lunes, enero 31, 2011

Homenajes

Gonzalo Guerrero fue un marinero de Palos, de los primeros en llegar al Nuevo Mundo. Pero no era uno cualquiera. Guerrero es uno de esos personajes que la historia ha olvidado puede, simplemente que porque fuera onubense. Los pocos que le recuerdan a esta lado del Atlántico lo hacen con el apodo de El Renegado. Los muchos que lo hacen en México lo hacen con el del Padre del Mestizaje.
Gonzalo Guerrero sobrevivió a un naufragio y acabó con sus huesos en la Península del Yucatán y allí comenzó una aventura nueva mucho más importante que la que arrancara en el Viejo Continente. Se dice que primero fue esclavo de los mayas que lo capturaron y después regalado a un sabio jefe que, a su vez, lo cedió a otro jefe militar, al que, años después, Gonzalo Guerrero salvó la vida al matar al caimán que lo intentó atacar. Así consiguió su libertad que utilizó para quedarse en aquellas tierras, entre aquellas gentes, como un maya más. Cuentan que cuando Hernán Cortés mandó una expedición para rescatarlo, él no se quiso volver. No lo hizo nunca más y cuando llegaron los conquistadores, él se puso del lado de los nativos, de los que ya formaba parte, y luchó hasta que le alcanzó su vida.
La historia de Gonzalo Guerrero es digna de haber pasado a las páginas doradas de la Historia de España, pero apenas es conocido, ni siquiera en su provincia natal. Hasta México, donde es un referente nacional, viajó en su día el investigador onubense Salvador Campos que es, en nuestra ciudad, una de las personas que más sabe de Gonzalo Guerrero, un personaje histórico que nunca ha sido reconocido como merece ni en Palos ni en Huelva capital. Una lástima, sobre todo viendo las estatuas que hacen a los personajes que se las hacen. Sin revisionismos históricos, hubiera estado bien ver en la Plaza de las Monjas un guiño al mestizaje y a la lucha por la libertad e independencia de un pueblo asediado por todos los que vinieron detrás de Cristóbal Colón.

Cuentista

La barba cerrada, las camisas de cuadros, las eternas gafas... Hipólito G. Navarro se muestra por fuera de una forma menos atractiva que por dentro y eso es un valor que lo hace todavía más interesante. Es uno de los mejores escritores de cuentos de nuestro país, un genio de las palabras y de las ideas criado entre Fuenteheridos y Cortegana. Mi abuela Maruja lo recuerda como un chico enclenque, pero despierto y dispuesto. A menudo le pido que me cuente cosas de aquella adolescencia que compartió el mediano de sus hijos con este escritor. Entonces me habla de aquellos viajes interminables, por más que duraran una semana, a bordo de un autocar con el que recorrían buena parte de la geografía española. Siempre se acuerda de la fiambrera en la que Hipólito guardaba una buena pieza de torrezno frito con la que se alimentaba durante toda la semana. Yo admiro profundamente a este hombre, con el joven que fue. Recuerdo haber coincidido con él pocas veces: Una, en una lectura de cuentos que ofreció en el castillo de Cortegana; otra, subiendo una cuesta. Entonces me atreví a hablar con él sobre literatura en una corta conversación que él habrá olvidado, seguramente.
Hace unos días, descubrí entre las novedades de la Biblioteca Provincial el último de sus libros: El pez volador, que me estoy leyendo. Una estupenda antología de sus cuentos, tan bien hilados y resueltos, editada por Javier Sáez de Ibarra que lo describe como “un referente ineludible de la narrativa breve en castellano”. Para cualquier onubense aficionado a la literatura, Hipólito G. Navarro es parada obligada por su estilo, por su imaginación, por su humor inteligente y por esa capacidad única para describir cualquiera de los pueblos de nuestra sierra, uniéndolos todos como si fueran uno sólo, un gran pueblo serrano universal. Las medusas de Niza y los cuentos de El cielo está López o El aburrimiento, Lester son geniales para adentrarse en el universo de este creador. Si todavía no lo han hecho, este El pez volador es una estupenda puerta de entrada. Muy recomendable.

jueves, enero 27, 2011

Esperando...

