miércoles, julio 13, 2011

La huerta de Taipei

Que el mundo ya ha cambiado no es ninguna novedad. Está pasando. Si te has quedado embobado pensando en cualquier otra cosa (¿Por qué carajo los Bechkam le han puesto a su hija Harper Seven?, por ejemplo) puede que no te hayas dado cuenta. El caso es que hace unos días Grego trajo una sandía y mucho recelo. Le había convencido el precio pero no podía ocultar ciertas suspicacias. Llevaba un tiempo observándola, junto a sus compañeras, en el interior de una caja en el bazar chino que hay junto a casa; donde lo mismo se compra un bote de pegamento que un bambo de flores o el adornos horteras para el cabello femenino.
Dejó pasar varios días su impulso de comprarla, pero pudo más el bolsillo y, de repente, porque el mundo había cambiado, nos vimos en el salón de mi casa comiendo una deliciosa sandía roja por dentro y verde por fuera "de la huerta de Taipei", bromeábamos. Y como en esta familia de casi tres comemos cantidades industriales de sandía, hoy ha vuelto a hacerlo y ha aparecido por la puerta con una sandía, todavía más grande que la anterior y que casi no cabe en nuestra minúscula cocina.
-La he traído del chino, otra vez-. Y luego se ha excusado. -Es que vale la mitad que en el supermercado-.
Mi madre, que nos acompaña en la fase final, y que estaría pensando en cualquier otra cosa cuando el mundo cambió (en las letras a punto de cruz que borda con el nombre de su nieta mientras la espera, por ejemplo) no ha ocultado su sorpresa.
-¿Del chino?- Como si entre los productos de limpieza a 0,75 y los lápices de colores no pudieran esconderse sandías de carne y pipas.
-Sí, de la huerta de Taipei- Le he contestado.- Y están tela de ricas- He intentado convencerla.
Y mi madre se ha sorprendido y ha recordado en voz alta a aquel señor que iba por Cortegana con una furgoneta pregonando "Sandías colorás colorás como la sangre de toro. De la huerta de Iginio el Torero".
Y yo me he tenido que reir. Pues sí que ha cambiado el mundo, sí.

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