lunes, abril 25, 2011

Maestros

A los toreros hay que dirigirse como "maestros", siempre que no sean de Jerez, claro. Da igual su edad, su calidad o tu desconocimiento del tema. Si eres periodista y quieres que un torero te atienda, hay que dirigirse a él como yo me he dirigido esta mañana a Julián López, El Juli, al que hacían entrega de un premio en reconocimiento a su buen hacer la temporada pasada en La Maestranza. Pues eso que "Maestro, para Radio Nacional..." y El Juli, ese torero de mi edad que una vez me dio un susto cuando venía de recogida a altas horas de la madrugada, me ha atendido sin problemas y en exclusiva.
Son pequeños detalles que aprendes o no. Yo lo hice, más divertida que otra cosa, pegando la oreja a las conversaciones de mis compañeros de redacción en las tardes de abril del año en el que empecé en esto del Periodismo. No dejaba de resultarme curioso que un periodista, bien entrado en años, se dirigiera así a un chavea que apenas sabía juntar dos letras.
Me contestaba el Juli y pensaba yo en lo poco, poquísimo, que entiendo de toros y en lo menos todavía que me gusta ese pseudoarte de la lidia. Y, como si ese pensamiento pudiera bajar de mi cerebro a mi brazo, de mi brazo a la grabadora, de la grabadora a la boca del torero y de ahí hasta su cerebro, sentí cierto temblor de piernas y cambié la expresión de mi cara por si en la que tenía dejaba ver mi desconocimiento de la materia de la que me hablaba.
La verdad es que la realidad del toreo parece mucho más fea de lo que leo a diario en las crónicas de Suárez Inclán o de Antonio Lorca. Porque eso sí, aunque no tenga ni pajolera idea de la Fiesta Nacional, ni la considere Fiesta ni Nacional, cuando llegan estos días comienzo mi particular y embelesada lectura de las críticas taurinas, que me parecen uno de los pocos reductos de literatura en los periódicos. Como la de hoy en El País, en la que pueden leerse perlas como ésta:
"Morante no pudo dar ni un lance porque su capote volaba sin mando, y, poco después, cuando tomó la muleta, la amenaza se convirtió en aguacero y cayó una tromba que lo deslució todo: desde las cabezas engominadas (miles de ellas en día sevillano tan señalado), los trajes relucientes de las señoras, y hasta el ánimo del torero, que limitó su breve labor a unos pases de tanteo ante una embestida incómoda."

1 comentario:

Hoteles Santa Marta dijo...

Que gran momento viviste y que buen profesional eres para semejante encuentro.