domingo, enero 23, 2011

Chacinantas

Al doblar la esquina, el olor me transportó a una época de mi infancia. A la casa de mi abuela donde, por este tiempo, toda la casa entera se sumía en el profundo aroma de las especias, las risas de las mujeres y esos colores, tan rojos y fuertes. Una matanza, que en mi tierra es una especie de festival familiar, es cosa de hombres al principio y de mujeres después. La fuerza de los hombres cuando el animal está todavía vivo y la mano de las mujeres cuando hay que convertir al cerdo en las mil y una maravillas que salen de su cuerpo. Y mientras, las pruebas de matanza y las carnes en la candela. "Esto se pierde", les he dicho a una de las amigas con las que mi suegra estaba llenando las tripas que pronto serán deliciosas morcillas. "En cuanto las que tenemos en torno a los 50 años dejemos de hacer esto, claro que se pierde. Los jóvenes no tenéis ningún interes en aprender esto", me ha respondido. Lamentablemente, lleva razón. Esto también forma parte de nuestro pequeño universo, pero ha perdido la importancia que siempre ha tenido en las economías familiares. Hubo un tiempo en que, gracias a estos días de trabajo, comía una familia entera durante todo un año.
Los tiempos han cambiado y los hábitos alimentarios también, pero al doblar aquella esquina de Las Cefiñas y llegarme el olor a chacinas todavía sin hacer, mi mente ha viajado muy lejos para quedarse en mi propio paladar.

2 comentarios:

LORENA GANDULLO dijo...

Guau, me ha encantado, yo siento exactamento lo mismo, muchas gracias Paloma, me ha encantado y emocionado. Besotes

Anónimo dijo...

Paloma, que razón tienes cuando la llamas festival. Para mi es una fiesta familiar. Tengo claro que hay tres cosas familiares que no perdono, y que cada vez que me pierdo lloro sin parar: la romería de cortegana (5 años ya sin ir con este...), la cena de fin de año con mi familia, y perderme la matanza(tantos Eneros estudiando sin poder meter las manos en la carne... ¡pero este año me he hartado de hacer morcillas!). Es imposible no emocionarse leyéndote.