jueves, abril 21, 2011

Echar de menos

Yo no sabía que la expresión "echar de menos" podía conjugarse en futuro. No encuentro otra cuando miro, a través de mi piel, los movimientos de Cecilia y me imagino cómo será, si todo saldrá bien, y fantaseo con tenerla cerca pronto.
Mis familiares han comenzado ya a notar también sus movimientos, que ahora van más allá de las patadas del principio. Son rápidos, a lo largo y ancho de mi geografía abdominal, unas veces por encima y otras por debajo de mi ombligo. Empecé a descubrirlos la otra noche y sentía tanta fuerza y movían tanto mi, hasta ahora, tranquila barriga, que grité el nombre de Grego para que viniera corriendo a la habitación donde yo leía un libro por debajo del cual mi vientre se movía como una gelatina, a pesar de que yo estaba tumbada. No podía quedarme sólo para mí esa mezcla de alegría, extrañeza y miedo ante lo desconocido. Le pedí que no apartara la vista de mi panza y no lo hizo.Terminamos los dos riendo a carcajadas por las incontrolables muestras de vida de nuestra futura hija, mucho mayores de las que yo intuía que podía tener un bebé todavía no nacido.
Echar de menos en futuro. Pensar y repensar. Utilizar la imaginación. Y recordar cómo, de un encuentro casual, de un encaprichamiento un Miércoles Santo de hace 12 años comenzó una relación entre dos desconocidos que, si todo sale bien, ahora dará un fruto en forma de nueva persona. A veces pienso en aquella noche e imagino a Cecilia con algún o algunos rasgos de aquel desconocido, que será su padre, y se me ponen los pelos de punta.

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