Cosas para las que un futuro padre no puede esperar: Hacerle una fotografía a una ecografía de su futuro vástago para llevarla siempre encima.

domingo, enero 23, 2011

Chacinantas

Al doblar la esquina, el olor me transportó a una época de mi infancia. A la casa de mi abuela donde, por este tiempo, toda la casa entera se sumía en el profundo aroma de las especias, las risas de las mujeres y esos colores, tan rojos y fuertes. Una matanza, que en mi tierra es una especie de festival familiar, es cosa de hombres al principio y de mujeres después. La fuerza de los hombres cuando el animal está todavía vivo y la mano de las mujeres cuando hay que convertir al cerdo en las mil y una maravillas que salen de su cuerpo. Y mientras, las pruebas de matanza y las carnes en la candela. "Esto se pierde", les he dicho a una de las amigas con las que mi suegra estaba llenando las tripas que pronto serán deliciosas morcillas. "En cuanto las que tenemos en torno a los 50 años dejemos de hacer esto, claro que se pierde. Los jóvenes no tenéis ningún interes en aprender esto", me ha respondido. Lamentablemente, lleva razón. Esto también forma parte de nuestro pequeño universo, pero ha perdido la importancia que siempre ha tenido en las economías familiares. Hubo un tiempo en que, gracias a estos días de trabajo, comía una familia entera durante todo un año.
Los tiempos han cambiado y los hábitos alimentarios también, pero al doblar aquella esquina de Las Cefiñas y llegarme el olor a chacinas todavía sin hacer, mi mente ha viajado muy lejos para quedarse en mi propio paladar.

Otra cosa en la sierra

Sábado sin planes en Cortegana. Después de un aperitivo en El Casino, decidimos acercarnos a Aracena. Hace poco han abierto la Stradina, un restaurante de comida italiana muy originial. En la lista de pizzas, una con el nombre de nuestro pueblo...
...que tenía esta pinta:
Y entre los risottos: Uno más serrano, imposible:
Y todo en un ambiente cálido y rústico: Los bajos de una casa serrana que, seguramente, algún día fue una cuadra o una bodega.
Los creadores de este restaurante en Aracena han ido más allá del paladar. Y eso se nota.
Para los postres, cambiamos de pueblo y volvimos al nuestro pero hicimos parada en Fuenteheridos. El único pueblo de la Sierra de Huelva donde comprar deliciosos dulces argentinos...
Y leer, en un original tablón de anuncios, alguno como éste.
Definitivamente, la sierra es mucho más que carne y patatas.

Playa en invierno

Necesitaba un pequeño cambio de aires. Hacía frío y la playa estaba vacía. Respiré y sentí paz. Fotografié lo que veía para poder recordarlo y, al llegar al coche, caí en la cuenta que es la primera vez que he pisado la playa desde que sé que voy a ser madre. Casi olvido hasta eso.

martes, enero 18, 2011

Sol en invierno

Un regalo. El sol en invierno. Y la calle. Y la compañía.Y la mano que agarra tu mano. Y la conversación. Y una caricia en el pelo.
Un regalo descubrir un nuevo sitio para comer en La Alameda donde hagan comida casera y las espinacas sepan a espinacas, la berenjena a berenjena y la manzana a manzana.
Un regalo hasta la visión decadente de esta antigua sala de cine X con el edificio abandonado y con olor a humedad que lo alberga. Llevamos demasiados años en esta ciudad. Tantos que creemos recordar hasta cuando esta sala funcionaba. Ahora es parte de la historia, por lo menos hasta que el ladrillo vuelva a tener el valor que tuvo y conviertan este precioso edifico en alguna otra cosa, más práctica, más lujosa y más cara.

