lunes, enero 17, 2011

La Mala Educación

"Le tocaban los latones", me decía mi abuela Maruja. Se refería a las mujeres que, cuando ella era pequeña, convivían con hombres sin pasar por el altar. Y me lo contaba con un punto divertido porque, en el fondo, para ella, aquello era una especie de festival, una broma. "Cuando nos enterabamos que alguna se iba a vivir con alguno, los muchachos se iban a su puerta y arrastraban los latones por el suelo. La perseguían durante un tiempo. Una vecina mía de la Fuente Vieja se fue con un hombre que estaba divorciado y la otra vecina, le decía hijaputa desde la puerta. Hay que ver la que lió".
"¿Y por qué lo hacíais?". "No lo sé", me contestó. Los tiempos han cambiado mucho y la mala educación es perfectamente corregible. Quien no crea en los cambios de mentalidad se equivoca. Los principios están para cambiarlos, por eso mi abuela, que se crió en esa dictadura doméstica en la que los propios vecinos se convertían en inquisidores de otros vecinos, está encantada ahora con que la mayor de sus nietas la haga bisabuela y le importa un soberano carajo que ni mi hermana ni yo nos hayamos casado. Estos Reyes Magos, uno de mis tíos ha decidido regalar a algunos miembros de su familia su expediente escolar, gracias a la intercesión de uno de sus mejores amigos que trabaja en el colegio del pueblo. Nos hemos reído viendo los dibujos de mi padre y de su hermana cuando apenas tenían ocho años. Uno de los cuadernos de trabajo de mi tía estaba en su expediente. Repasamos sus ejercicios. Uno de ellos consistía en rellenar los huecos y ella lo hizo todo muy bien, como estaba mandado. En uno de los apartados, se leía: "La autoridad en la casa la desempeña..." Ella rellenó el hueco con dos palabras que le valieron una gran B al lado. "El Padre". "Es que esto era así", se excusaba ella. Lo era entonces y lo sigue siendo ahora en ciertos modelos educativos que siguen apostando por un modelo de familia patriarcal. Han sido, y son, generaciones que han aprendido a ver el mundo desde esa perspectiva. Cambiársela ahora es dificil, pero no imposible. Se consigue en muchos casos y es más fácil, claro, cuando la persona consigue desarrollar un sentido crítico. Cada uno que piense lo que desee y que intente ser lo más feliz posible, respetando a los demás.

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