miércoles, marzo 30, 2011

Superbebé

La Princesa Rockera llegó, por fin, de Nueva York y lo hizo con regalo para Cecilia bajo el brazo adquirido, expresamente para ella, en la tienda del MOMA.
Un traje de bebé-superhéroe, con capa y todo. Y hasta con instrucciones que dicen bien clarito que sólo puede usarse para hacer el bien, que mantenga limpia su guarida secreta y que nunca luche con la barriga vacía.
Pero no sabía La Princesa Rockera que, aunque tengo que reconocer que su regalo es el más original del ajuar de Cecilia, el mayor regalo ha sido su vuelta entre nosotras. Porque con ella vuelven los encuentros, los paseos, las conversaciones multitemáticas y cambiantes, los análisis de la Profesión, los cotilleos, las risas y las complicidades entre estas cuatro plumillas radiofónicas tan diferentes y tan semejantes.
Esta vez le hemos puesto el escenario de las setas de la Encarnación, que a mi me gustan, y que, como dice Xosé Alberte:
"Ha habido miles de casos de milagrosas conversiones por las setas. Incluso algunos que han pasado de ser del opus, votantes de falange y miembros de 5 hermandades que al ver las setas han fundado casas del pueblo en sus barrios, han sacado el carnet de Sevici a perpetuidad y ahora se están implantando rastas. ¡Ciudad de conversos!"

lunes, marzo 28, 2011

Modo exhibicionista ON

Una montaña rusa. Mi estado anímico, digo. Y el físico. Y el emocional... Todos, un poco. Una montaña rusa que la mayor parte del tiempo me mantiene arriba. Más arriba que nunca. Y me cuesta reprimir las ganas de ir enseñando por ahí mi preciosa barriga que esconde una más o menos preciosa niña, a la que yo querré durante toda mi vida. O el impulso de decirle a todo el mundo que estoy esperando un bebé, por si todavía creen que el aumento de mis pechos y mi tripa se debe a un exceso de bocadillos de Nocilla, que también.
Otras veces, como ahora, me obliga a tirarme en el sofá, con los pies hacia arriba y sin apenas fuerzas mientras a Grego le quedan las suficientes para poner una lavadora, limpiar el suelo del baño e irse ahora a jugar su partido de futbito.
Mis propias fuerzas también forman parte de esa montaña rusa: Las tenía intactas a las 5 y media de la mañana, pero 12 horas después de carretera-trabajo-carretera otra vez-polígonos-taller de coches-compra en supermercado (sin siesta ni reposo) me han dejado en este estado de aletargamiento en el que el mayor esfuerzo que puedo hacer es juntar estas cuatro letras y aguantar el olor de la lejía y los ardores estomacales sin perder demasiado la perspectiva del maravilloso estado en el que me encuentro.
Y, a pesar de mis pocas fuerzas, retomo a la actividad que más me gusta en mis tardes libres: subirme la camiseta y acariciar mi barriga, sentir las patadas de Cecilia, pensar en ella, en nosotras, en nosotros y en esta felicidad que yo ni intuía que pudiera esconderse tras un abdomen abultado.

sábado, marzo 26, 2011

Primavera

Un helado para mi y otro para Cecilia. Granada es un lugar estupendo para hacer cualquier cosa y, cuando es primavera, hace sol, y estoy con mi familia ese "cualquier cosa" se puede convertir en cualquier maravilla.

domingo, marzo 20, 2011

Preparando la llegada

Resulta que mi madre y mi abuela se han puesto a cuatro manos con el objetivo de que Cecilia, a sus menos cuatro meses de vida, tenga más ropita que su propia madre. Continúan la figura femenina de las tejedoras que tejen y tejen mientras esperan. Otras amigas, familiares y vecinas han contribuído a que mi futura hija vaya a tener este precioso ajuar.
Desde esta graciosa mañanita verde o este broche con su nombre....
...hasta su primer vestido.
Y yo, que me creía a salvo de cierta sensiblería femenina, resulta que a la hora de la verdad me he emocionado como cualquier futura madre.

