viernes, marzo 18, 2011

Arquitecturas paralelas

"Me estoy fabricando unos paraísos artificiales a los que huir cuando la cosa se ponga fea". Le acabo de confesar a una compañera que lo está pasando mal en el trabajo y le he recomendado que ella también lo haga. Se ha reído como puede que hace tiempo que no hacía y se ha comprometido a levantar también ella una arquitectura paralela en la que refugiarse cuando la realidad le obligue a evadirse.
En estos días de reposo obligado, de sofá y litros de agua, he estado levantando los cimientos de ese mundo imaginario, preparado para hacerlo mío en cuanto me haga falta. Hacía tiempo que no podía utilizar la expresión "perder el tiempo" porque apenas me sobraba y ahora lo he hecho: un largo zapping por los canales, alguna película de sobremesa, largas conversaciones telefónicas, la lectura en profundidad de algunos periódicos y hasta una completa de un libro de cuentos. He tenido mucho tiempo para pensar en Cecilia y he necesitado como nunca tenerla a mi lado. Sé que no debo desear que el tiempo corra más de lo que lo hace porque todas las madres dicen que luego se echa en falta la sensación de tenerla dentro, pero yo la echo de menos a ella y eso que ni la conozco. He estado paseando virtualmente para encontrarle la cuna perfecta en la que acostarla a mi lado, hasta para eso he tenido tiempo.
Y como ya tengo la certeza de que será una mujer, he estado preparandome para su llegada, reaprendiendo ciertas cosas. Porque el hecho de que vayamos a compartir género no quiere decir nada. Yo encarno una de las miles de millones de formas de ser mujer. Solo una. Por eso he recurrido a cierta bibliografía y discografía básica sobre nosotras. He empezado por las más complicadas, las mujeres sufridoras. He escuchado una y mil veces el disco de Pedro Guerra Hijas de Eva que tiene canciones tan preciosas como esta Niña, a dúo con Silvio Rodriguez:
O ésta otra en la que yo creo reconocer a las madres y abuelas de la Plaza de Mayo y tantas otras a las que la crueldad les arrebató a sus hijos y nietos.
Y he vuelto a Isabel Allende, más de diez años después. Porque sus Cuentos de Eva Luna me encontraron en una edición que olía a chocolate y a años. Y he vuelto a disfrutar de la escritura de la chilena, a la que había expulsado de mis lecturas de referencia, pero que me han servido para crear un universo de mujeres sufridoras, siempre entre la muerte y la vida, entre lo real y lo mágico, en un mundo caliente de guayabas y mangos donde parece que se ha detenido el tiempo en un momento indeterminado en el que las mujeres siguen vistiendo de época, las convicciones religiosas marcan la moralidad, los gobernantes son caudillos inmortales y el sexo forma parte de una eterna tragedia.
En la construcción de mis arquitecturas paralelas andaba cuando me he encontrado con una noticia que llevaba semanas esperando:
Y he sentido que mi salud no me haya permitido cerrar ese círculo. Y, como la realidad parece que sigue fea, he seguido a lo mío. He levantado la vista de la noticia y he visto en mi estantería: Las muejres que leen son peligrosas. A por él ahora.

3 comentarios:

Manuela dijo...

Me encanta leerte en este momento porque la ilusión, la incertidumbre y el amor se asoman siempre en tu escritura.
Precioso texto y ánimo con el reposo.

marivi aguado dijo...

pues yo creo que Cecilia va a encontrar muchos lugares comunes donde refugiarse y reconocerse, mucchos circulos que su madre no ha cerrado porque quiere seguir haciéndolo.
Construyele paraísos privados para que ella los pueda disfrutar y leer para volver como tu vuelves a la magia de Eva Luna

Anónimo dijo...

Que gran madre vas aser espero que en esas noches de llanto que te esperan te acuerde de cuando le escribias tan bonito guapa.