jueves, octubre 21, 2010

El vino y el amor

El señor Lagares me ha dado una clase magistral sobre el vino, que para él es como el amor. Dice que solo el tiempo, cuando lo fermenta, posibilita que el vino (y el amor) se hagan posible. Que se quede lo bueno, lo exquisito y que se decante lo malo, se vaya al fondo y se elimine. Eso dice el señor Lagares, que me ha invitado a varias copas de vino del Condado, una de blanco y unas cuantas más de un oloroso sabrosísimo que dice que es su preferido.
El señor Lagares es un señor, en toda regla. De esos que bebe como ríe. Que habla de forma alegre, casi chistosa. Que en dos frases se ventila varios misterios de laboratorio, moviendo sus manos y los músculos de su cara. Asegura que esto del vino le encanta, que él mismo se encarga de sus propias uvas y sus propios vinos durante los fines de semana, que es cuando puede liberarse de sus obligaciones como Presidente de la Cooperativa Vinícola del Condado, la mayor de Andalucía.
El señor Lagares ha tenido otra gran pasión que ha ido compaginando con el vino: la del sindicalismo. Y durante años ha llevado la bandera de Comisiones Obreras por toda la provincia de Huelva. El señor Lagares y yo no nos conocíamos hasta hoy, pero nos hemos hecho grandes amigos porque hemos reído juntos, hemos compartido un par de copas de vino y nos hemos descubierto, con nuestras pasiones compartidas.
Y el señor Lagares ha puesto un compromiso sobre la mesa: Que vaya con mis amigos al templo del vino y a la sacristía, en Bollullos, porque allí me estarán esperando los mejores caldos del mundo. Así, él pondrá el vino y yo llevaré el amor.

1 comentario:

Roberto dijo...

¡Qué grande es mi Paloma cuando es grande!