martes, julio 05, 2011

Insumisa

Llevo unas horas de retiro. Insumisa del género humano me he declarado. Y he pasado una mala noche, sí. Casi tan mala como el día de ayer. No he dormido apenas y me duelen las piernas casi tanto como ayer me dolieron los ojos de llorar un sofocón inconsolable del que no pudo rescatarme ni mi médico de cabecera, al que pocas veces había acudido una preñada en semejante estado. Antes de llegar a la consulta, pasé por una de las farmacias de mi barrio a recoger unas pastillas. Había un par de personas delante mía y, mientras esperaba, una inmigrante con un niño en brazos, a la que he visto varias veces por estas calles, entró con una lata de leche en polvo vacía. Sólo pedía que alguien le comprara otra porque ésta, y nos la enseñó, se le había terminando.
La farmacéutica la intentó echar, pero yo le dije que se la compraría. La señora que estaba siendo atendida arremetió contra ella y contra mi. A ella le decía lindeces del tipo "nos dejáis sin pensiones" y otras mucho peores. A mí, que no se la comprara porque se la regalaban en el centro de salud, cosa que todos sabíamos que era mentira (la propia farmacéutica se lo dijo). Siguieron otras puyas que yo hubiera preferido no escuchar jamás, pero mantuve el tipo. Le pregunté a la madre la edad del bebé. Tenía 5 meses y había nacido prematuro, de ahí la necesidad de esa leche especial. La señora salió, le tocaba a otro hombre y detrás nuestra entró una nueva mujer que, cuando vio a la mamá inmigrante llevarse la lata de leche que yo pagaba, manifestó en voz alta sus sospechas de que fuera a venderla al volver la esquina y otras suspicacias, a cada cual más hiriente.
Salí de la farmacia, perdí de vista a la madre y empecé a llorar desconsoladamente porque no podía creerme el grado de crueldad y la falta de corazón de los protagonistas del incidente. No podía creerme, sobre todo, los insultos a la inmigrante, la intromisión en lo que me daba la gana de hacer con mi dinero y, sobre todo, que me echaran cara viendo, como veían, mi abultado vientre de casi nueve meses. Y seguía llorando y así entré a la consulta del médico de cabecera que intentó tranquilizarme con un "claro, es que tú ahora estás más sensible con el embarazo" que no me calmó. Y lloré durante horas, arropada en la intimidad de la casa donde espero la llegada mi hija sin querer saber nada de la calle donde esa madre ha esperado la llegada de su hijo y vive con él su vida.

2 comentarios:

tu tata dijo...

MI VIDA PIENSA QUE AUN QUE TE ALLÁS SENTIDO TAN MAL DESGRACIADAMENTE ES LA VIDA.PERO PIENSA LO QUE TU GRAN TESORO ACABA DE PRESENCIAR,LA EDUCACIÓN QUE YA LE ESTAS DANDO A LA NIÑA .QUE ORGULLO DE MADRE, NUNCA DEJES DE SER TU. UN BESAZO DE TU TATA.

flor dijo...

Más que de crisis económica, yo hablaría de crisis de valores. En ocasiones me paro a pensar como se consiguen, quien me regaló los pocos que tengo, en que sitio puedo recargarlos.
Es cierto que combinas los colores de la ropa de memoria, que desparejas los calcetines y que no consigues dejar la cola light por tu embarazo... pero vas a ser una madre impresionante. Como llevo haciendo toda la vida, te miraré e intentaré aprender de ti. Te quiero pirfa