lunes, octubre 11, 2010

Octubre y migas

Mi suegra hace las migas como nadie. Jugosas y con mucha patata. Lo de las migas es un auténtico mundo. En cada pueblo, tienen una receta. Las migas de Las Cefiñas, que es la aldea de mi familia política, son especialmente deliciosas y yo las devoro, sin acordarme nunca de lo mucho que duele después el estómago. Esta vez, después de comerlas, con melón de postre, decidimos dar un paseo por un camino que rodea la aldea.
Las migan piden agua, dicen todos.
Pues qué mejor que beberla de una fuente de 1927.
Ésta es "La Fuente Vieja", encalada y con un punto decadente, que ha sido piscina, abrevadero o lavadero, según las necesidades de estas gentes.
Una fuente tan rica que su agua va a parar directamente a la tierra.
Y por este húmedo camino anduvimos, rodeando la aldea.
Y al paso nos salieron vecinos,
caracoles,
aceitunas,
faltas de ortografía,
y la belleza misma de esta aldeíta, que yo ya siento casi mía, como si fuera la parte que me toca de un herencia emocional que va a dejarme mi señora suegra, que es cefiñera hasta no poder más. En lo espabilada y lo lista.

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