriga, pero no llegó a tiempo. Sí ha llegado lo justo para conocer a Cecilia a los pocos días de su nacimiento. La trajeron sus padres y los tres le hicieron un regalo a mi hija que eligió ella misma con total acierto. No olvidó el nombre de la pequeña desde el día que su enteró de su existencia y lo gritó en cuanto aparecí con el carrito.
"¿Es zampona?", me preguntaba varias veces mientras la veía mamar. Yo le decía que sí y ella reía a carcajadas. Igual que cuando escuchaba su propia voz pidiéndole de forma educadísima al camarero que le sirviera un vaso de agua. Y, como Rocío vive entre el recuerdo y el olvido en un estado de conciencia que le he conocido a pocas personas en la vida, confunde las cosas que le han contado con las que ella misma intuye. Por eso repite "Si no puedo volver a dedicarme al periodismo, me voy a meter a pitonisa". Y vuelve a reir a carcajadas, y yo con ella, mientras disfruta con mi hija en sus brazos y yo las miro, dando gracias porque haya podido producirse esta foto, porque hayan podido coincidir en el mismo espacio y el mismo tiempo.

miércoles, agosto 17, 2011

Paso a paso

El Nogal es un lugar único, al menos para los corteganeses en la distancia que podemos disfrutar de sus frescas noches de verano. Cuando mi madre confeccionaba las rebecas de hilo de colores para su futura nieta, no faltaba alguna referencia a ellas. Anoche, por fin, pudimos hacer, con Cecilia, una primera incursión de alitas, ensaladilla con piquitos, tinto de verano y ponche con vistas al castillo. Pero ella parecía estar molesta con algo y no era capaz de dormirse.
Poco a poco voy descubriendo que hay pocos remedios naturales más potentes contra los malestares de mi hija que mi propio pecho, así que la primera noche de Nogal se convirtió también en la primera vez que le he dado el pecho en la calle a mi pequeña. Un paso importante para mí, para nosotros, porque tanto Grego como yo hemos querido apostar por la lactancia materna desde antes, incluso, de que ella naciera sin saber lo complicado de la apuesta. Pero, paso a paso, lo vamos consiguiendo y, la verdad, es que creemos que vale la pena.

Jornadas Medievales

Han terminado una de nuestras fiestas preferidas, que este año hemos vivido de forma muy diferente, aunque con ciertas constantes:
Los amigos, el ambiente medieval, la gente llenando el pueblo, las comidas exóticas, las subidas y bajadas del Castillo...
Y , precisamente para eso, este año, que cuatro piernas tenían que tirar de tres personas, hemos contado con la ayuda de un foulard que ha dejado indiferentes a pocos de nuestros paisanos. A la mayoría, les ha causado curiosidad, y a alguno que otro cierta indignación por creer que podíamos "asfixiar" a una niña de quince días o causarle cualquier daño.
Lo cierto es que Cecilia ha vivido las noches de las Jornadas Medievales con nosotros (el día ha sido demasiado caluroso, la verdad) la mar de a gusto, en contanto con el cuerpo de su padre y de su madre. Tanto, que es uno de los pocos sitios donde se calma completamente su llanto y donde es capaz de conciliar un sueño tan profundo que da igual si pasan por su lado un grupo de gaiteiros tocando música celta.
Pues eso, que unas medievales diferentes, con una niña de pocos días que hemos podido disfrutar a nuestra manera.

jueves, agosto 11, 2011

Ella

Huele dulce y huele ácido. No me canso de mirarla. Le cuesta dormir la siestas calurosas de mi pueblo y le encanta dormir de una vez las noches frescas. Yo la ayudo. O ella me ayuda a mi, eso todavía no lo tengo claro. Hace mil ruidos que intento ir identificando, sin conseguirlo. Quiero creer que empieza a reconocerme, aunque todavía no pueda verme, por más abiertos y más negros que trajera los ojos desde el fondo de mi vientre. Yo podría hacerlo entre todos los mortales, esa mezcla de dulce y de ácido, la piel tan suave, su llanto agudo e intenso, la paz de su sueño...
Salió de mí con tanta fuerza que sentí que me tiraban desde un avión. Permanecí eufórica durante horas. Algo químico, físico y biológico. Tan diferente a todo lo vivido, que apenas sé ponerle palabras. Después llegó el llanto, unas veces de agobio y la inmensa mayoría de felicidad y nervios. Amar, amarla, tanto que cualquier cosa es capaz de hacerme llorar: Un amanecer en la ciudad camino del Registro Civil, la salida del hospital al que llegué sin saber muy bien lo que me esperaba, la voz de su padre hablándole de todo lo que habíamos preparado para ella.
Ahora duerme la siesta calurosa de su segunda semana. Poco a poco vamos conociéndonos mejor. Ella y yo. Ella y todo el resto del mundo. La miro, la cojo, la alimento, la acaricio y pienso que es "mía" sin que esa palabra signifique propiedad; como si quererla a ella me hiciera querer más al resto de las personas. A veces la huelo y pienso en la vida, y tampoco ahí tengo muy claro quién le dio qué a quién.
Lo único que sé con seguridad es que, desde hace dos semanas, todo importa un poco menos. Lo que antes me preocupaba se ha quedado en una anécdota sin la menor importancia porque ahora sólo importa ella, Cecilia, su sueño, su vigilia, su cuidado, su alimento... Ella y yo, ella y nosotros. Y todo huele como ella, dulce y ácido, y yo creo haber encontrado la Felicidad y la Esperanza que he buscado nueve meses, o puede que toda la vida.