viernes, marzo 18, 2011

Arquitecturas paralelas

"Me estoy fabricando unos paraísos artificiales a los que huir cuando la cosa se ponga fea". Le acabo de confesar a una compañera que lo está pasando mal en el trabajo y le he recomendado que ella también lo haga. Se ha reído como puede que hace tiempo que no hacía y se ha comprometido a levantar también ella una arquitectura paralela en la que refugiarse cuando la realidad le obligue a evadirse.
En estos días de reposo obligado, de sofá y litros de agua, he estado levantando los cimientos de ese mundo imaginario, preparado para hacerlo mío en cuanto me haga falta. Hacía tiempo que no podía utilizar la expresión "perder el tiempo" porque apenas me sobraba y ahora lo he hecho: un largo zapping por los canales, alguna película de sobremesa, largas conversaciones telefónicas, la lectura en profundidad de algunos periódicos y hasta una completa de un libro de cuentos. He tenido mucho tiempo para pensar en Cecilia y he necesitado como nunca tenerla a mi lado. Sé que no debo desear que el tiempo corra más de lo que lo hace porque todas las madres dicen que luego se echa en falta la sensación de tenerla dentro, pero yo la echo de menos a ella y eso que ni la conozco. He estado paseando virtualmente para encontrarle la cuna perfecta en la que acostarla a mi lado, hasta para eso he tenido tiempo.
Y como ya tengo la certeza de que será una mujer, he estado preparandome para su llegada, reaprendiendo ciertas cosas. Porque el hecho de que vayamos a compartir género no quiere decir nada. Yo encarno una de las miles de millones de formas de ser mujer. Solo una. Por eso he recurrido a cierta bibliografía y discografía básica sobre nosotras. He empezado por las más complicadas, las mujeres sufridoras. He escuchado una y mil veces el disco de Pedro Guerra Hijas de Eva que tiene canciones tan preciosas como esta Niña, a dúo con Silvio Rodriguez:
O ésta otra en la que yo creo reconocer a las madres y abuelas de la Plaza de Mayo y tantas otras a las que la crueldad les arrebató a sus hijos y nietos.
Y he vuelto a Isabel Allende, más de diez años después. Porque sus Cuentos de Eva Luna me encontraron en una edición que olía a chocolate y a años. Y he vuelto a disfrutar de la escritura de la chilena, a la que había expulsado de mis lecturas de referencia, pero que me han servido para crear un universo de mujeres sufridoras, siempre entre la muerte y la vida, entre lo real y lo mágico, en un mundo caliente de guayabas y mangos donde parece que se ha detenido el tiempo en un momento indeterminado en el que las mujeres siguen vistiendo de época, las convicciones religiosas marcan la moralidad, los gobernantes son caudillos inmortales y el sexo forma parte de una eterna tragedia.
En la construcción de mis arquitecturas paralelas andaba cuando me he encontrado con una noticia que llevaba semanas esperando:
Y he sentido que mi salud no me haya permitido cerrar ese círculo. Y, como la realidad parece que sigue fea, he seguido a lo mío. He levantado la vista de la noticia y he visto en mi estantería: Las muejres que leen son peligrosas. A por él ahora.

miércoles, marzo 16, 2011

¿Héroes?

Leo mucho estos días sobre el desastre de Japón. La mayoría de las informaciones nos muestran planos generales. Para llegar a los primeros planos hay que acercarse demasiado. El otro día escribía un compañero este comentario: "Almudena Ariza lleva tres días en Sendai y todavía no le he visto una pieza fuera del polideportivo ese de los refugiados. No lo entiendo." y otro criticaba esta tendencia en su blog.
He estado pensado mucho en esto. No sólo en el pueblo japonés, temeroso ahora de que a la natural y humana, le siga otra tragedia nuclear (que, por cierto, hace que me reafirme en mis principios contra este tipo de energía), también en el tratamiento de los medios de comunicación le están dando y en cómo se desarrolla el trabajo de los profesionales que hasta allí se han desplazado.
Informadores en la sede de la planta nuclear de Fukushima hace unos días preparando una rueda de prensa. | Efe
Y en ésas estaba cuando me he encontrado con esto. David Jimenez, corresponsal del diario El Mundo, coloca a los propios periodistas en el foco de la noticia y no porque no tenga otra cosa (esto es algo que criticamos a menudo, cuando cuesta contar lo que ocurre y los periodistas empiezan a hablarnos de sus problemas para acceder a los sitios, etc.) sino porque sus miedos muestran muy bien el estado nervioso con el que se se ve el futuro en esa tierra. Es un artículo interesante que hace que veamos en su dimensión más humana a ese tipo de periodistas que, a menudo, nos parecen más héroes que hombres y mujeres. No lo son. Lo demuestran en ocasiones como éstas.

