martes, mayo 31, 2011

Reposo

Calor. Otro viaje al baño. Hambre. Un melocotón, siete galletas de canela y una de chocolate. Página, página, página. Un zapping. Un cuatro de hora de película americana a la mitad, un programa de libros en La 2. Calor. Mi suegra y sus conversaciones. Me obliga, sin quererlo, a ver parte del magazin matinal del canal autonómico. Sucesos, un geriatra, más sucesos, llamadas de mujeres mayores hablando de enfermedades. Calor. Ella busca el número de un especialistas en la guía de Adeslas. Miro a la tele y la miro a ella. Con esta programación matinal es imposible sentirse sana.
Se va a la calle y yo vuelvo a mi libro. Más calor. Acaba de morir Amaranta y Fernanda descubre a Meme en el cine besándose con un hombre cubierto de mariposas amarillas. Es la tercera vez que leo este libro y siento que podría hacerlo muchas más. Más calor. Una patada que duele. No sé cómo ponerme. Otro viaje al baño. Abro la puerta de la cocina y la de mi dormitorio. Compruebo que, efectivamente, ni los platos se lavan solos ni la cama se hace sola. Vuelvo al sofá. Probaré dentro de un rato si el realismo mágico puede convertir en realidad mis pequeños sueños domésticos. Más calor... Esto debe ser eso que llaman reposo. Me aburro mortalmente pero descubro que hace tiempo que lo necesitaba.

viernes, mayo 27, 2011

Represión

No han pasado ni cinco días desde las elecciones y ese esfuerzo de continencia de nuestras "fuerzas del orden" ya se ha ido al garete. A esta hora, en Barcelona, decenas de mossos d´esquadra cargan contra los acampados en Plaza Cataluña para "limpiar la plaza", eso parece que dice la oficialidad. Han tenido la mala suerte (o la buena, vete a saber) de que todas las televisiones estuvieran sobre aviso y nos estén mostrando en directo los signos de su brutalidad. Empiezan a contabilizarse los primeros heridos y esto no ha hecho más que empezar.
Me llegan las imágenes al salón, a través del Canal 24 horas, y tengo que apagar la tele antes de romper a llorar. Un agente acaba de golpear con su porra a una chica que lleva un pañuelo en la cabeza. Me ha recordado a otra que esta semana me acompañó en la acampada sevillana de La Encarnación y con la que recorrí todo el territorio ocupado bajo las setas que ya ha dejado de ser la plaza que era hace unas semanas para convertirse en una especie de "organización" efímera, con sus diferentes departamentos separados por cintas: Comunicación, Voluntariado, Consigna, Información, Taller... En el centro, un espacio en blanco por el que la gente pasea y en el que se sientan algunos de ellos para celebrar sus asambleas. Me llamaron varias cosas la atención: La excesiva organización (nadie que no fuera de Comunicación quería responder a mis preguntas), la excesiva solidaridad (el chico que guardaba las mochilas de los demás en Consigna llevaba como dos noches sentado en la misma silla sin moverse), la excesiva confianza (los portátiles se quedaban sin vigilancia encima de un cartón y nadie los robaba) y el exceso de carteles (algunos muy imaginativos y otros muy prácticos, como el de "Tu perro es tu responsabilidad", que a mi me hizo sonreír).
Es verdad que los chavales que siguen en la Encarnación son los del primer día, pero no todos. Es verdad que no son los mismos los que hacen la noche que los que acuden a las diferentes concentraciones. Es verdad que la plaza está menos limpia ahora que cuando estaba vacía. Pero también es verdad que todo continúa teniendo el mismo sentido y que he pensado en ellos y he sentido miedo porque puedan ser reprimidos. Y he recordado a la chica tan simpática, con su pelo suelto, su pañuelo y sus pantalones anchos de tela que me sirvió de Cicerone y a otra, que venía a ofrecerse como voluntaria para traducir al francés lo que fuese y llevaba colgado sobre su pecho a un niño de un par de meses.
Espero que no corran la misma suerte que los catalanes. Espero que los telespectadores se indignen tanto como lo estoy yo y podamos parar esto, cueste lo que cueste.

lunes, mayo 23, 2011

La mina de Macondo

Si Macondo tuviera una mina que llegara casi al corazón mismo de la tierra, no haría dentro de ella más calor que el pasé ayer en Huelva. Un sol grande, poca sombra y menos aire acondicionado en la emisora a la que volvía después de un mes para vivir la jornada electoral del 22-M. Una jornada, resaca de boda, en la que apenas dormí unas cinco o seis horas y que arranqué en mi colegio electoral (votando, codo con codo, con el que ya es el último alcalde socialista de Sevilla, Alfredo Sanchez Monteseirín), con parada en Bollullos Par del Condado (donde acompañamos a Diego Valderas) y tarde-noche en el Hotel Monte Conquero de Huelva, el lugar que eligieron los socialistas onubenses para celebrar una fiesta que se acabó convirtiendo en una de las jornadas más amargas de su historia.
Y yo, que cavaba y cavaba en la mina de Macondo (o, al menos, sudaba como si lo hiciera), empecé a sentirme incómoda. Casi tanto como el ambiente. Tanto como cualquier embarazada de siete meses en una jornada laboral de 15 horas. Las caras largas, los gestos serios, el nerviosismo, los cuchicheos, las tardanzas, los rumores y sus posteriores confirmaciones. De mi pueblo me contaba la pantalla que, por primera vez en su historia, iba a haber un gobierno local del PP. LLegaban noticias de Sevilla, de Córdoba... Sorprendentes vuelcos electorales en pueblos de la provincia históricamente socialistas que habían decidido dejar de serlo. Con la Diputación casi perdida y la capital perdida del todo para su partido, salió el Secretario General de los Socialistas onubenses, Mario Jimenez, y atendió a los medios como no supo ni quiso hacerlo una tristísima Petronila Guerrero. Con el desplante terminé la jornada, me encerré en el corazón de la mina hasta pasadas la una y media de la madrugada y ya me había quedado sin voz cuando empecé a contar lo que había pasado en las urnas. Y cavando, cavando (y sudando y sudando), salí de la emisora. Llegué hasta el hotel donde tenía que pasar la noche; el mismo que los populares onubenses habían elegido para celebrar su victoria. Con tres de ellos me crucé, fumando satisfechos y descamisados. Me saludaron y su sonrisa contrastó con el ánimo que yo traía del escenario de la derrota. Subí a la habitación, me duché y el agua se llevó mi sudor. El recuerdo de la jornada tardó bastante más en irse. Me costó dormir, empecé a hablar sola para sentirme acompañada, Cecilia no paraba de moverse en mi vientre y, cuando cerraba los ojos, se sucedían los porcentajes y los gráficos. El sol y el calor han vuelto a despertarme y he bajado animosa a desayunar. He comprendido que ésta es la Democracia que tenemos y que jornadas como ésta se viven pocas veces en la vida.

jueves, mayo 19, 2011

Marqués de Pickman

Marqués de Pickman siempre ha sido algo más que la calle que une la Gran Plaza con la Ronda del Tamarguillo. Yo, que siempre he vivido en el otro extremo de la ciudad, recuerdo esa calle como un caos de puestos de mercadillo ambulante abierto 365 días. Eso me parecía. A los lados de las calles, los tenderentes, el bullicio, la vida a raudales de una calle populosa y popular que yo atravesaba muy pocas veces al año.
Y ya hacía varios que no pasaba por allí hasta que he tenido que transitarla hace muy pocas fechas. Mi sorpresa ha sido enorme ante la transformación de esta vía. Ya apenas se parece a aquella que conocí hace cosa de 10 años. Marqués de Pickman es ahora una curiosa calle, en el mismo sitio y con el mismo nombre de la de antes pero casi irreconocible: Un pequeño barrio chino donde dos chicas de ojos rasgados pasean por la acera, el bar de desayunos de la esquina se escribe con caracteres ilegibles y hay hasta una asesoría jurídica especializada en asuntos de ciudadanos chinos... Todo esto y una decena (o más) de establecimientos de estos emprendedores llegados de la otra punta del planeta antes de que yo volviera a esta calle desde la otra punta de la ciudad.
Si Sevilla jamás tuvo un barrio chino, me parece que está empezando a tenerlo. Las cosas cambian tan rápido que, en Marques de Pickman, ya han cambiado.

miércoles, mayo 18, 2011

Las setas, techo y suelo

Ha sido tan criticado que a algunos les da vergüenza admirarlo ahora. El Metropol-Parasol es un espectáculo arquitectónico. Por motivos de trabajo he acudido estos días a él y pedido pasearme por su pasarela.
Se ve todo. Una vista privilegiada desde el corazón mismo de la ciudad. Y a tres pisos más abajo, los secretos que se escondían bajo el suelo del mercado: El Antiquarium, con sus mosaicos, su antigua fábrica de salazones y hasta su juego de mesa cincelado en una piedra que usaban aquellos que nos precedieron como un banco. Y he disfrutado mucho, la verdad. Y he olvidado polémicas porque he abierto los sentidos. Y me ha gustado la experiencia. Y he creído, además, que esto de "las setas" puede tener un largo recorrido para disfrute de los sevillanos. ... Y lo he podido contar en la radio.

sábado, mayo 14, 2011

Flamenco contra los bancos

Estas tres flamencas se pusieron a taconear ayer delante del Banco de España. Con ellas, muchos otros, como Rebeca y su amiga Maribel.

