jueves, junio 09, 2011

Perspectivas

El interior de un contenedor de papel es un agujero negro capaz de engullir cuatro años de tu vida, a tu puño y letra. Ayer tiré buena parte de ellos y hoy le seguirán los otros. Entre los cambios que va a traer la maternidad a mi vida y a mi casa, he decidido que, a mi pesar, uno de ellos tiene que ser deshacerme de la decena de archivadores en los que se apilaba el polvo y los apuntes de mi carrera. Es una cuestión de higiene, básicamente.
Intentando salvar algo, reconozco que he sentido cierta nostalgia: los apuntes de los primeros cursos perfectamente encuadernados, los dossieres de los ciclos de historia y cine, los de Derecho de la Información, las letras de mis compañeras en mis propios apuntes... He conservado el tipómetro, que siempre fue, de lejos, lo más inutil de mis años universitarios.
Mañana, las hojas que escribí y luego estudié, podrán servir para limpiar el culo de algún progre convencido de las bonanzas del papel higiénico reciclado mientras yo le esté cambiando los pañales a mi hija. Y todo será redondo y casi perfecto. Y el vacío que ahora dejan mis archivadores lo llenarán otras cosas, puede que más coloridas, puede que más infantiles. Y yo, que sentía ayer cierta nostalgia mientras tiraba al contenedor de papel los vestigios escritos de cuatro años de clases, no he podido reprimir algunos grados más al ver esta mañana este vídeo de los chicos que ha terminado este año la carrera, entre ellas, Mercedes, una chica de mi pueblo que también decidió ser Periodista y ojalá lo consiga porque tienen mucho talento.

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