martes, marzo 15, 2011

Un muro

Creo que soy una persona honesta. Suelo contestar la verdad cuando se me hace una pregunta y no me gusta engañar a mis interlocutores. Tengo pocos principios básicos en la vida, pero ésos son algunos de ellos. Jamás, por ejemplo, he recurrido al médico si no ha sido estrictamente necesario y nunca me he inventado una enfermedad ni un triste dolor para quedarme en casa. Nunca.
Por eso me molesta que se dude de mi, porque nunca he utilizado ninguna arte sucia para escaquearme de mi trabajo. Estoy embarazada de 5 meses y me levanto cada mañana mucho antes de que salga el sol para montarme una hora en un coche y trabajar. Todavía no me he negado a realizar ningún viaje ni ninguna actividad dentro de mi jornada laboral ni a prolongarla lo que sea necesario. No espero el aplauso de nadie pero sí, al menos, que no se dude de mi persona cuando un fuerte dolor me obliga a quedarme en casa por prescripción médica.
Esta mañana una compañera me he referido el tono de broma con el que el responsable de mi unidad informativa se ha referido a las 48 horas de reposo que tengo que cumplir por prescripción de mi médico de cabecera debido a un dolor abdominal que anoche me obligó a acudir a urgencias. Si a ella le ha dado rabia ese comentario no puede ni imaginarse cuánto me ha dado a mi, por todo lo anteriormente expuesto.
Luego me he relajado, he tomado aire y, aunque mi rabia continúa ahí, he empezado a reflexionar en la capacidad de las personas carentes de sentimientos como la empatía, el compañerismo o la solidaridad para hacerme sentir mal. He llegado a la conclusión de que no pueden tener ninguna. De que su actitud tiene que dar de frente con el muro que formamos el resto de las personas a las que sí nos importa la salud de nuestros compañeros. Así que vuelvo a tomar aire, intento no enfadarme y que esto no me duela más que el dolor que ya soporto e intento pasar, aunque me cueste y desear que ni su hija ni la mía tengan que sufrir nunca este tipo de actitudes de ningún compañero.

sábado, marzo 12, 2011

Patadas

Cádiz ha sido siempre un punto importante de mi geografía emocional, desde que era una niña e idealizaba una ciudad que sólo conocía de oídas. En la edad en que otras forraban sus carpetas de fotos de estrellas de la canción o el cine, yo lo hacía con un mapa de Cádiz que llegué a aprenderme de memoria y que, años más tarde, en mis encuentros con esta ciudad, me sirvió para no perderme por su laberinto de calles, plazas y plazuelas.
Ahora resulta que también va ser importante en tu vida. No sólo porque tengamos el presentimiento de que, cuando la pisas dentro de mi, no haces otra cosa que reencontrarte con la ciudad en la que concebimos tu vida; es que además ha sido aquí, con nocturnidad y alevosía, donde has empezado a comunicarte con la vida que está fuera de mi cuerpo. La sorpresa en la cara de tu padre cuando sintió la primera de tus patadas en la palma de su mano ha sido una de las grandes alegrías de mi vida. Y esa alegría nos hizo llenar de carcajadas la oscuridad del cuarto del hostal, tan cutre como limpio, al que le somos fieles cada carnaval desde hace unos ocho años.
A la primera patada le siguieron otras con más fuerza y ya la mano del que llamarás papá no quiere separarse de mi vientre y, desde ese preciso momento, aunque parezca que está en otras cosas y le preocupe el paisaje, o la lectura de un periódico, o la música que canturrea, interrumpe cualquier actividad para preguntarme: ¿Se está moviendo ahora?
Y es que no hay máquina en el mundo, por mucho que muestre tus movimientos a través de una pantalla, que nos haga pensar tanto en tu futura vida como el brío de tus patadas, que son una auténtica prueba de vida.