No es la primera vez que este colectivo de activistas sevillanos (Flo6x8) reivindica, a ritmo de flamenco, una economía mas justa y solidaria para un mundo mejor. Pero sí era la primera vez que yo los veía. Y la verdad es que, entre divertida y asombrada, comprendí perfectamente que lo que piden es una cuestión de justicia social. Y eso me emociona, porque cada vez es más dificil encontrar personas con ganas de protestar que encima sepan hacerlo de forma tan imaginativa.

Hblando después con uno de los artífices, me contó algo de este vídeo que es una especie de trailer de una película más larga que quieren que vea la gente. Yo lo dejo aquí, para contribuir a su difusión, y para aprender, de paso, que hay formas muy originales y efectistas de protesta.

Besos en Abril

Sólo una persona podía regalarme, con motivo del Día de la Madre que todavía no soy, un cartón como todos los que me esperan de aquí a unos años. La diferencia es que éste no ha sido pintado por ninguna niña.
Este cartón habría una puerta que daba a un bonito teatro, como los de antes. Con sus luces, su buen sonido, sus butacas, su acomodador... Lleno de personas que tarareaban canciones que hablaban de amor, de sexo, de besos, de playa, de ciudades como Cádiz, Nueva York, Granada y La Habana. Y encima del escenario, una guitarra que colgaba del cuello de Javier Ruibal. Y todo él. Con su voz incombustible durante dos horas de concierto, su planta, su sombrero y un calor asfixiante que, lejos de agotarlo, hacía que se creciera.
Besos en Abril. Grego, que sólo conocía una de las canciones, me cogía de la mano y yo acariciaba mi barriga con la que me quedaba libre. Y notaba, al son del piano, la batería y la guitarra, los movimientos de Cecilia, que respondía una y otra vez ante la buena música. Y yo era feliz. Mucho. Escuchaba a Ruibal y así me sentía.

jueves, mayo 12, 2011

El agua

Dicen que somos agua. Que venimos del agua. Grego ha descubierto que hay una cosa que sólo él puede disfrutar de mi embarazo. Un teritorio propio al que yo no puedo acceder. Por eso cada noche repite su particular ceremonia y pega su oído a mi barriga, cierra los ojos y se parar a escuchar. Me dice que escucha agua..
Dicen que somos agua. Que venimos del agua. Resulta que llevo un ser flotante en mi panza. Que me he convertido en una pecera. Que dentro de mi hay una niña que nada dentro de su burbuja. Y esa burbuja, que cada vez es más grande, ha empezado a hacer que mi propio perímetro escape de mis controles. Y cuando golpearme contra todos los objetos empezaba a ser algo a lo que me estaba acostumbrando, descubro, de repente, que apenas quepo en mi propia ducha. De frente sí. De canto menos. Cada vez menos.
Dicen que somos agua. Que venimos del agua. Miro la cara de Grego, feliz, con sus ojos cerrados y su cabeza apoyada en mi vientre y siento, por unos instantes, un poco de envidia y un mucho de amor. Él sólo retira la cabeza para acercar su boca a mi ombligo y repetir "Cecilia, Cecilia", en un ritual nocturno que hace que yo sienta que cuánto más cerca estamos de ser tres, más empezamos a sentirnos uno.

lunes, mayo 09, 2011

Concentración

Los primeros meses de embarazo perdí la capacidad lectora. Era capaz de juntar una letra, otra y otra más y entender el significado de las palabras sin que se me amontonaran, pero era incapaz de pasar alegremente las páginas de un libro con palabras, palabras y más palabras. Imposible. Mis hormonas y mis neuronas emprendieron una encarnizada lucha y, entre sus primeras víctimas colaterales, cayó mi concentración.
En ese trance de los primeros meses yo anda tonteando con Cortázar y su Rayuela. Al principio creí que mi incapacidad lectora se debía a que no podía con este libro con el que lo había intentado tantas veces. Cambié a Cortázar por el Vargas Llosa de El Sueño del Celta y tampoco. Empecé a sospechar que tenía algún problema de concentración cuando, a las pocas palabras, mi libro caía a un lado de mi cuerpo y yo me quedaba mirando al techo durante minutos.
Fueron pasando las semanas, que es como las preñadas aprendemos a contar el tiempo, y pude volver a leer un libro. Un libro de cuentos. Como mi vista había permanecido el tiempo suficiente sobre las páginas como para leerlo entero, me atreví con una empresa más ambiciosa: La última novela de Almudena Grandes. Y, página a página, he descubierto que mi concentración ha vuelto y he sido capaz de pasar las más de 700 en las que la autora nos habla de Inés, Galán, Comprendes, Angelita, Toulouse, Bossost y un "episodio" de la historia de España que muy pocos españoles conocemos.
Por eso cuando Grego me preguntó que de qué iba la novela que leía con tantas ganas y yo le contesté: "¿Sabías que en 1944, miles de soldados de la República, exiliados en Francia, cruzaron la frontera con la intención de terminar con el régimen de Franco y llegaron a conquistar el Valle de Arán?", él me miró sin saber muy bien si lo que le contaba formaba parte de la imaginación de Almudena Grandes o de la mía propia.
Ayer e preguntó una amiga si Inés y la Alegría es recomendable. Sí, lo es. Sin dudas. Ocurre que es la primera de las seis novelas que la Grandes se ha propuesto escribir sobre la resistencia en época franquista y bueno, después de haber leído El Corazón Heado y ahora ésta, lo que menos me apetece es leer cinco libracos más de casi mil páginas con esta misma temática. Pero bueno, supongo que tiempo al tiempo. Me desintoxicaré un tiempo de historias de amor filocomunistas y puede que, en unos meses, esté deseando que caiga en mis manos lo próximo de Almundena Grandes.

