miércoles, julio 06, 2011

Básicos

El año que nací yo, Salvat reeditó (sí, creo que fue una reedición pero ya fuera de las fauces de la censura editorial) su Biblioteca Básica Salvat. Le dio un formato pequeño, con portada colorida, lomo negro con letras blancas y tapas blandas. Mis padres tuvieron el acierto de comprarla y siempre ha lucido en el mismo mueble de mi casa (algo es algo). Con motivo de los cambios que se avecinan, mi madre ha cambiado de sitio estos pequeños libros que yo he vuelto tocar, a abrir y cerrar como habré podido hacer centenares de veces en mi infancia. Me sé los títulos de memoria. Los hay de Poe, de Cela, de Delibes, de Borges, de Balzac y un largo etcétera de básicos, al entonces juicio de Salvat.
Recuerdo que, para mi, siempre fueron "libros de adultos" y jamás me atreví, siendo niña, a pasar el umbral, a pesar de que mis padres nunca vigilaron mis lecturas. Todo hasta un día, al principio de mi adolescencia y mal aconsejada por alguien, en el que leí Los Cachorros, de Vargas Llosa. Un libro para el que no estaba preparada y que me pareció tan brutal que no volví a leer ninguno de los 99 títulos restantes hasta ahora, justo cuando han vuelto a mis manos y a mi curiosidad. Y lo he hecho con otra novela corta de otro escritor universal León Tolstoi.
Su libro La muerte de Iván Illich me hizo pasar la otra tarde acompañada. De esta obra dijo el mismísimo Nabokov que era la mayor de toda la literatura rusa. Yo no he leído tanta literatura rusa como él pero este relato es conciso, directo y te deja la suficientemente tocada como para pensar que es una obra de arte.
La inestabilidad de lo que creemos estable, la vida y la muerte, lo superfluo de las ambiciones burguesas (que resulta que no son tan diferentes entre la Rusia zarista y esta sociedad de consumo y apariencias)... Todo está presente en este librito de Tolstoi que resulta ser uno de los básicos de esta Biblioteca Básica Salvat que me ha acompañado desde niña y que es, en sí misma, todo un clásico.

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