miércoles, diciembre 15, 2010

Morente, Enrique.

Los gitanos lloran como nadie la muerte de sus seres queridos. Los flamencos las lloran como los gitanos. A Morente le lloran los unos y los otros. Y los artistas contemporáneos, y los poetas, y los rockeros, y los poperos, y todo el Albaicín, con Granada adentro.
Todos lloran a Morente porque él merece sus lágrimas. Lo lloran hasta los cronistas que relatan su entierro y dicen "el maestro del jondo", cuando Morente ni siquiera ha sido eso porque ha sido todo lo demás. Por eso se pelean los cantaores, los bailaores y los guitarristas para llevarlo en hombros. Por eso guarda silencio la garganta de las cantaoras, las manos de las palmeras y hasta el tacón de las bailaoras.
Morente era un estafador. Un vendido. Un queo. Una mentira. Una impostura. O no. Morente era un renovador. Un analfabeto que hizo de la cultura, de todas las culturas, su bandera. Que cantaba por Cohen con versos de Lorca y por Graná con música de Los Planetas. Que le canta a Andalucía y a Manhattan como ningún otro artista ha sabido hacer nunca. Sí o sí.
Dicen los gitanos y los flamencos que Camarón le espera en el cielo. Camarón, en el cielo de los mitos por haber sido único y haber muerto joven, y Morente, en el cielo de los genios por haber sido un creador y haber muerto a destiempo, puede que se enzarcen en algún duelo de cantes y junten todos los paraísos.

Estrella Morente canta a su padre en el último homenaje en Granada


3 comentarios:

SANDRA MICHELLE KLEVEN dijo...

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Anónimo dijo...

hay cosas q ademas de ser indescriptibles te dejan sin palabras verdad?

Jose Juan Ramos dijo...

Preciosa la entrada amiga. Yo discrepo en mucho de lo que se está diciendo estos días sobre Morente. Que Dios lo tenga en su gloria y que pase a la historia pero su aportación al flamenco con mayúsculas yo la pondría en cuarentena. No sé, es mi opinión de humilde aficionado.