lunes, enero 31, 2011

Cuentista

La barba cerrada, las camisas de cuadros, las eternas gafas... Hipólito G. Navarro se muestra por fuera de una forma menos atractiva que por dentro y eso es un valor que lo hace todavía más interesante. Es uno de los mejores escritores de cuentos de nuestro país, un genio de las palabras y de las ideas criado entre Fuenteheridos y Cortegana. Mi abuela Maruja lo recuerda como un chico enclenque, pero despierto y dispuesto. A menudo le pido que me cuente cosas de aquella adolescencia que compartió el mediano de sus hijos con este escritor. Entonces me habla de aquellos viajes interminables, por más que duraran una semana, a bordo de un autocar con el que recorrían buena parte de la geografía española. Siempre se acuerda de la fiambrera en la que Hipólito guardaba una buena pieza de torrezno frito con la que se alimentaba durante toda la semana. Yo admiro profundamente a este hombre, con el joven que fue. Recuerdo haber coincidido con él pocas veces: Una, en una lectura de cuentos que ofreció en el castillo de Cortegana; otra, subiendo una cuesta. Entonces me atreví a hablar con él sobre literatura en una corta conversación que él habrá olvidado, seguramente.
Hace unos días, descubrí entre las novedades de la Biblioteca Provincial el último de sus libros: El pez volador, que me estoy leyendo. Una estupenda antología de sus cuentos, tan bien hilados y resueltos, editada por Javier Sáez de Ibarra que lo describe como “un referente ineludible de la narrativa breve en castellano”. Para cualquier onubense aficionado a la literatura, Hipólito G. Navarro es parada obligada por su estilo, por su imaginación, por su humor inteligente y por esa capacidad única para describir cualquiera de los pueblos de nuestra sierra, uniéndolos todos como si fueran uno sólo, un gran pueblo serrano universal. Las medusas de Niza y los cuentos de El cielo está López o El aburrimiento, Lester son geniales para adentrarse en el universo de este creador. Si todavía no lo han hecho, este El pez volador es una estupenda puerta de entrada. Muy recomendable.

7 comentarios:

Anónimo dijo...

Quien lleveba los torreznos era D.Amadeo,al cual Hipolito admiraba y adoraba como la mayoria de nosotros.Te quiero.Mama.

pirfa dijo...

Anda¡¡¡ Eso no me quedó claro entonces.

Anónimo dijo...

Lo de que habláramos subiendo una cuesta es lo que más me despista, porque uno habla muchas veces con gente subiendo una cuesta y claro... Pero todo lo que escribes ahí me llega al alma, y te lo agradezco. Recordar la fiambrera de don Amadeo, eso es impagable.
Escribo por aquí porque no consigo localizar una dirección de correo en tu guapo blog. Gracias mil.
HGN.

pirfa dijo...

Hipólito, qué alegría que se haya pasado por mi blog. Me ha dejado uno de los comentarios más ilustres de mis seis años en la red. Muchas gracias por el comentario y por sus cuentos. Ahora no paro de leer El Pez Volador. Nos vemos por el pueblo.

susana dijo...

en el libro de los cuentos del castillo de Cortegana, el mejor, sin duda el de Hipólito G. Navarro. Bueníiiiiiiisimo

Anónimo dijo...

Me he paseado con mucho gusto por tu blog. Mari Carmen, la que cumple años el 19 de diicembre, es tu madre, ¿no? Hermana de Diego Andrés, a quien he visto un poco decaído un día de Reyes en familia, ¿o estoy muy perdido? El clan de los Muñiz, como tú lo llamas.
Me ha encantado ver el paseo por Las Cefiñas después de las migas, y ver a Pepe Escaño aportando de su matanza para compartir con las tanas. Me ha gustado que hagas un comentario del estupendo librito de Lolita, que hables López Pereira, que se estrelló contra un árbol en la avenida de la Palmera la noche del 23-F, y que lo hagas con nuestro amigo Vaz de Soto. Me ha emocionado verte leyendo prensa en el Casino, o sentada con tu familia en la sala del alcaide del castillo, en el ventanal. Que pongas esa frase de tu madre comentando lo que nos pareció a todos Santillana del Mar en aquellos primeros 70 también me ha dibujado una sonrisa. Me ha gustado menos encontrarme de golpe con el bar del Ferretero, porque con sus picantes me hice yo mi úlcera. ¡Y esa foto con tu madre y Angelita Jara Duarte vestidas de gitana! ¡¡Y la del 4 de diciembre del 77!!
En fin, para que veas que correspondo a tu lectura de mis cuentos del pez volador con un paseo por tu blog y por tu vida y mis recuerdos que me ha durado la tarde casi completa. Gracias, Paloma, de verdad.
Besos y recuerdos,
Hipólito G.

pirfa dijo...

Jajajajaja¡¡¡ El picante en El Ferretero es lo único de nuestro pueblo que no ha cambiado, aunque el bar ya no tenga nada que ver con lo que fue.

Soy hija de MariCarmen Muñiz (hermana de Diego Andrés) y Manolo Jara (hermano de Angelita). No ibas mal encaminado en absoluto.

Yo le sigo siendo fiel a Cortegana, casi todos los fines de semana. Así que es más que probable que cualquier día nos encontremos en las mesas-camilla del Casino. Ese día te daré las gracias en persona por haber perdido un poco de tu tiempo en este blog y por haber escrito tus maravillosos cuentos. Un beso grande.