jueves, mayo 05, 2011

Creando una vida

Hay tardes en las que no puedo con mi alma, mi cuerpo se convierte en un inmenso estómago que siento estrujado, dolorido e hinchado y mi tráquea arde como un palo de fuego hasta mi boca. Esas tardes no puedo pensar en otra cosa más que en sobrevivir a mis molestias y hacer bien la digestión. Ésta iba a ser una de esas tardes, pero me he rebelado y he decidido plantarle cara a este estado de pesadez. Porque me he dado cuenta de que estoy creando una vida.
Con unos ojos que algún día aprenderán a guiñar y leer.
Con una boca de la que saldrán palabras para dialogar y protestar .
Con unos labios que se curvarán y formarán una sonrisa.
Con unas manos que acariciarán mi cara.
Con unos dedos que se posarán en cualquier punto de una bola del mundo.
Con unos pies que andarán descalzos sobre la arena de una playa.
Con unas orejas de la que colgarán unos bonitos pendientes.
Con un corazón que dibujará en un papel cuando se sienta enamorada.
Con un cerebro con el que imaginar lo inimaginable.
Con un cabello que peinar.
Con unos pulmones que llenar del aire puro de la sierra.
Con unas piernas que flexionar para saltar cada vez más alto.
Con unos brazos para abrazar.
Con una espalda para descansar.
Con dos hombros donde llorar.

lunes, mayo 02, 2011

Iconos

En uno de los cinco o seis exámenes que hicimos durante las oposiciones se nos preguntaba cómo reaccionaríamos si, en mitad del programa informativo que editábamos, aparecía un teletipo con la noticia de que había capturado a Bin Laden. Era una especie de caso de periodismo-ficción que esta mañana, haciendo un largo zapping delante de un colacao en la tele de casa de mi madre, me ha parecido entrever cuando mi dedo pasaba de la CNN y a la Fox News. Una avendia de noche, centenares de personas de fiesta con banderas americanas y rótulos en inglés en los que me parecía leer "Bin Laden Killed". Ni sé cómo llegué a esa altura de canales, ni siquiera intuía que llegaran hasta el televisor de mi madre, pero ahí estaban: Sus banderas, sus gritos, su alegría y esas letras en rojo y amarillo, delante de las que se leía algo así como "Breaking News". Seguí escalando por los canales y ya todo parecía tener algo más de sentido, o no, porque no sé si lo tiene el "ojo por ojo".
Obama ante el televisor dando la esperada noticia, las imágenes de archivo de Bin Laden, la fiesta de los americanos ante la Casa Blanca. Y tertulianos y más tertulianos en los programas matinales, ésos que igual hablan del posible paradero de Bin Laden en estos diez años que de la ilegalización de Bildu. Y he llegado hasta el informativo de las 10 de Intereconomía, en el que una guapa presentadora alertaba, mirando a cámara, de "las posibles represalias que podría tomar ahora el mundo árabe". Y yo no he entendido mal. "El mundo árabe". No el entorno de Al Quaeda ni del terrorismo. No. Ella ha dicho "mundo árabe", ése que engloba dentro de sí a una extensa y rica civilización, pacífica en su inmensa mayoría, y con millones de matices. Y ahí he apagado la tele. No sin antes caer en la cuenta de que varios periódicos traen hoy en portada una enorme foto de Juan Pablo II. Los mismos que, quizá mañana, traigan la cara de Bin Laden. Y he pensado, de repente, en que todo es una simple cuestión de iconos.