lunes, noviembre 08, 2010

Acompañada

Entre el primer y el último cubata de la tarde, Elena ha terminado una de sus reflexiones con "A mí es que lo de la guerra de Irak me llegó muy dentro, no sé". Y, de repente, me he recordado a mí misma, delante de la tele en el piso de la Macarena de una amiga donde, mientras todos hablaban divertidos, yo no podía retirar mis ojos de la tele. En ella, el presidente Bush, desde el Despacho Oval, anunciaba los que todos temíamos: El inicio de una guerra.
Recuerdo que aquella noche dormí en aquella casa más mal que bien y que, al día siguiente, desde el autobús que me llevaba a mi facultad, le escribí un mensaje de móvil a amigos y familiares en el que les decía algo así cómo "Éste es el primer día de la guerra".
Luego llegó todo lo demás: las manifestaciones, aquella ceremonia de los Goya, las muertes ("tan pronto", ha dicho Isa) de Anguita Parrado y de Couso y hasta esa imagen de la estatua de Sadam derrumbándose y que yo vi en una de las televisiones de la redacción de un periódico local donde hacia mis prácticas. El mismo donde me mandaron, como la becaria que era, a cubrir las diferentes protestas callejeras que llevaban a cabo los sevillanos. En una de ésas, a las que yo acudía mitad como cronista mitad como manifestante, me compré una camiseta. Era blanca, de algodón, y me estaba grande. Escrito en el pecho, en pequeño y sobre fondo negro, se leía "No a la guerra". Delante, en rojo y con letras más grandes, "No en mi nombre". Al llegar a la redacción la llevaba todavía puesta y uno de los jefes me pidió que me la quitara.
Todo eso he recordado, de repente, como una luz que deja tras de sí un rastro de dolor. Y lágrimas. Porque recuerdo que, durante los primeros meses, lloré mucho. A mí también la guerra de Irak me llego muy dentro. Por eso, al escucharle a Elena mis propios sentimientos, me he sentido, siete años y varias guerras después, acompañada en mi dolor.
"Puede que fuera por la edad", ha dicho ella. Puede. Porque nos cogiera en un momento de conformación de la personalidad, de elección de valores, de composición de la ideología. O puede que no. Puede que es que, simplemente, fuéramos humanas. Igual que ahora. Igual que siempre mientras nos dure la conciencia y el compromiso por la Paz.

1 comentario:

Isa dijo...

Yo también recuerdo cómo me enteré. José Ramón de la Morena dio paso a Carlos Llamas y su equipo. "Todos vestidos de negro, todos de luto". Que no se nos olviden los muertos, la injusticia, la mentira. Que no se nos olviden, Paloma. Jamás.