martes, julio 12, 2011

Sonrisa y espera

Acababábamos de dejar a mi madre en la esquina de Resolana con la calle Feria cuando el taxista preguntó : "Y éste verano, ¿Dónde, de vacaciones?". Le contesté que iba a ser madre en unos días y que me quedaba sin ellas (hubiera querido responderle: "En una habitación del Hospital Macarena que espero que tenga vistas", pero era realmente simpático y no quería ser cortante).
Él no se había dado cuenta de mi avanzado estado de gestación, precisamente en la mañana en que he descubierto que no es tan avanzado y que Cecilia podría nacer entre 5 y 7 días después de la fecha prevista en los primeros y erróneos cálculos. Se alegró de veras y empezó a contarme algo que le ocurrió hace cosa de un par de meses cuando una mujer, con dolores de parto, paró su coche en el arco de la Macarena.
"La mujer iba dando tales gritos que la quise llevar al hospital Macarena, pero ella me dijo que no, que quería parir en el Virgen del Rocío. Yo le decía que no llegábamos pero ella insistía. Se tumbó en el asiento de atrás y seguía chillando de dolor. A la altura de la Ronda del Tamarguillo paré a dos municipales. Les conté la película y ellos se ofrecieron a ponerse delante del taxi con las luces de emergencia. No paré en ningún cruce ni en ningún semáforo y, cuando dejamos a la mujer en la puerta de urgencias, uno de los agentes me preguntó que qué me pasaba. "Siéntese usted y relájese", me dijo. Yo estaba blanco. Creía que la mujer me paría en el taxi y, además, nunca me había saltado tantos semáforos en rojo".
Reconozco que me he reído y que he sentido cierta envidia de aquella mujer, a pesar de sus dolores, que pronto serán los míos, y he deseado que el tiempo pase rápido y que la espera no se me haga interminable.

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