domingo, abril 24, 2011

Charcos

Los charcos en el camino ejercen un atrayente efecto para un niño de tres años, independientemente de su tamaño.
Unas botas de goma, con un dibujo de Bob Esponja, son suficientes para retar al más profundo de ellos. El pequeño de mis primos hermanos, Manuel, está ahora en ese momento de su vida, en el que los charcos sólo pueden ser de agua y barro. Divertidos y atrayentes. Puede que por eso al decirle que, quizá, la prima Cecilia se parezca en algo a él, me contestara con un feliz y despreocupado "Vale" que me arrancó una sonrisa.

No hay comentarios: