lunes, noviembre 01, 2010

El paso del tiempo

El tiempo pasa para todo. Hasta para la piedra de este banco sobre la que, una noche de enero, mi pareja dio su primer beso. Y de eso han pasado más de 15 años. Puede que 17. Hoy ha decidido llevarme hasta allí y he sentido cierta tristeza por el paso del tiempo que todo lo devora, hasta este banco de piedra que ha engullido la propia montaña, a pesar de esa sensación de infinitud que todos tenemos cuando damos nuestro primer beso. Un momento que parece que se detiene en el tiempo y del que Grego, en concreto, guarda un recuerdo hasta divertido. Yo, del mío, no pudo decir lo mismo. Por eso me he alegrado que en ese recuerdo guarde también el manotazo que se llevó por tocar tan rápido donde no debía.
Y observando el banco de piedra, y observándolo a él mismo con su barba cerrada, he sentido, como pocas veces, que el tiempo pasa, que no se detiene, y que todo lo engulle. Y justo en mitad de ese pensamento, he tenido una revelación en forma de árbol joven que ha querido nacer justo delante del banco de piedra, como queriendo dejar claro que aquí, antes y ahora, siempre ha sido posible la Vida.

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