jueves, mayo 12, 2011

El agua

Dicen que somos agua. Que venimos del agua. Grego ha descubierto que hay una cosa que sólo él puede disfrutar de mi embarazo. Un teritorio propio al que yo no puedo acceder. Por eso cada noche repite su particular ceremonia y pega su oído a mi barriga, cierra los ojos y se parar a escuchar. Me dice que escucha agua..
Dicen que somos agua. Que venimos del agua. Resulta que llevo un ser flotante en mi panza. Que me he convertido en una pecera. Que dentro de mi hay una niña que nada dentro de su burbuja. Y esa burbuja, que cada vez es más grande, ha empezado a hacer que mi propio perímetro escape de mis controles. Y cuando golpearme contra todos los objetos empezaba a ser algo a lo que me estaba acostumbrando, descubro, de repente, que apenas quepo en mi propia ducha. De frente sí. De canto menos. Cada vez menos.
Dicen que somos agua. Que venimos del agua. Miro la cara de Grego, feliz, con sus ojos cerrados y su cabeza apoyada en mi vientre y siento, por unos instantes, un poco de envidia y un mucho de amor. Él sólo retira la cabeza para acercar su boca a mi ombligo y repetir "Cecilia, Cecilia", en un ritual nocturno que hace que yo sienta que cuánto más cerca estamos de ser tres, más empezamos a sentirnos uno.

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