lunes, marzo 07, 2011

Un ladrillo

Pocas generaciones tiene un símbolo tan rotundo como este ladrillo en la pared del que fue mi colegio. En él, escrito a lápiz, los nombres de buena parte de aquellos que compartimos clase en el entonces octavo. Corría el curso 95-96, el último de los años que mi vida que compartí con mis amigos de Rosal. Luego todo cambió, nuevo pueblo y nuevos amigos, aunque todavía conservo algunos de los que salen en este trocito de pared.
La foto de todos los años. Ésta de 4º o 5º de primaria con la señorita Maribel.
.
Recuerdo que éramos una buena pandilla. Grande y unida. Pasábamos el día en la calle. Recorríamos arriba y abajo la gran avenida que parte el pueblo en dos porque había pocas cosas más que hacer. A veces convertíamos algún bar en nuestro lugar de reunión, otras nos bastaba los altos de la Iglesia, que tomábamos los viernes por la tarde gracias a la complicidad de las monjas. Nos inventamos una especie de club al que íbamos tras las catequesis, donde no hacíamos otra cosa que ver películas y comer chucherías. Recuerdo haber disfrutado allí de algunas como Filadelfia. Huelga decir que las monjas no sabían qué películas elegíamos. Esperábamos ansiosos a que llegara la Navidad porque era entonces cuando disfrutábamos de nuestro retiro a una casa medio en ruinas, llena de humedades y desconchones, a la que llamábamos "reunión" y que decorábamos con horteras pintadas por las paredes. Pero, durante unos días, ésa era nuestra casa y en ella pasábamos las tardes.
Todavía cuento entre mis buenos amigos los que salen en esta foto. Hay amistades que ni el tiempo puede con ellas. Patio del colegio de Rosal de la Frontera. Sobre el año 1992.
Mi madre nunca me dejó participar en ninguna reunión, pero yo lo hacía, igual que no me permitía bañarme en la ribera en verano y yo también lo hacía. Mi madre, a veces, me prohibía cosas que yo no entendía, pero que incumplirlas, en pequeñas dosis, daba sentido a mi aburrida infancia y adolescencia en un aburrido pueblo al que adoraba, porque era el mío. Como una adora a todos sus pueblos.

jueves, marzo 03, 2011

Melancolía

Hoy me he acordado de mi abuelo Joaquín, que nunca disfrutará del primero de sus bisnietos, pero que, afortunadamente, pudo hacerlo con el último de sus nietos. He encontrado la carpeta donde estaba esta foto y he sentido una punzada antes de abrirla. Pero cuando he vuelto a encontrarme con su sonrisa y su cara de pillo (ésa que nunca perdió a pesar de los años) he sentido una enorme paz y cierta alegría por haber podido compartir mi vida con él y por haberlo acompañado en sus últimos momentos, de los que ahora van a cumplirse un año.
No todas las despedidas tienen que ser tristes. Yo me siento tranquila y serena con su recuerdo y cada vez que lo evoco se me pinta una sonrisa en la cara. Le hablaré a mi hijo o hija de todos los que faltan y le contaré que Joaquín fue una persona vitalista, risueña y optimista. Tanto que en la víspera de su muerte, en la cama del hospital donde lo hizo, logró arrancarme una carcajada con uno de sus embustes.

martes, marzo 01, 2011

Febrero de emociones

A esta hora El batallón de la Alegría está a punto de subir al escenario del teatro de Valverde. Es la penúltima parada antes de que termine este carnaval tan especial, el primero que vivo embarazada y el último antes de ser madre.
Para Grego está siendo también muy importante este año: Porque le gusta esta época, el grupo que le rodea y porque sabe que la vida va a cambiarnos mucho a partir de ahora. En lo más especial de este año: los buenos ratos y las buenas críticas de Huelva,
la estupenda acogida en Cortegana,
el pasodoble que mi hermana ha escrito y han cantado Los Aikas a nuestro futuro bebé,
y hasta este otro que llegaba desde el Falla a nuestro salón y que volvía a llenarnos los ojos de lágrimas.
Demasiadas emociones... y eso que todavía queda mañana, un fin de semana en Cádiz y otro de teatro en Cortegana.