lunes, enero 17, 2011

La Mala Educación

"Le tocaban los latones", me decía mi abuela Maruja. Se refería a las mujeres que, cuando ella era pequeña, convivían con hombres sin pasar por el altar. Y me lo contaba con un punto divertido porque, en el fondo, para ella, aquello era una especie de festival, una broma. "Cuando nos enterabamos que alguna se iba a vivir con alguno, los muchachos se iban a su puerta y arrastraban los latones por el suelo. La perseguían durante un tiempo. Una vecina mía de la Fuente Vieja se fue con un hombre que estaba divorciado y la otra vecina, le decía hijaputa desde la puerta. Hay que ver la que lió".
"¿Y por qué lo hacíais?". "No lo sé", me contestó. Los tiempos han cambiado mucho y la mala educación es perfectamente corregible. Quien no crea en los cambios de mentalidad se equivoca. Los principios están para cambiarlos, por eso mi abuela, que se crió en esa dictadura doméstica en la que los propios vecinos se convertían en inquisidores de otros vecinos, está encantada ahora con que la mayor de sus nietas la haga bisabuela y le importa un soberano carajo que ni mi hermana ni yo nos hayamos casado. Estos Reyes Magos, uno de mis tíos ha decidido regalar a algunos miembros de su familia su expediente escolar, gracias a la intercesión de uno de sus mejores amigos que trabaja en el colegio del pueblo. Nos hemos reído viendo los dibujos de mi padre y de su hermana cuando apenas tenían ocho años. Uno de los cuadernos de trabajo de mi tía estaba en su expediente. Repasamos sus ejercicios. Uno de ellos consistía en rellenar los huecos y ella lo hizo todo muy bien, como estaba mandado. En uno de los apartados, se leía: "La autoridad en la casa la desempeña..." Ella rellenó el hueco con dos palabras que le valieron una gran B al lado. "El Padre". "Es que esto era así", se excusaba ella. Lo era entonces y lo sigue siendo ahora en ciertos modelos educativos que siguen apostando por un modelo de familia patriarcal. Han sido, y son, generaciones que han aprendido a ver el mundo desde esa perspectiva. Cambiársela ahora es dificil, pero no imposible. Se consigue en muchos casos y es más fácil, claro, cuando la persona consigue desarrollar un sentido crítico. Cada uno que piense lo que desee y que intente ser lo más feliz posible, respetando a los demás.

domingo, enero 16, 2011

Barco fantasma. El desenlace

Su visión me perturbó y la casualidad, mezclada con insistencia, me ha permitido conocer mejor la historia del que bauticé como barco fantasma, pero que en realidad eran dos. Casualidad porque alguien, sabiendo de mi curiosidad, me envió en la medianoche del jueves este mensaje:
"Guapa, acabo de enterarme de que al barco fantasma ruso que está en el puerto le han levantado el embargo y se van pronto... Por si te interesa, mi marido es Policia Portuario y me lo ha dicho".
Insistencia porque mis llamadas a la Autoridad Portuaria y a la Subdelegación del Gobierno dieron su fruto y confirmaron esta información.
El tercer componente podría ser la buena suerte de trabajar en un medio como Radio Nacional que me permitió contar este desenlace hasta a nivel internacional gracias a Radio Exterior de España. Una noticia, que al día siguiente, aparecería en Huelva Información con unas fotos espectaculares de Alberto Dominguez y el texto de una de las pocas periodistas de Huelva que conoce la historia de estos hombres desde hace 5 años, Rosa Font.
Una mañana conflictiva, llena de tensiones y prisas que, al final, dieron como resultado el sentirme privilegiada, otra vez, por vivir del Periodismo.

La Princesa Rockera

La Princesa Rockera vuela, a esta hora, rumbo a la Gran Manzana. Un sueño, cumplido. Un par de meses a las órdenes de Ban ki Moon. De Écija a New York pasando por una tarde de calor en su piso de paredes moradas. Ella guardaba, como buena rockera y mejor periodista, una botella de vodka en la estantería del salón, unos hielos en el congelador y un bote de zumo de naranja en el frigorífico. Nos lo ofreció y, a cambio, recibió un poco de calma para sus nervios y mucha imaginación para su carta de presentación. Recuerdo que, mientras Isa escribía; yo leía, en un ejemplar retrasado de El País, un artículo de Vargas Llosa, que todavía no era Premio Nobel, sobre Ana Karenina, un libro que yo deseaba leer y que ahora ya descansa en mi mesilla.
Ordenamos las ideas y surgieron otras que mejoraron la carta que ha sido una de las claves de su pasaporte a la ONU. Mientras ellas se afanaban por pulir la traducción al inglés, recorrí los pocos metros de aquel piso de la Puerta Osario donde La Princesa había pasado sus últimos años, antes de este último cambio de vida. Las estanterías a medias hablaban de su pasado más reciente. Un libro de poema de García Montero, una colección de series americanas y hasta unas sandalias hablaban de lo mucho que nos hemos parecido siempre La Princesa y yo con la sutil diferencia de que lo que ella tiene de rockera yo lo tengo de folclórica.
La Princesa y yo nunca estudiamos juntas y jamás hemos compartido redacción, pero nuestra amistad se remonta al principio de los tiempos: Nuestras primeras conversaciones en los pasillos del Parlamento, el Palacio de San Telmo o la Casa Rosa, un Foro Joly en el que compartimos mesa... Pequeños encuentros en los que hablábamos de las bambalinas de la política, de Literatura, de la profesión que compartíamos y de unas vidas personales que se parecían bastante a pesar de sus mil diferencias. A La Princesa le interesaba la Historia de España, sobre todo el período de la Segunda República y la Guerra Civil. Tenía, como siempre ha tenido, un año menos que yo, y lograba sorprenderme cómo abría los ojos y me hablaba de unas historias bélicas que a mi, entonces, no me interesaban en absoluto, pero que en su cara se veía que tenían que ser interesantes. Luego vinieron dos años compartidos con Estatuto de Autonomía incluido y un almuerzo, ya fuera del ruido político, en la calle Zaragoza cuando yo ya no hacía información política.
La Princesa nunca ha dejado de ser una mujer de radio, aunque podría ser lo que le diera la real gana. Opciones no le han faltado, pero ella siempre ha sido fiel a su despertador para los matinales y a sus larguísimas jornadas de sesiones parlamentarias. La Princesa es savia nueva y sabe bien lo que se hace. Tiene las cualidades de la simpatía, de la empatía y de la inteligencia. La Princesa puede compartir baño con Maruja Torres y ducharse con un gorro de vaca de cuernos rojos sin despeinarse y aún quedarle fuerzas para compartir con nosotras una de sus últimas cenas a este lado del océano.
Ahora vuela rumbo a su encuentro con su amigo BanKi que, como la descubra, no la va a dejar volver jamás a González Abreu.

martes, enero 11, 2011

Compartir vida

Hoy es el día nacional de los trasplantes y la casualidad ha querido que, de vuelta del ginecólogo, nos hayamos encontrado con esta preciosa exposición en la Puerta Jerez y la Avenida la Constitución.
Y, de repente, han encajado nuestras esperanzas de dar una nueva vida con las de tantos otros que la dan, sin tener que esperar ningún bebé. Por eso hemos aprovechado nuestra euforia para posar divertidos por unos paneles que nos han encantado y hecho reflexionar.
Y todo hoy, el primer día que he sentido que llevo un niño completamente lleno de vida, al que le hemos visto su cabeza, su cuerpo y sus brazos y piernas que agitan de forma acelerada. En los contactos anteriores con él (yo creo que es un niño, lo voy a decir a boca llena y si luego es una niña, pues la querré todavía más) teníamos que esforzarnos por reconocer una forma humana en algo con forma de alubia a la que le latía un pequeño corazón. Pero hoy hemos visto a un niño, a un auténtico niño. Y eso nos ha emocionado muchísimo.
"Qué fuerte" le hemos repetido varias veces al ginecólogo. Y no ha importado que el ecógrafo no ofreciera una imagen nítida ni en varias dimensiones, la vida ha llenado toda la sala y nos ha dejado un brillo en los ojos que todavía nos dura.
Al pasear entre los paneles de la exposición de donantes y trasplantes hemos descubierto que formas de dar vida y compartirlas hay muchas. Cada una que elija la suya. Yo ya he elegido las dos.

lunes, enero 10, 2011

Barco fantasma

Esta mañana, en el Muelle Sur de Huelva donde hemos conocido el nuevo barco que unirá Huelva con Canarias, nos ha llamado la atención este otro viejo, oxidado y de bandera ucraniana. Ofrecía un aspecto casi fantasmagórico, a pesar de la preciosa luz que nos regalaba el día. Dentro vimos a unos hombres, vestidos con un mono azul.
Dos compañeros nos explicaron que el barco que tanto nos fascinaba había sido noticia hacia unos cinco años. Los hombres que veíamos desde el muelle vivían dentro del barco, en una especie de vacío legal que les condena a no poder abandonarlo.
Traté de imaginar sus vidas, allí retenidos. Los turnos para ir a la ciudad, la carestía de un día a día rodeados de hierro, frío y humedad, la soledad absoluta y masculina... Y sentí una especie de pánico que olvidé después, con el bullicio dentro del barco nuevo lleno de políticos, periodistas y canapés. Un pánico que ha vuelto ahora, al pensar en ellos y en sus incómodos camarotes donde volverán a dormir esta noche igual que en los últimos años, olvidados por la ciudad y por sus medios de comunicación.

domingo, enero 09, 2011

Las navidades pasadas

La que canta es mi abuela Maruja. Y lo que canta es mi villancico preferido desde que tengo memoria. Todas las navidades de mi vida le he pedido que lo cante. Este año lo he hecho dos veces: Primero el día de Fin de Año, con su amiga María Jesús La Alfarera y después ella solita, con la grabadora delante. Es verdad que La Alfarera lo canta mejor y que la voz de mi abuela es débil y quebradiza, pero yo quería guardar este recuerdo como el tesoro que es. Con la intención de lograr aprendérmelo algún día y cantárselo a mis hijos y a mis nietos, como lo ha hecho ella cada navidad.
Y si ésta ha sido especial, lo ha sido por muchas cosas. Entre ellas, porque me costó reprimir las lágrimas cuando comprobé que los Reyes Magos se habían acordado de mi futuro bebé, porque he podido compartir mi tiempo con mi familia y mis amigos y también por lo que muestra el vídeo que sigue: El miedo y la fascinación con los que el pequeño de mis primos hermanos, Manuel Jara, ha vivido la tarde del 5 de Enero. Ojalá se le pase el pánico las navidades futuras.

martes, enero 04, 2011

Ojalá

Ojalá te hagas carne y alma y habites entre nosotros. Ojalá vengas al mundo que te toca en el hogar que te hemos preparado y descubras, más pronto que tarde, que lo importante de tu hogar no son los metros que ocupe, sino las personas que lo forman, que te estamos esperando. Ojalá reconozcas la voz de tu padre entre todas las voces para que, cuando nazcas, prestes atención a todo lo que tiene que enseñarte. Ojalá heredes de él su sonrisa, su paz y su coherencia. Él, que tanto te quiere aunque todavía no hayas nacido, acaricia mi vientre cada día, esperando tu llegada.
Pronto verás que tu hogar tiene ramificaciones a unos 115 kilómetros. Serás afortunado porque tendrás un pueblo, y no todos lo tienen. Allí sentirás la libertad de estar protegido y de ser querido. Ojalá quieras tanto a tus abuelas como yo quiero a la mía. Ellas tienen tantas ganas de cogerte entre sus brazos como nosotros mismos. Te descubrirán las cosas fundamentales de la vida, como hicieron con nosotros. Ojalá heredes de tu tía Palmira su fortaleza y su sentido de la amistad, de tu tía Flor su seguridad y su compromiso y de tu tío Abel su alegría y afabilidad.
Ojalá te guste pasar tu tiempo con el resto de miembros de tu familia: Si tienes suerte descubrirás por ti mismo la apuesta por la vida de tu bisabuela Maruja, las reuniones navideñas, los alborotados días de Reyes, las fiestas del pueblo y, en poco tiempo, formarás parte de los juegos en el paseo de tus tíos-primos más pequeños Rubén y Manuel. Y por si tu familia de verdad se te queda pequeña, tenemos para ti una enorme "familia postiza" a la que te costará diferenciar de la primera porque siempre estarán a tu lado, en todos los momentos. Igual que nuestros amigos y amigas, que también formarán parte importante de tu vida futura.
Ojalá te conviertas en una buena persona. Una persona solidaria y apasionada. Ojalá heredes nuestras virtudes y tengas las tuyas propias, más fuertes que tus defectos. Ojalá te guste disfrutar de la vida, leer, conversar, ir al cine y al teatro, correr, jugar, hacer deporte, cantar, reír a carcajadas, abrazar, comer, dibujar, escribir, viajar, estudiar, pasear, descansar, y cualquier verbo que te haga ser feliz. Ojalá seas feliz. Con eso me conformo. Pero antes de todo, ojalá te hagas carne y alma y habites entre nosotros.